
El defensor de la desregulación telefónica
El secretario de Comunicaciones comenzó a sentir en carne propia las presiones empresariales y políticas por llevar adelante el programa de apertura del sector
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Henoch Domingo Aguiar se enteró de que iba a ser el secretario de Comunicaciones cinco días antes de que asumiera De la Rúa, cuando medios de comunicación y organigramas casi oficiales daban por sentado que el puesto ya era de otro. Pero esta sorpresa no se debió a que la Alianza desconociera su trayectoria (de hecho, era uno de los referentes más claros del sector y fue el responsable de escribir los papers sobre telecomunicaciones y radiodifusión para la campaña), sino a la interna entre el ala más conservadora del radicalismo y el entorno más joven del Presidente, situación que pareció agravarse este último mes con el diseño de la apertura telefónica.
"Henoch posee una gran honestidad intelectual. Siempre predicó en favor de la desregulación, es una cuestión de principios para él, y las empresas lo saben. Las telefónicas chillan porque ya no tienen el poder de veto que tenían antes, cuando eran consultadas previo a cada resolución que sacaba el Gobierno", dice un empresario del sector.
No es habitual que un secretario alcance tanta notoriedad, pero Aguiar maneja uno de los sectores más dinámicos, que factura el equivalente al 4% del PBI y es probablemente uno de los pocos polos generadores de inversiones en los próximos años.
"Es un joven muy impetuoso", dijo Nicolás Gallo, ministro de Infraestructura, de quien depende la Secretaría de Comunicaciones. "Sólo respondo instrucciones del Presidente", no se cansa de repetir Aguiar.
"Fue el día más difícil de mi vida", confesaría el joven funcionario a sus íntimos, luego de la famosa reunión del 10 de junio en la que le presentó a De la Rúa los nuevos reglamentos del sector telefónico, para que el Presidente los firmara antes de viajar a EE.UU. El modelo de apertura fue objetado por Gallo, y junto con la firma de una instrucción presidencial para que los ministerios de Economía y de Infraestructura revisaran la letra chica comenzaron a crecer las versiones de que la próxima cabeza en rodar sería la de Aguiar. Pero se mantiene, y luego de esos estudios y de la reescritura de algunos puntos formales el marco regulatorio ya fue elevado para que lo firme De la Rúa.
Aguiar tiene 45 años; es el tercer hermano (y el único varón) de una tradicional familia cordobesa. Su madre es Miriam Gaviola, y sus hermanas, Katri, Elina y Ruth. La ocupación de diplomático de su padre, Horacio, hizo que viviera 17 años fuera de la Argentina. Roma, Montevideo, París y Bruselas fueron los paisajes en ese lapso. Se recibió de abogado, a los 20 años, en la Universidad de Grenoble (Francia), y luego realizó el posgrado en Economía y Finanzas en el prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París.
Su carrera laboral comenzó como controller de gestión de Peugeot, empresa a la que siguió vinculado cuando volvió al país, en 1982. "El impacto fue muy fuerte, porque yo venía de la libertad a un país totalmente silenciado", recuerda hoy. En Buenos Aires realizó el máster en Dirección de Empresas del IAE, de la Universidad Austral. En 1983 ganó su primer concurso como ayudante en la cátedra de Derecho Político de la UBA. Como profesor titular, los miércoles y los jueves, de 20 a 24, da clases de legislación comparada de la comunicación y de derecho de la información, en la UBA.
Su estudio representó a la mayoría de las empresas de telecomunicaciones del país, lo que le ganó una denuncia por incompatibilidad con su actual función pública. "He sido el especialista en telecomunicaciones más requerido en los últimos tiempos", dice Aguiar; "si todos me consultaron es porque mi opinión es independiente", agrega en su descargo.
Entre sus clientes más notorios estuvieron las norteamericanas Comsat y Bell South (operadora de Movicom), pero también Telefónica y Telecom. En la presentación que realizó ante la Oficina Anticorrupción también figuran CTI, del grupo Clarín, y la norteamericana GTE e Impsat, del grupo Pescarmona. "Pero durante el año anterior a mi nombramiento no he gerenciado, ni dirigido, ni patrocinado, ni representado a ninguna empresa, limitándome a la tarea de consultor independiente", dice Aguiar.
"Henoch es un intelectual de las telecomunicaciones, es el hombre mejor preparado para ocupar su puesto. Pero no proviene de la política, y está empezando a sufrir en carne propia lo que es la rosca", dice un viejo lobo de mar del sector. Hubo muchos que creyeron (o apostaron) a que Aguiar no duraría demasiado en su cargo, presionado por el poder de las telefónicas y por las mismas internas del Gobierno. Según un ejecutivo de una importante empresa, muy acostumbrado a trajinar los despachos oficiales, "es un técnico en el mejor sentido de la palabra, un funcionario que no encaja en la forma de hacer política de este país".
Aunque en el sector es conocido políticamente como filorradical, los militantes tradicionales pueden considerarlo un recién llegado. Se afilió a la UCR al día siguiente de la derrota electoral de octubre de 1987. "Me costó encontrar un comité abierto. Me dijeron, ¿pero vos estás loco? ¿Cómo te vas a afiliar hoy, después de que perdimos?", recuerda. "Es muy fácil subirse al carro del vencedor", responde él. Esta no es la primera vez que Aguiar conoce la función pública. Fue asesor del gobierno radical en 1987, y en 1994 integró el único (hasta hoy) directorio elegido por concurso de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (actual CNC). Ese cuerpo, que integraba junto con Carlos Killian, Isaac Rubén Salmún, Roberto Dor y Héctor Carril, fue intervenido y desplazado por el ministro Domingo Cavallo porque se opuso al rebalanceo de las tarifas telefónicas que el gobierno de Carlos Menem quería imponer en 1994. Ellos dejaron sus cargos, pero hicieron pública su posición y tuvieron cierta revancha: la reestructuración tarifaria sólo se aprobó en febrero de 1997 (cuando Cavallo ya era un recuerdo en el Ministerio de Economía) y con un esquema bastante diferente del original.
Conocido por sus dotes para la oratoria, Aguiar es de esos que, como dicen en el campo, si lo dejan hablar no lo degüellan. "Henoch es básicamente un gran vendedor de sí mismo, y como es muy sólido intelectualmente, puede hablar una hora o dos de lo que le pidan", describe un ex funcionario de la Secretaría de Comunicaciones.
Toca la guitarra clásica, le gusta esquiar durante las vacaciones y es nadador de aguas abiertas. Apasionado por la velocidad, tiene un Alfa Romeo modelo 97 azul. Puesto a escoger, prefiere los cuentos cortos de Hemingway, Borges, todo Federico García Lorca y los escritos del pensador francés Raymond Aron.
Sus colaboradores sufren su obsesión para el trabajo: los horarios en la secretaría suelen extenderse hasta las 23. Es habitual que imponga a su equipo el ritmo de un hombre soltero, sin hijos ni mascotas, y los convoque para reuniones de trabajo los sábados y domingos. Su gran ambición es diseñar una nueva ley de radiodifusión, además, que no es poco, de quedar como el hombre que abrió el mercado de las telecomunicaciones en la Argentina.
Confía que su nombre le otorgue la resistencia necesaria. En la Biblia, Henoch era el padre de Matusalén y "tiene que ser muy duro el padre del hombre que vivió más de 900 años", se ríe Aguiar.





