
El desafío de tener una industria competitiva
Eduardo Luis Fracchia Para LA NACION
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Bienvenida la iniciativa del Gobierno de mirar a largo plazo y en particular esta vez poniendo los ojos sobre un núcleo fundamental del sistema productivo, la industria. Algunas reflexiones que introduzcan una cuestión que sabremos generará mucha discusión.
Para tomar perspectiva presenciamos a nivel mundial cambios importantes en la actividad manufacturera. La aparición de nuevas tecnologías digitales que permiten la codificación interfaz entre diversos procesos industriales ha impulsado la deslocalización como una expresión fundamental de la globalización.
Con respecto al caso argentino durante la democracia, el sector de la agricultura, en particular el complejo oleaginoso, fue más exitoso que el industrial. Se ha innovado y se ha reinventado una actividad que es la más competitiva del país.
Es positivo que se haya superado en cierto grado la tensión histórica campo- industria. Se ven sinergias entre ellos. También el debate entre agroindustria y manufactura no tradicional quedó. Pudimos hacer caramelos y acero...
En primer lugar veamos cómo está la foto. Los nuevos liderazgos sectoriales emergentes de los 90 no se han modificado en el país. Se echan en falta en nuestra estructura industrial actual ramas de frontera tecnológica, como son la microelectrónica y la biotecnología. Las plantas industriales del modelo productivo son esencialmente las mismas del final del menemismo. Se ha hecho relativamente poca inversión industrial de escala en nuevas unidades. Las pymes fueron más dinámicas en la década que pasó.
La participación de la industria en el PBI es francamente decreciente desde el pico de 1975 con 25 %. Es éste un fenómeno mundial asociado a que la industria en los países de cierto PBI per cápita destruye puestos de trabajo directos. Lo esperable para 2020 es que la industria argentina tenga menos gente empleada. Otras afirmaciones pueden ser voluntaristas si se pretende crecer con productividad.
Hay muchos sectores industriales en la Argentina de 2011 con balanza comercial negativa (igual que en los 90). El más notorio es el bloque automotriz-autopartes que explica en parte el desequilibrio comercial con Brasil. Desde mediados de la década del 90 la política fue ir en contra de la integración local en los autos impulsada por Frondizi.
Parecería que el proceso de toma de decisiones de los industriales vuelve a estar dominado por la macroeconomía dada la inflación en torno al 30% que se proyecta para el mediano plazo. Esta realidad condiciona la decisión industrial al cortoplacismo, y va en contra de la búsqueda de la eficiencia microeconómica.
En el desempeño industrial de los años por delante tendremos una restricción severa si no se actúa con firmeza. La Argentina posee debilidades en su matriz energética. La otra restricción es la falta de mano de obra calificada.
No se han dado cambios estructurales de fondo durante el modelo K en el que se reconoce el vertiginoso crecimiento industrial. Las décadas se complementan. En los 90 más inversión extranjera directa y mayor productividad, con buen abastecimiento de energía. Por el lado negativo fragmentación en los 90 del aparato industrial y mayor costo social por la destrucción parcial del tejido de pymes.
Menos grupos nacionales
Desde el punto de vista de los actores es llamativa la declinación de grupos industriales de origen nacional. Nuestra industria pos-Carlos Menem es mucho más multinacional y a partir el modelo productivo un poco más brasileña. Esto no es necesariamente una crítica, pero se podrían perder grados de libertad y sinergia con las pymes domésticas.
Finalmente, unos puntos de agenda. La tentación del proteccionismo asoma en el plan propuesto por ahora muy preliminar. No parece razonable reincidir en experiencias de sustitución de importaciones. Fueron útiles hasta los 60, pero no es una estrategia inteligente con una mirada de largo plazo. Es todo un desafío que manufacturas de origen industrial, las no agropecuarias, integren la veintena de complejos de mayor exportación. Hoy 17 complejos tienen que ver con el patrón basado en recursos naturales.
Finalmente, en 2020 Chile aspira a no ser más emergente, es una meta que podemos copiar. La industria es clave para alcanzar este objetivo máxime en un país de tamaño medio como la Argentina, en el cual con la agricultura no alcanza para generar empleo y valor.
En definitiva, lo deseable para la política industrial es que se apoye en una buena macro con estabilidad, nivel de dólar razonable y tasa de interés lógica. Posteriormente políticas selectivas de intervención aunque sean verticales. ¿No será mucho impulsar 10 sectores? En estas últimas, el Estado activo debe aprender de las distorsiones realizadas en nuestra política industrial histórica, rentística y de dudosa eficacia para el bienestar.
Si se aprovechan estos años de precios altos de las commodities hay una ventana de oportunidad para sostener el desarrollo industrial. Es una iniciativa por seguir de cerca la planteada por el Poder Ejecutivo, que nos lleva a reflexionar con ilusión una vez más sobre la frase de Carlos Pellegrini: "Sin industria no hay Nación".
El autor es director del Area Economía del IAE






