
El CEMA, academia y política
El centro de estudios del que proviene el actual equipo económico acredita una historia en la que se mezclan las relaciones políticas, empresariales y el papel de los técnicos; Domingo Cavallo fue tentado para integrarlo pero prefirió rechazar el convite.
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"El CEMA no está en el Gobierno, ni hubo un aproach para que ponga un ministro". Carlos Rodríguez, jefe de asesores del Ministerio de Economía y rector de aquel instituto, se apura a aventar así cualquier comparación con sus pares de la Fundación Mediterránea, la task force de Domingo Cavallo, cuyo objetivo explícito fue siempre protagonizar un desembarco masivo en el centro del poder.
Sin embargo, ni él ni ninguno de sus fundadores niegan que, desde la misma creación del Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina, en 1978, coexistieron dos fuerzas en su seno: los que apuntaban a constituir una entidad educativa que contribuyera a elevar el nivel de los economistas argentinos, y los que se planteaban producir investigaciones sobre problemas concretos de la Argentina, para después llevarlas a la práctica.
Lo cierto es que la historia de la institución que fue base de lanzamiento de Roque Fernández y buena parte de su equipo al centro de la escena no está exenta de relaciones cruzadas entre el poder empresarial y la política.
A fines de 1976, el empresario bodeguero Domingo Catena (Bodegas Esmeralda, Escorihuela, entre otras) y Pedro Pou tenían muchos puntos de contacto. El actual presidente del Banco Central ya estaba casado con una prima hermana de Catena (además es primo de Eduardo Bauzá, pero esa relación cobraría relevancia años más tarde), los dos habían regresado luego de graduarse en los Estados Unidos (en Chicago y en Nueva York, respectivamente), y Pou se había empleado como asesor financiero en una de las bodegas del grupo. Alejados de la vida académica, ambos compartían la idea de formar un centro de enseñanza e investigaciones económicas.
Desde el principio estuvo claro el papel de cada uno: Pou sería el académico y Catena buscaría entre el mundo empresarial los aportes necesarios para solventar el proyecto.
El grupo vitivinícola fue el principal sostén, pero contó con importantes aportes de Bunge & Born, el Banco de Boston, el fallecido Ricardo Zinn y otras diez empresas, que se agruparon en la Fundación País. Al principio, cada uno de ellos aportaba unos U$S30.000 por mes. Hoy son cinco miembros: Catena, B&B, el Boston, Cargill y el Banco Crédito Argentino. Según recuerda hoy Catena, fue fundamental el apoyo de Mario Hirsch, por entonces cabeza del holding Bunge & Born:él designó a dos de sus principales ejecutivos, Miguel Roig y Orlando Ferreres, para que se integraran al proyecto.
Pou, Ferreres y Martín Lagos firmaron, en julio de 1978, el acta constitutiva del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (CEMA). La idea fue, entonces, contratar a varios economistas de prestigio que estuvieran trabajando en el exterior para integrar el staff del Centro. Roque Fernández, recién egresado de la Universidad de Chicago y con una prominente carrera en el FMI, en Washington, fue el primero en aceptar el convite. Por su intermedio contactaron a Carlos Rodríguez, que tenía una cátedra vitalicia en la Universidad de Columbia, y a Guillermo Calvo, que finalmente rechazó la oferta.
Cavallo no quiso
También fue consultado para sumarse a la nómina otro joven economista cordobés doctorado en Harvard. Pero Domingo Cavallo rechazó el convite, aduciendo que ya tenía una oferta de empresarios de Córdoba, lo que sería la génesis de la Fundación Mediterránea. "Algún día vamos a hacer algo juntos", fue la respuesta de Cavallo, según recuerda Catena. El empresario mendocino prestó una antigua casona en Belgrano R, donde el instituto funcionó hasta hace dos años. La primera discusión llegaría a los pocos años, al incorporar la carrera de Dirección de Empresas. Carlos Rodríguez no estaba muy convencido. "Siempre decía que a él no le gustaba usar saco y corbata", ironiza hoy Ferreres.
"La idea era que la economía dejara de ser una cuestión de iluminados con patente para que, de ahí en más, todo el que hablara se viera obligado a fundamentar su posición", acota el consultor.
Hoy el CEMAtiene 700 alumnos en las cinco áreas de posgrado, que pagan una matrícula de entre 11.800 y 14.000 dólares por los dos años del curso, lo que permite al Centro autofinanciarse. Desde 1995 funciona en su propia sede, en Córdoba al 600, y en marzo se mudará a un nuevo edificio, tres cuadras más abajo.
La mayoría de sus principales figuras pasaron por la famosa Universidad de Chicago, y no sólo no les molesta sino que reivindican para sí el mote de "Chicago Boys", con el que se suele recordar al equipo que acompañó al ex ministro José Alfredo Martínez de Hoz. "El único economista serio de ellos fue Adolfo Diz", expresan.
