El golpe del petróleo se siente en todo EE.UU.

Dan Molinski
Erin Ailworth
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3 de febrero de 2015  

DALLAS—Hace unos días, un rumor se convirtió en realidad cuando decenas de trabajadores perdieron sus empleos en Laredo Petroleum Inc. La empresa de energía de Oklahoma anunció el cierre de su oficina regional para hacerle frente al desplome de los precios del petróleo.

Los despidos se sintieron como "si alguien de la familia hubiera fallecido", dice Robert Silver, un geofísico de 62 años que había ayudado a Laredo a decidir dónde perforar en la Cuenca Permiana, en el oeste de Texas.

Los problemas han amenazado a esta región petrolera desde que los precios del crudo empezaron a caer a mediados del año pasado, desde más de US$100 el barril a menos de US$50 en la actualidad. El lunes, el petróleo estadounidense cerró a US$49,57 el barril.

No obstante, recién ahora se están sintiendo los temidos efectos de un colapso a lo largo del complejo ecosistema energético de Estados Unidos, afectando desde ejecutivos en Houston hasta dueños de propiedades en California y productores petroleros en Oklahoma.

Muchas grandes energéticas han anunciado que planean recortar miles de millones de dólares en gastos así como miles de empleos. La semana pasada, el gigante ConocoPhillips les advirtió a sus trabajadores que podría haber un congelamiento de los salarios y despidos. Indicadores como el número de permisos para perforar han caído pronunciadamente en Texas.

Los recortes aún no se ven reflejados en los datos generales de empleo, ventas de casas o recaudación tributaria. Por ejemplo, la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. señala que el empleo en el segmento de extracción de petróleo y gas subió en diciembre a 216.100, el nivel más alto desde 1986.

Sin embargo, los problemas están empezando a afectar a la gente, comenzando con las legiones que trabajan como proveedores de la industria energética.

Eric Herschap es director de operaciones de Exclusive Energy Services LLC, una empresa que no cotiza en bolsa de Orange Grove, Texas, que ofrece servicios, incluyendo alquiler de equipos, a empresas de exploración. Sus clientes están exigiendo reducciones de precios de entre 15% y 25%, y Exclusive ofrece descuentos adicionales más allá de eso, explica.

La compañía despidió a 10 de sus 45 empleados y está reduciendo las bonificaciones para los que quedaron. Herschap dice que sus ingenieros más brillantes están respondiendo llamadas de clientes con preguntas técnicas.

Las empresas fuera del sector de energía que dependen de los trabajadores de las plataformas petroleras también están haciendo sonar las alarmas.

Hace un año, Danny y Kim Gallo se mudaron de Connecticut a la pequeña localidad de Runge, en Texas, donde fundaron la empresa de camiones de comida Boom Town Food Trucks para atender a los trabajadores de la formación de esquisto Eagle Ford. Ahora, sin embargo, la empresa opera apenas un camión y una cocina en un tráiler y los Gallo, que tienen experiencia en la industria de la hospitalidad, han decidido no añadir un segundo camión por un tiempo.

"Uno se sienta allí y dice: ‘¿llegamos tarde a la fiesta?’", cuenta Danny Gallo, cuyo plato más costoso en el menú es una hamburguesa con doble chorizo de US$11.

Establecimientos más sofisticados que apuntan a los ejecutivos del sector energético también sienten las repercusiones. Steve Zimmerman tiene desde hace décadas un restaurante y un hotel boutique en Houston y recuerda la crisis petrolera de 1986. En ese entonces, empezó a ofrecer un "Especial de Barril de Petróleo", una comida de varios platos cuyo precio fluctuaba según el costo del crudo.

Este mes, el empresario resucitó el especial en su esfuerzo por atraer clientes al tiempo que les muestra que comparte su dolor.

Platos como caracoles, salmón y pudín de pan están en oferta por unos US$50, dependiendo del precio de cierre del petróleo West Texas Intermediate, la referencia en EE.UU.

Cuando los precios del crudo empezaron a bajar, los residentes de Houston esperaban un pequeño traspié, dice Zimmerman. Ahora, "se están volviendo más cautos".

Esto se debe en parte a que las acciones de las empresas energéticas se han desplomado junto con el crudo. Kolja Rockov, director financiero de Linn Energy LLC, vendió casi la mitad de su participación en una sociedad de petróleo y gas por una demanda de cobertura suplementaria, o margin call, indicó la empresa.

Rockov había prometido acciones de la compañía como garantía de un préstamo y se vio obligado a vender 230.900 a un promedio de US$9,46 cada una, o casi US$2,2 millones. La acción de la firma ha caído 67% en el último año. Rockov no respondió a solicitudes de comentarios.

Entretanto, algunos trabajadores de campos petroleros en Dakota del Norte están trabajando turnos más cortos y menos horas extra.

En Rig Wives Foundation de Odessa, Missouri, una organización que presta asistencia a las familias de los trabajadores de yacimientos, las llamadas pidiendo ayuda están entrando con más frecuencia, dice Tanya Beeks, quien creo el grupo en 2010.

"Principalmente son facturas de la electricidad, el gas, el teléfono", dice Beeks sobre la asistencia que distribuye gracias a donaciones y los ingresos de la venta de mercancía en línea.

Quienes no son parte de la industria energética también se han visto afectados. Los propietarios de terrenos están empezando a recibir menos pagos por concepto de regalías por el crudo extraído de sus propiedades y los nuevos contratos de arrendamiento están disminuyendo.

Para algunas de las firmas más pequeñas en el negocio de producción de energía, no se trata tanto de lo que hacen en respuesta a los bajos precios del petróleo, sino lo que no están haciendo, como reparar maquinaria cuando se daña. Esa es la postura que ha adoptado Tom Dunlap, de 73 años, quien explota los mismos yacimientos perforados por su abuelo hace casi 100 años cerca de Ardmore, Oklahoma. Cuando los precios del petróleo eran altos, Dunlap dice que gastaba unos US$1.000 o más para reparar sus unidades de bombeo y tanques. Ya no, cuenta el presidente de Tripledee Drilling Co.

Laredo, la empresa que cerró su oficina en Dallas y que tiene una capitalización de mercado de cerca de US$1.500 millones, informó que despedirá a 75 empleados, o alrededor de 20% de su fuerza laboral.

"Aunque es un paso necesario debido a la caída sustancial de los precios de los commodities y la resultante reducción de la actividad de perforación de la compañía, no tomamos este tipo de decisiones a la ligera", indicó la empresa.

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