EE.UU. apoya las negociaciones para acordar con el Club de París

El gobierno norteamericano espera que el país llegue a un acuerdo para pagar los casi US$ 10.000 millones en default; votaría a favor de nuevos créditos para la Argentina
Silvia Pisani
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10 de febrero de 2014  

WASHINGTON.- Todavía es "muy pronto". Pero el gobierno de Barack Obama respalda activamente las tratativas y mantiene una puerta abierta a la posibilidad de que la Argentina llegue a un acuerdo por la deuda de cerca de 10.000 millones de dólares que mantiene con el Club de París.

Considera, además, que ese paso es "indispensable" para modificar algunas de sus políticas hacia el país, entre ellas su oposición a avalar créditos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Banco Mundial (BM).

"La única forma en que se alcanzará una modificación de esa conducta será con un acuerdo con el Club de París ", afirmaron a LA NACION fuentes que siguen de cerca la relación bilateral.

Hace dos años que Washington empezó a oponerse a aprobar esos créditos, que constituyen hoy la única fuente de financiamiento externo para la Argentina.

En un principio, el gobierno de Cristina Kirchner deslizó que la cuestión no era prioritaria. En el BID, por caso, el voto negativo nunca llegó a bloquear los préstamos.

Pero en los últimos meses la sensación se fue agravando. "¡Macana que no nos importa!", fue la gráfica expresión escuchada de boca de un funcionario argentino.

A diferencia de lo que ocurre con otros temas de agenda económica entre Estados Unidos y la Argentina, que corresponden al Departamento del Tesoro, la deuda con el Club de París es competencia directa del Departamento de Estado.

Washington no figura entre los principales acreedores de la Argentina en ese club de países acreedores. La deuda que espera cobrar es de cerca de US$ 1000 millones.

"No hay duda de que ha pasado demasiado tiempo. Y si bien es muy temprano aún para decir adónde lleva todo esto, el hecho de que la Argentina haya delineado un plan de pago es un paso positivo", sostuvo esta semana el aspirante a embajador en Buenos Aires Noah Mamet en su tensa evaluación en el Capitolio.

Más allá de la suerte que tenga su aspiración de convertirse en embajador -eso aún está por verse-, los argumentos que presentó son los que hoy tiene el gobierno norteamericano.

En la misma ocasión quedó claro el matiz que puso Washington entre la deuda que existe con el Club de París y la que el país mantiene con bonistas que lo demandaron ante los tribunales.

En el primero de los casos saludaron la "delineación" de un plan de pagos. En el segundo, en cambio, quedó claro que no se abre juicio sobre solución alguna. Sólo se apunta la necesidad de que se llegue a buen puerto, sin indicar cuál (ver recuadro aparte).

Es que, más allá de los argumentos jurídicos, en lo operativo la deuda con los bonistas representa una dificultad concreta para el gobierno norteamericano.

Hoy hay acreedores norteamericanos en el frente de los holdouts , que demandaron al país tras no canjear sus papeles. Pero también los hay entre los tenedores de bonos reestructurados, que sí aceptaron las ofertas de 2005 y 2010.

Ante ese panorama, hoy no es fácil apoyar el reclamo de unos sin perjudicar el de los otros. Y viceversa. Un argumento que, dicho sea de paso, la embajadora argentina en Washington, Cecilia Nahón, se encarga de repetir en sus frecuentes visitas al Departamento de Estado.

Una deuda de larga data

Pasivo millonario

Desde el default de 2001, la Argentina mantiene una deuda de casi 10.000 millones de dólares con algunos de los países más poderosos del mundo reunidos en el Club de París.

Nuevo intento

Ahora, el ex ministro Hernán Lorenzino conduce negociaciones para acordar con esos acreedores.

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