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Algo no salió bien

El chico pobre que se hizo millonario gracias al juego, pero lo perdió todo

Carlos Manzoni
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17 de septiembre de 2019  • 17:42

El joven de 15 años lanza su bolita. Si acierta el tiro, come; si no, no. Eran mediados de los años 60 y el griego Anargyros Karabourniotis se las rebuscaba de este modo para poder sobrevivir en la calle, sin soñar siquiera con que algún día se haría millonario y volvería a perderlo todo, justamente, de la mano del juego y del azar.

Anargyros, que luego sería conocido como Archie Karas o simplemente "El griego", nació el 1° de noviembre de 1950, en la pequeña aldea rural de Antypata, en la isla griega de Cefalonia. Se crió en un ambiente totalmente hostil, en la extrema pobreza y con constantes maltratos por parte de su padre.

Desde muy pequeño, el papá lo llevaba de ayudante en sus trabajos de albañilería. Pero un día, cuando ya tenía 15 años, Archie se quejó de que eso le estaba destrozando las manos, por lo que el padre se enfureció y le arrojó una pala por la cabeza. El golpe no llegó a destino, pero eso bastó para que el joven abandonara su casa para siempre y nunca más viera a su padre, que murió cuatro años después.

Sin una dracma en el bolsillo, sin hogar y sin trabajo, terminó jugando a las bolitas por dinero, para poder comer. Con 17 años cumplidos, consiguió trabajo como camarero en un barco. Dos años después, luego de pasar por varios puertos, llegó a Portland, Estados Unidos, y decidió quedarse a vivir ahí, pese a que no hablaba una sola palabra en inglés.

Columna Algo no salió bien, en Lo que el día se llevó

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Anduvo a los tumbos un tiempo, hasta que recaló en Los Ángeles. Consiguió un empleo como mozo en un restaurante, que tenía al lado una sala de billar. No tardó mucho en convertirse en un experto del billar, con lo que empezó a ganar más dinero ahí que como mozo. Pero un día descubrió algo que le cambiaría la vida: en la trastienda de la sala de billar había una sala clandestina de poker.

Se reveló como un fantástico jugador, empezó a ganar dinero día tras día y amasó unos US$2 millones; pero lo que ganaba en el poker, lo perdía en apuestas alocadas en los dados y la ruleta. Un día era millonario y al otro, pobre. Cuando le preguntaron por qué arriesgaba así, él contestó: "El dinero no significa nada para mí, no le doy ningún valor. Tengo todo las cosas materiales que deseo, pero lo que busco es lo que no se puede comprar con dinero: salud, libertad, amor y felicidad. No tengo miedo de perder dinero, no me importa".

Lo cierto es que los 40 años, lo encontraron a Archie Karas nuevamente en la ruina. Pero él no estaba dispuesto a rendirse, así que se metió en el bolsillo sus últimos US$50 y viajó a Las Vegas para volver a intentar un milagro. Lo primero que hizo fue pedir prestado US$10.000 a un jugador amigo, con eso se sentó en una mesa de poker y en pocas horas ganó 30.000; le dio US$20.000 a su amigo (con lo que devolvía el préstamo y sobrados intereses) y se quedó con US$10.000.

La suerte pronto volvió a sonreírle, porque entre juego y juego conoció a un famoso empresario aficionado al poker (del que nunca quiso revelar el nombre). Empezaron a disputar alocadas partidas, prácticamente sin levantarse de las mesas, y en poco tiempo, "El griego" acumuló más de US$4 millones.

Al observar eso, los más grandes jugadores profesionales que frecuentaban los casinos de Las Vegas vieron la oportunidad de conseguir dinero fácil y lo desafiaron, pero él los venció a todos individualmente e incluso les ganó también cuando armaron asociaciones con el solo fin de desplumarlo.

Archie Karas, en el casino
Archie Karas, en el casino

Según consigna el sitio Pokernews, el primero de estos grandes jugadores fue Stu Ungar, tres veces campeón de la Serie Mundial de Póker (WSOP), que terminó perdiendo US$1.200.000 jugando a Razz y 7-card stud. El segundo fue Chip Reese, quien perdió US$2.200.000. Los siguientes fueron Doyle Brunson y Johnny Moss, dos leyendas considerados entre los mejores del juego, que también mordieron el polvo. El último en enfrentarlo, sin éxito, fue Puggy Pearson.

De este modo, "El griego" logró lo que se conoció como "The Run", la mayor racha ganadora en la historia de los casinos. Tal como se cuenta en página web Maestros del Poker, el invencible Archie Karas ya no encontraba rivales que quisieran retarlo, porque su agresividad y los limites de apuestas cada vez más altos incomodaban al resto de jugadores y los sacaban de su zona de confort. "Su absoluto desprecio por el dinero hacía el resto", se agrega en el sitio mencionado.

Pero aún faltaba algo más: ante la ausencia de desafiantes, fue a otro casino a jugar a los dados, volvió a ganar y embolsó ganancias totales por US$40 millones. Archie Karas, el chico pobre que jugaba a las bolitas para poder comer, se había transformado en leyenda, era considerado invencible y atesoraba en su caja fuerte una fortuna. Estaba en su mejor momento. Tocando el cielo con las manos. Pero... siempre hay un "pincelazo" que da vuelta la taba.

Un día de 1995 la suerte le empezó a ser esquiva: perdió una, dos, tres veces. y más. En solo tres semanas se le fueron de las manos US$13 millones con los dados y el póker. Decidió cambiar de estrategia y se corrió a las mesas de baccarat, donde quemó otros US$17 millones. Volvió a Grecia tratando de resguardar los US$10 millones que le quedaban, pero no podía vivir sin el juego, así que regresó a Las Vegas y lo perdió todo a los dados. Años después, fue arrestado varias veces por hacer trampa con cartas marcadas en el Black Jack.

"Muchas veces le han preguntado si se arrepiente de haber dilapidado su dinero, y él siempre dice que solo se arrepiente de no haber esperado con sus últimos US$10 millones al boom del poker que surgió con el efecto Moneymaker, juego que era su pasión", se comenta en Maestros del Poker.

Es que para Anargyros Karabourniotis, Archie Karas o "El griego", aquel pequeño que sobrevivía en las calles de su aldea natal, gracias a su habilidad para jugar a las bolitas, la vida nunca dejó de ser un juego, que a veces conduce a la gloria, y otras, a la ruina.

* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (martes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.

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