El futuro está en los árboles, pero pocos se dan cuenta

En la Patagonia, una tierra afectada por el viento, nada parece tan urgente y redituable como proteger el cultivo mediante forestación.
En la Patagonia, una tierra afectada por el viento, nada parece tan urgente y redituable como proteger el cultivo mediante forestación.
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27 de marzo de 2000  

ESTANCIA LA JULIA, Santa Cruz.- Varios miles de álamos se mantienen aquí con gallardía, desafiando el viento. Muchos están muriendo de pie por falta de agua. Otros yacen por el piso, arruinados por la increíble depredación de una empresa maderera que destruyó buena parte de un bosque único en la Patagonia abusando de la buena fe de los dueños.

Vista así, la extraordinaria forestación de La Julia, en el centro de Santa Cruz, sobre la ruta 288 que une Piedrabuena con Tres Lagos, se presenta como un símbolo del pasado, de una Patagonia más próspera en los años 30 que en los actuales y que parece sumida en una inevitable decadencia.

Vista de otro modo, sin embargo, esa obra gigantesca del pionero italiano Antonio Menotti Bianchi en 1930 tiene hoy más importancia que nunca como símbolo del mejor futuro posible para la región.

Nada es tan crucial, en una tierra de viento, como la protección imprescindible de los árboles. Y ante la decadencia de la producción lanar y la incertidumbre sobre cuál es el futuro económicamente viable para la Patagonia, parece más urgente que nunca advertir que las posibilidades forestales constituyen la alternativa obligada del siglo XXI, tanto para grandes estancias como, sobre todo, para productores más pequeños que pueden encontrar en las huertas de verduras o las frutas el reemplazo para la producción lanar que ya no rinde.

El ejemplo de La Julia es el más demostrativo que pueda imaginarse. En el interior de esa extraordinaria plantación, con más de 50 kilómetros de hileras de álamos, sauces, robles y pinos, hay 322 hectáreas de campo fértil, donde se logró producir alfalfa, trigo, verduras y frutas (manzanas, peras, duraznos y uva) como si esa zona semidesértica fuera la pampa húmeda.

Tiempos malos

Lamentablemente, La Julia no pasa por su mejor momento. Sus propietarios, Jorge Knoop y sus tres hermanas, están a punto de venderla porque no pueden ya mantener una empresa productiva.

"En todo el año pasado apenas obtuvimos 8000 pesos netos con la lana. Ni siquiera da para mantener lo existente. Y, además, es imposible combatir el robo de ganado, que goza de total impunidad", se lamenta Jorge Knoop, residente en Colonia Piedrabuena, y que hoy pasa buena parte de sus días en Río Gallegos porque es flamante diputado provincial por el PJ.

Su padre, nacido en Lobería y de origen dinamarqués, había sido el último administrador de La Julia, de la empresa Braun Menéndez, y recibió las 10.000 hectáreas de regalo, por parte del grupo, cuando se retiró, como premio por sus muchos años de servicio, tras haber sucedido a Bianchi, el plantador del bosque.

Pero los tiempos patagónicos cambiaron y lo que fue una estancia pionera forma parte hoy del inquietante panorama de campos virtualmente improductivos.

Sin embargo, nada sería más útil, para cualquier persona que piense en el futuro de la Patagonia, que visitar esa obra humana extraordinaria.

Con riego y amor por los árboles pueden lograrse resultados increíbles. Como señala el propio Knoop, "además de la canalización que hizo Bianchi, en los años 30, de los ríos Chico y Chalía, también se encuentra agua, si se perfora, a unos cinco metros de profundidad".

Pocos forestadores

Lamentablemente, muy pocos son los que han descubierto las posibilidades de la forestación en la zona del país que más la necesita. Nos confirma esa evidencia el ingeniero forestal Rubén Manfredi (40), del Centro de Investigación y Extensión Forestal Andino Patagónico (Ciefap), que nos ofrece datos incuestionables relevados por esa institución con sede en Esquel, fundada en 1988, y que pertenece a las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

"Pese a que hay ahora una excelente ley forestal que favorece los proyectos de plantar árboles, todavía es muy poca la gente que invierte realmente en árboles. Es una apuesta a largo plazo y falta una conciencia cultural para hacerlo, pese a que podría ser el gran negocio futuro de la Patagonia", explica Manfredi.

