El gran desafío: cómo crear un refugio local

Daniel Marx
Daniel Marx PARA LA NACION
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9 de marzo de 2019  

Adicionalmente, la economía real de la Argentina -reflejada en su cuenta corriente del balance de pagos externos- se mueve a la inversa de la evolución del ciclo económico en EE.UU. Una apreciación del dólar generalmente hace perder valor a las exportaciones e ingresos externos de la Argentina, que termina llevando a la devaluación para mitigar los efectos sobre la actividad local.

El desafío es cómo lograr flexibilidad, convertirla en fortaleza de funcionamiento y salir de la rigidez. El problema es que hay una historia de acciones que llevaron a un descreimiento en la moneda argentina y a que el "refugio" para ahorros y otros pagos sea el dólar. En esta situación, los movimientos cambiarios afectan significativamente la vida económica, política y social, dando un "riesgo argentino" que se retroalimenta.

El Gobierno parece haber puesto en práctica un programa de contención para los próximos meses, que trata de mitigar efectos de fuertes fluctuaciones en la paridad cambiaria. Los elementos son:

1. Hoy el tipo de cambio, de unos $40/US$1, está en línea o algo adelantado a un nivel promedio histórico tomando un ciclo largo. Es decir, aun cuando el tipo de cambio real del peso se apreció un 15% desde septiembre pasado (el más devaluado), el dólar está algo caro. El riesgo es que haya una inflación que se acelere y que se vaya erosionando ese colchón. Otro factor sería que se vea insuficiente la remuneración de la tenencia de pesos. Por eso el BCRA sube la tasa de interés.

2. La otra cuestión es cuántos pesos podrían pasarse a dólares. El BCRA no solo restringe la creación de pesos adicionales, sino que, ante una salida de los mismos, absorbe varios de los existentes. Si exagerase el uso de esta política, arriesga que se vean deterioros en la cadena de pagos y se perciba un aumento del "riesgo argentino".

3. Luego vendría la intervención en el mercado de futuros que puede hacer el BCRA. En los últimos meses este estuvo deshaciendo posiciones y se dio margen, estimado en algo más de US$3000 millones, para ofrecer a lo largo de los próximos meses sin alterar el acuerdo con el FMI.

4. Además, quedan las ventas directas del excedente de divisas a recibir del FMI más las reservas del Tesoro acumuladas y que resultan del desembolso de ese origen por encima de los pagos de su deuda, principalmente en bonos, en moneda extranjera. De cumplirse con las metas, habría un excedente de entre US$8000 y US$10.000 millones. Se espera que, en las próximas semanas, se anuncie cómo se volcaría esa eventual oferta, pero se adelanta que habrá límites a la intervención periódica.

5. El mismo programa asume una renovación de LETE que sería de un 46% del stock de unos US$12.000 millones para fin de año. En estos meses se superó ese hito, pero hay que tener en cuenta que hay vencimientos de unos US$2000 millones mensuales en promedio. Hay varios tenedores institucionales locales con mayor propensión a renovar.

6. Entre otros cambios de portafolio que se tendrían en cuenta están los incrementos observados de los plazos fijos bancarios (el equivalente a unos US$8000 millones al nivel actual) y Lecap por unos US$10.000 millones equivalentes.

7. Además, deberían considerarse los movimientos asociados al comercio exterior. Los mayores volúmenes asociados a la cosecha dan un potencial de mayores ingresos por US$8000 millones respecto de 2018. Habría, además, algunos stocks acumulados. La cuestión es la materialización del potencial y los otros movimientos de pagos y cobros por importaciones y exportaciones.

8. Por último, queda considerar otras variaciones de portafolios especificados o no, incluyendo los originados por deudas contraídas o ingresos por inversiones, entre otros.

En consecuencia, es un delicado equilibrio con una vulnerabilidad que no es nula, pero significativamente menor a la que se presentaba a fines de 2017. Su evolución, en el corto plazo, muy probablemente se dé en un camino con oscilaciones, donde la acción y la reacción son preponderantes.

Queda pendiente el desafío de mediano y largo plazo. Este no se resuelve con atajos, sino con instituciones demostrables a través del tiempo que lleven a valorar un "refugio" local. Se contribuiría así a bajar la vulnerabilidad dada por el financiamiento externo.

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