El arte y la ciencia unidos en función del cambio

Andrés González
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12 de abril de 2015  

Ya comprobamos que las empresas que logran adaptarse rápido al cambio son las más exitosas. Tras dedicar 20 vertiginosos años a acompañar clientes en sus procesos de cambio en todo tipo de contextos y geografías, he llegado a algunas conclusiones relevantes:

  • La gestión del cambio -entendida como un rol- es y será siempre un arte, y como tal demanda habilidad y pasión en sus artesanos organizacionales. El rol protagónico de los líderes es irreemplazable para diseñar, dar la forma, el ritmo, la dirección, los recursos y transmitir la energía al resto de la organización para crear la obra del cambio.
  • La gestión del cambio -como disciplina- acelera hacia la ciencia. Si se aprovechan las nuevas tecnologías, es posible medir, predecir, pronosticar y anticipar los impactos del cambio a través de indicadores, el uso de analytics o encuestas en tiempo real que aceleran y maximizan los resultados de los cambios.
  • El cambio en sí mismo -y como su naturaleza lo indica- no ha dejado de cambiar y hoy más que nunca nos enfrentamos a un nuevo paradigma del cambio.

Para poder gestionarlo, es clave primero entenderlo. En los 90 coexistían dos generaciones en la organización: los baby boomers (más habituados a tomar decisiones) y la generación X (buenos ejecutores de esas decisiones). Hoy, además, se suman dos más: la generación Y (independientes y volátiles) y la generación Z (nativos digitales). Esta diversidad generacional es un desafío más complejo, pero si se capitaliza, expande el abanico de oportunidades de generar valor. A esta variedad hay que sumar la riqueza de la diversidad cultural actual, de personalidad, de habilidades y conocimientos, y sobre todo, la diversidad de género.

En el pasado, los cambios se centraban en la organización. Hoy se suman las "audiencias externas" (clientes, proveedores, sindicatos, entidades gubernamentales y la sociedad), que en muchos casos pueden determinar "en 140 caracteres" el éxito o no de un proyecto de cambio.

La velocidad y la forma del cambio tienen otra dimensión. Ahora, las organizaciones se mueven al ritmo de múltiples proyectos, coordinados, que deben dialogar y generar sinergias. Ya no se organizan piramidalmente todos detrás de "un único gran cambio", sino como células neuronales dinámicas e interconectadas en red, que agilizan la "sinapsis" y demanda de los trabajadores de hoy un ADN distinto, un ADN de cambio permanente.

Hoy los cambios ocurren en todas las direcciones ¡simultáneamente! Se gestan tanto en la cúpula como en la base de la pirámide. Se ejecutan con equipos interáreas o con herramientas múltiples. Se orientan tanto a mejoras "para hacer mejor lo que hacemos" como también a innovaciones "para hacer algo nuevo que hoy no hacemos". Queda claro, el cambio ha cambiado? ¡Y seguirá cambiando!

Mientras escribo estas líneas pienso si estamos preparados para afrontar el ritmo del cambio actual, y me quedo tranquilo. Si somos capaces de formar artesanos apasionados y diversos, y les damos las herramientas que nos acercan a la ciencia, conseguiremos no sólo adaptarnos con éxito a este nuevo cambio del cambio, sino también potenciarlo.

El autor es director de consultoría en Talento y Cambio Organizacional de Accenture

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