
El lavado de dinero pone en jaque a los bancos
Este delito aumenta a la par de la globalización y de los sistemas internacionales de pago
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En Estados Unidos, un informe sobre lavado de dinero de senadores demócratas criticó a algunos de los bancos más grandes del país, incluyendo Citigroup, J.P.Morgan Chase, Bank of America y el Bank of New York. En particular, el informe criticó al Citigroup, el gigante de los servicios financieros que más ha hecho por atraer clientes ricos de los más lejanos rincones del mundo, por no castigar el lavado dinero de clientes argentinos. El banco a continuación reconoció sentirse "avergonzado" por no haberlo hecho.
Cualquier intento de aumentar el control sobre el lavado de dinero enfrenta grandes obstáculos. Los bancos -cosa comprensible- quieren proteger la privacidad de sus clientes, y enfrentan una fuerte presión competitiva en contra de que hagan demasiadas preguntas. Lo que es más, algunas tecnologías novedosas pueden estar facilitando el lavado de dinero. Lo que es peor, los intentos de castigar tales actividades pueden chocar con las diferencias de opinión existentes entre los entes reguladores de distintos países respecto de lo que constituye realmente un crimen.
Calcular el monto el lavado de dinero es, por su misma naturaleza, una tarea que sólo puede basarse en las artes adivinatorias, en base a poca información. El FMI calcula que la cantidad de dinero ilegal que se lava en el sistema financiero mundial es de entre US$ 500.000 millones y 1,5 billones al año, equivalente a entre el 1,5% y el 5% del producto bruto mundial.
El lavado ha aumentado a la par de la globalización y en particular con la reducción de los controles sobre los movimientos de capitales y el desarrollo de sistemas internacionales de pago. Estos permiten que se pase dinero en segundos entre bancos de distintas partes del mundo y cada uno de los bancos involucrados puede no saber siquiera de la existencia del otro. Las sumas de dinero que se transfieren son inmensas. Por ejemplo el Bank of America ve pasar cerca de US$ 1 billón por sus cables internos todos los días. Como dijo Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, el sistema de pagos internacional es "crucial para la integridad y la estabilidad" de los mercados financieros del mundo. Pero también da grandes oportunidades a los deshonestos para ocultar su dinero, moviéndolo de un lugar a otro del planeta.
El nuevo blanqueador
La banca privada es el canal de lavado que ha recibido más atención. Los clientes de los bancos privados tienden a ser personas ricas que quieren que se manejen sus asuntos con discreción, en importante medida porque necesitan ayuda para explotar oportunidades que les permitan minimizar sus impuestos. Lo tradicional es que un banco que haga demasiadas preguntas se encuentre con que sus clientes se llevan la plata a otro lado. Por lo que se desarrolló una cultura de "no preguntar y no decir", en la que pudo prosperar el lavado de dinero.
EE.UU. aprobó la primera ley del mundo dirigida explícitamente contra el lavado de dinero en 1986. La ley de Control de Lavado de Dinero determina que comete un crimen quien participa a sabiendas de una transacción financiera en la que hay involucrados fondos procedentes de una "actividad ilegal específica". Desde entonces EE.UU. encabeza la batalla global contra este flagelo.
También Gran Bretaña ha estado cada vez más activa, aunque sus entes de control hasta ahora no han tenido poder para disciplinar a los bancos en falta. La FSA tendrá nuevos poderes más adelante, este mismo año, que la convertirán en una agencia de persecución de actividades criminales, ampliará la definición de lo que es lavado de dinero, de modo de incluir los recursos provenientes de todos tipo de crimen ( no sólo el tráfico de estupefacientes y el terrorismo) y le dará el poder de redactar las normas que definan lo que debe considerarse lavado de dinero.
Sin embargo donde más intensa es la acción es al nivel multilateral, cosa que no es de sorprenderse, ya que hay un límite a lo que puede hacer un país por sí solo. El costo de descubrir a los lavadores de dinero también pone límites a lo que se puede hacer. Algunos empleados trabajan tantas horas extras en los bancos afectados por escándalos recientes, tratando de conocer mejor a sus clientes, que cada vez conocen menos a sus familias. La preocupación que provocan los bancos corresponsales ha generado un objetivo aún más elusivo y difícil de alcanzar: conocer a los clientes de sus clientes.
Además, los entes reguladores están cada vez más preocupados con el potencial del dinero electrónico. Hasta ahora no hay grandes evidencias de que lo utilicen los malvivientes. Pero según un funcionario del ente regulador de la banca de New York, hay creciente preocupación por una tarjeta inteligente, Mondex que permite transferir dinero sin dejar rastro electrónico.
Lo más preocupante es la falta de consenso, aún entre los países más ricos y poderosos, respecto de lo que se debe considerar un crimen en lo que a lavado de dinero se refiere. Preguntan los americanos: ¿quién decidirá que una apuesta online es ilegal porque se originó en EE.UU. donde está prohibido, si la empresa y el server que reciben la apuesta se encuentran en un país donde es legal? ¿Estos países deben considerar que los fondos generados de este modo son fruto de un crimen?
A medida que los bancos se vuelven cada vez más un brazo de la ley, nadie debe olvidar que gran parte del dinero que sale de países mal administrados puede ser capital genuino fugado y no dinero robado. Las lecciones de la historia sugieren que no es bueno intentar aplicar con demasiada energía la definición de lo que es un crimen en otro país. Los judíos que pudieron sacar su dinero de Alemania en los años treinta violaron las leyes de control de dinero vigentes en aquel entonces. Sería triste que víctimas futuras de la opresión se vieran impedidas de hacerse de su dinero, debido al papel de policía de los banqueros.





