
El caminante que se animó a dar el primer paso
Walker significa, en inglés, caminante. A esta historia, la del whisky escocés, le cabe una acepción más: Walker es el apellido del hombre que despachaba mezclas en un pequeño almacén de víveres que abrió sus puertas en 1820, en el poblado de Kilmarnock.
Los blends de John Walker se ganaron el reconocimiento de los consumidores más exigentes, porque llegaba a su paladar como algo más que una suma de partes. Con una particular destreza, el mezclador buscaba el balance perfecto de aromas y sabores, para posicionarse a la vanguardia en un mercado en expansión. El nombre del fundador quedó inmortalizado en la marca que continuó como una tradición familiar. Alexander, su hijo, fue el primer heredero de su arte al mezclar. En 1867 creó el Old Highland Whisky, mezcla precursora del Johnnie Walker Black Label, el whisky de lujo más reconocido.
La siguiente generación dotó a la bebida de la figura del caminante. En este ícono, los nietos del hombre que inició el sendero unieron los dos significados del término en un homenaje: el espíritu pionero de Johnnie Walker se plasmó en la etiqueta con la silueta de un hombre en marcha.
Ya entrado el siglo XX, la marca incorporó dos bebidas al mercado mundial: Red Label y Black Label. El primero es, en la actualidad, el whisky blend más consumido en el mundo; el segundo, el más premiado en su categoría. Pero antes, en 1920, ya llenaban vasos en 120 países.
El centenario motivó un nuevo recuerdo al fundador. Sir Alexander Walker dedicó a su abuelo el Gold Label, de sabor meloso y frutado. Mientras la marca camina hacia el bicentenario, más de siete millones de barricas maduran año tras año en las destilerías bajo el cuidado del maestro mezclador Jim Beveridge. La impronta de John Walker continúa presente a través de los estándares de calidad que impuso a principios del siglo XIX. Seguir ese mandato implica una finísima selección de barricas -una cada 10.000- para formar los blends. La última etiqueta en incorporarse a esta familia creada por una familia fue el Johnnie Walker Blue Label, en 1992.
Nombre propio y caminante, Johnnie Walker instauró en la marca una filosofía de progreso, condensado por sus sucesores en el eslogan " Keep walking ".