Contactos políticos
El primer contacto con el poder político lo tuvo Pou, en 1980, cuando fue ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires en la gobernación de Jorge Aguado.
Pero el acercamiento definitivo llegaría en 1989, cuando Roig y Ferreres (con el visto bueno de Catena) lo convocaron a Roque Fernández como asesor de organismos financieros internacionales. De allí saltó al Banco Central, y el resto es historia reciente.
Desde hace algún tiempo, Pou estaba dedicado a las bodegas: junto a un primo de Catena desarrollaron la marca Navarro Correas.En una inversión de la historia, retornaría directamente a la vicepresidencia del Central, convocado por Fernández.
Roces
Como en todas las profesiones, las relaciones entre los integrantes del instituto no siempre fueron del todo cordiales. "Es inevitable que aparezca la competencia, pero siempre sin perder el respeto por el otro", analiza uno de los fundadores.
Cuando ya era un hecho la caída de Cavallo, Rodríguez y Calvo (que finalmente había aceptado contratos part time con el CEMA) estuvieron entre los "ministeriables".
"Yo nunca quise el puesto de ministro. Mi lugar ideal es el que tengo (jefe de asesores) porque me permite seguir en la parte académica y decir lo que quiero. Mi habilidad natural es decir exactamente lo que pienso en el momento, y cuando uno está en el Gobierno no puede hacerlo", aseguró Rodríguez a La Nación.
En ese punto se mezclaron la familia y la política: el senador Bauzá, principal consejero de Carlos Menem ante la crisis, consultó a su primo (Pou, entonces vicepresidente del BCRA) sobre la conveniencia de nombrar a Roque.
"Al final logramos los dos objetivos: el académico y el político, interactuando y dándonos apoyo mutuo", destaca Rodríguez.
Pou: un buscador de talentos que terminó siendo convocado
Recato: muchos desconocen que fue el verdadero impulsor del CEMA, donde aglutinó a figuras que hoy lo superan en protagonismo; primo del senador Bauzá, se considera un orgulloso "Chicago boy".
Ingeniero agrónomo y doctor en economía, a los 54 años, la historia del mendocino Pedro Pou parece demostrar que en la familia (aun la política) puede obtenerse un buen respaldo para sustentar los más preciados objetivos.
Después de todo, fue Domingo Catena, el primo de su esposa, su mejor aliado cuando, apenas regresado de su posgrado en Chicago, se planteó la idea de generar un centro de estudios que introdujera "elementos de racionalidad" en el tratamiento de los problemas económicos argentinos.
Y aún hoy, su primo Eduardo Bauzá puede significarle un apoyo importante en su carrera en la función pública, por más que los contactos del ex secretario general de la Presidencia con Menem se han hecho esporádicos desde que el senador reconoció coincidencias con el duhaldismo.
Pero, más allá de los parentescos, lo cierto es que Pou se ha impuesto por "prepotencia de trabajo", una característica que le es unánimemente reconocida por sus pares y aun por sus críticos.
Y que, tal vez, eso no sea más que un estricto acto de justicia para con quien se declara un "orgulloso Chicago boy, porque en esa universidad entonces se discutía la organización económica y la racionalidad política. Seguramente no había gente muy brillante capaz de discutir la tercera, derivada de un problema, como ahora, pero se estaba muy en contacto con la realidad", recuerda.
Después de todo fue el impulsor intelectual del CEMA, hoy convertido en "inferiores" del Ministerio de Economía.
También quien, cuando se acercaban los años ochenta, comenzó a ponerse en contacto con los colegas que estaban esparcidos por el mundo (Fernández, Rodríguez y vanamente Guillermo Calvo, entre otros) para repatriarlos y convencerlos de traer la mirada de la Universidad que les había sido común, para observar las dificultades argentinas.
Sin embargo, no parece tener problemas con las gambetas que le hizo su historia personal, las que acaso no le permitieron estar en el momento adecuado en el lugar adecuado.
Como cuando el ingeniero Miguel Roig, primer ministro de Economía de Menem, fue a buscar al CEMA colaboradores para su tarea y, tal vez ante su ausencia, decidiera llevarse a Roque Fernández, que siguió en la función pública hasta llegar al principal sillón del Palacio de Hacienda.
Pero Pou, haciendo una fe del pragmatismo, sigue creyendo que "lo más importante es mirar el resultado. Si es bueno, a uno tiene que dejarlo satisfecho, más allá de lo que los comentarios digan sobre su grado de participación".
Y desmiente ser, como algunos señalan, el verdadero cerebro del equipo económico. "Tengo suficientes líos acá como para andar metiéndome en los líos de otro", señala con la frescura del decir provinciano que no ha perdido.