Los datos estadísticos son concluyentes. Según uno de los estudios del Ciefap, publicado en diciembre de 1999, la región andino-patagónica tiene 2.250.000 hectáreas aptas para ser forestadas. De esta superficie, sólo un 2,6% se encuentra actualmente plantado con árboles por obra humana.

Y contra lo que cree mucha gente, el suelo es muy apto y el potencial forestal muy elevado, según indica el Ciefap. "El suelo patagónico es muy bueno -dice Manfredi-, porque es siempre de origen volcánico y por lo tanto retiene bien el agua, lo cual permite irrigar bien una plantación con relativamente poca agua. Si se trabaja adecuadamente, grandes extensiones de la Patagonia pueden dar casi el mismo rendimiento que Misiones. Pero nadie lo intenta, salvo algunos pocos proyectos, en su mayoría extranjeros, como el de unos inversores alemanes que han logrado notables resultados en la zona del lago Meliquina, en Neuquén."

Quizá por su vecindad con Mendoza, Neuquén es la provincia que más ha trabajado para incentivar la forestación. Pero lo que puede hacerse es infinitamente más.

En la cordillera

La otra alternativa posible es la reconversión turística. Un ejemplo típico nos lo brinda una de las estancias más lejanas y menos visitadas de la Patagonia: La Oriental, sobre el lago Belgrano, en el norte de la provincia de Santa Cruz.

Allí, sus propietarios, la familia de don Manuel Lada, instalada desde hace muchos años, tras comprar la propiedad a sus dueños originales, unos hermanos uruguayos que por eso dieron ese nombre al campo, han sabido reconvertir la explotación lanar en un alojamiento para visitantes que aman la naturaleza.

Enclavada dentro del parque nacional menos visitado del Sur, el Perito Moreno (no confundir con el glaciar, que está 500 kilómetros más al Sur), La Oriental es una parada casi obligatoria para quienes llegan a esa bellísima zona de ocho lagos ignotos (Belgrano, Burmeister, Nansen, Azara, Escondido, Mogote, Península y Volcán), donde los guanacos, los zorros y las aves de todo tipo abundan como si nunca hubieran llegado seres humanos a la región.

"Como estamos dentro de un parque nacional, desde hace años nos pidieron que abandonáramos toda producción lanar -explica la señora Gladys Lada-, pero estamos muy conformes con el cambio al turismo."

Pero allí el majestuoso entorno andino garantiza un futuro posible para los productores lanares de ayer.

En cambio, en la zona más mesética los árboles son el gran futuro de la Patagonia. Otros datos inapelables del Ciefap deberían atraer la atención de miles de argentinos.

En un detallado estudio sobre lo que significaría crear un establecimiento forestal de 1750 hectáreas, del cual se utilizarían anualmente 40 hectáreas para madera de aserradero y reponer 50 hectáreas de nuevo bosque, la rentabilidad, una vez alcanzado el ciclo productivo, daría un beneficio neto anual de 700.000 dólares en promedio, contra sólo 30.000 dólares anuales en la mejor alternativa ganadera.

Pero muy pocos lo saben aún. Y, sin embargo, el futuro de toda la región sur del país estará inevitablemente ligado al del gran redescubrimiento de los árboles.

Lo escribió con claridad Alberto De Agostini: "La estancia La Julia ha realizado, por iniciativa del señor Menotti Bianchi, una obra de cultivo altamente meritoria que mientras demuestra la bondad productiva del terreno, sirve de modelo para el futuro agrícola de la Patagonia austral".

Fue escrito en 1936. Ya sería tiempo de tomar debida nota.

Mañana: Progresos y democracia directa en El Chaltén (III y última nota).

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