El futuro, atado a la máquina de fabricar plata

Florencia Donovan
Florencia Donovan LA NACION
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9 de diciembre de 2019  

Apenas asuma, Alberto Fernández buscará cumplir con una de sus promesas de "ponerle plata en el bolsillo" a la gente. A las subas anunciadas en jubilaciones mínimas y asignaciones por hijo se les agregará un alivio para los adultos mayores y para beneficiarios de planes con préstamos de la Anses ajustados por UVA. Se estudian una extensión de plazos y una baja de tasas.

Por la Anses pasará una importante parte del programa de alivio que presentará Fernández, quien mantendrá un control directo de la gestión. El organismo que conducirá Alejandro Vanoli volverá a depender del Ministerio de Trabajo, a cargo de Claudio Moroni (Macri lo había incorporado a Desarrollo Social), uno de los hombres de mayor confianza del presidente electo.

Pese a que en los equipos de trabajo del Frente de Todos se había evaluado escindir el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses, la multimillonaria caja que heredó el Estado tras la estatización de las AFJP, en los últimos días se decidió que se mantendrá en la órbita de Vanoli. El expresidente del BCRA tendría previsto convocar a un nombre del sector financiero para delegarle la gestión de la cartera de inversiones del FGS, una silla caliente, siempre.

El alivio para los deudores de la Anses será una medida más que se sumará a la tarjeta social, que permitirá comprar productos de la canasta básica con una menor carga del IVA, y a los planes ya instalados de Precios Cuidados y Ahora 12, que los bancos mantienen a regañadientes desde hace algunas semanas. También podrían anunciarse nuevos créditos para la producción, a tasas de interés inferiores a las que se consiguen por estos días. Son casi todas medidas que, de alguna manera, en el sector privado vienen descontando desde que el Frente de Todos arrasó en las PASO. Difícilmente generen tensiones con el empresariado, que viene preparándose para muchas de ellas.

Los bancos, por caso, hace semanas que comenzaron con un importante proceso de ajuste de costos. Recortaron empleos -a septiembre pasado, último dato, la banca privada tenía 1160 puestos menos con respecto a diciembre de 2018- y están buscando salir de toda promoción masiva. En una carta que llegó a todos los grandes comercios, Santander, Galicia y BBVA anunciaron que desde el 1° de este mes abandonaron las promociones de cuotas sin interés que ofrecían las empresas Prisma y First Data en nombre suyo. La idea es concentrar su presupuesto en los planes de beneficios que cada uno tiene para sus clientes y no sumarse a los que aplicaban para todos los tenedores de Visa o Mastercard. En tiempos de escasez, todo suma.

Entre los banqueros privados hubo conversaciones para abandonar el plan oficial Ahora 12. Después de las PASO habían planteado que no podrían seguir financiando el costo de las cuotas con una inflación anual que supera el 50%, pero habían optado por seguir hasta diciembre para no meter más ruido en la economía. Igual que entonces, volvieron a reconocer que no tienen margen político para poner el tema sobre la mesa.

Los empresarios en general creen que la relación con Fernández será pragmática, pero también que será difícil plantear disensos. En las semanas previas al anuncio del gabinete, no pocos intentaron averiguar quién ocuparía la Secretaría de Comercio Interior, para la que finalmente se designó a Paula Español. El 6 de enero vence el programa de Precios Cuidados y algunas empresas temen no tener la misma libertad que tuvieron durante el macrismo para reemplazar o quitar marcas y productos y de ajustar precios. También sería Español la encargada de la aplicación de la ley de góndolas, si es que termina aprobándose en el Senado.

Una anécdota con Español dejó un gusto amargo en algunos de ellos, que ya prevén complicaciones para negociar algunas importaciones. Hace un mes, en la Fundación ICBC, Félix Peña organizó un encuentro para tratar el tema del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Eran más de veinte, entre empresarios y ejecutivos, que a lo largo del encuentro fueron haciendo sus análisis del acuerdo, pero que terminaron concluyendo que era positivo el haberlo cerrado, y además plantearon la importancia de buscar nuevos. Español, sin embargo, insistió: "Ninguno de ustedes me convenció. Hacer acuerdos comerciales es destruir empleo, siempre".

El recuerdo de Guillermo Moreno es imborrable para los empresarios. Saben que Español no tiene ni cerca los modos o las ideas del histriónico exfuncionario, pero también reconocen en el peronismo un ejercicio del poder muy distinto del que supo aplicar el macrismo. Lo comprobó muy pronto el empresario más exitoso del país, Marcos Galperin, a quien algunos dentro del Instituto Patria incluso sindican como "el próximo Magnetto", en alusión al poderoso jefe del Grupo Clarín.

Como en toda coalición, sin embargo, en el Frente de Todos no existe una visión homogénea. El designado secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, uno de los hombres con más peso propio dentro del gabinete, planteó en un viaje a Washington la posibilidad de armar un foro bilateral entre el sector privado argentino y brasileño, para así fomentar un acercamiento y desestimar cualquier intento de ruptura del Mercosur. Beliz promete tener injerencia no solo en materia de justicia, sino también en la relación con los organismos internacionales de crédito y delegaciones comerciales.

No serán días fáciles los que vienen para Fernández, y mucho menos para su gabinete económico. No hay sector o industria en los que no exista algún conflicto en ebullición. Las crisis de Celulosa y de Vicentín inauguran lo que ya promete ser una serie de reestructuraciones de deuda corporativa. La próxima en caer, anticipan, será una empresa del sector eléctrico.

Con todo, el mayor desafío recaerá en los hombros del joven economista Martín Guzmán. Su escasa experiencia profesional en el país hace que, para muchos, sea una incógnita. Por ahora recibe elogios de todas las escuelas. Después de todo, el hasta hace poco ayudante del Nobel Joseph Stiglitz es, al mismo tiempo, graduado de la Universidad de La Plata, donde la ortodoxia económica cala profundo. La misma universidad en donde se graduó Federico Sturzenegger, cuya política en el Banco Central criticaba ya con dureza Guzmán en mayo pasado, cuando en un paper aseguraba que había que cambiar la política monetaria para fomentar la competitividad y las exportaciones argentinas.

"Ningún camino está libre de disyuntivas -afirmaba Guzmán-. Transitar hacia un esquema de política que recurre a más financiamiento del Banco Central para financiar el déficit fiscal podría incrementar la inflación en el corto plazo. Pero también iría en la dirección de corregir los desequilibrios externos y ayudaría a proteger el país de eventuales revisiones amargas de las expectativas del mercado". Guido Sandleris parece haberlo leído. Desde las PASO, las tasas de plazo fijo bajaron del 60% al 43% anual y la maquinita recuperó lustre: en ocho días le dieron al Tesoro $170.000 millones. En el equipo de Fernández habían calculado que se podían emitir entre $60.000 millones y $200.000 millones. Con gran parte del cupo agotado, ¿estarán recalculando?

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