
El manejo de la renta petrolera es la clave en Irak
Por Daniel G. Montamat Para LA NACION
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Buena parte de la chance de consolidar en Irak un régimen político estable y democrático se juega en el futuro de su desarrollo económico y social. El desarrollo de Irak, a su vez, está muy supeditado al éxito o fracaso de la estrategia petrolera que adopten. Sin decisiones audaces, la renta petrolera seguirá sirviendo intereses de la corporación política de turno, y el pueblo iraquí sufriendo las consecuencias del despojo con pobreza, marginación y sometimiento.
Las reservas probadas de petróleo ubican a Irak segundo en el ranking mundial, después de Arabia Saudita. Unos 112.000 millones de barriles (alrededor del 12 por ciento de las reservas mundiales) de uno de los crudos más codiciados y de menor costo de explotación.
Como lo que en el negocio petrolero se discute es apropiación de renta de un recurso agotable (diferencia entre el precio internacional y los costos en la cadena de valor para colocar el producto en condiciones de comercialidad, ganancia incluida), el valor presente de la renta futura de esos recursos estaría entre los 500.000 millones y el billón de dólares.
Semejante suma mueve intereses particulares poderosos, genera problemas de agencia (los gobernantes de turno tienden a considerarlo un botín) y, si hay captura de los mecanismos de acción colectiva, unos pocos se apropian de la renta en detrimento de los intereses de las generaciones presentes y futuras de iraquíes.
Con Saddam Hussein la explotación del petróleo iraquí y la consiguiente apropiación de renta estuvieron a cargo de una empresa estatal. Todo parece indicar que habrá cambios cosméticos, pero que está tomada la decisión de mantener un monopolio productivo en cabeza de una relanzada empresa oficial.
La nueva empresa estatal abrirá desafíos exploratorios y productivos a las multinacionales del petróleo (estatales o privadas) bajo esquemas de producción compartida que ya había planteado el propio Hussein en las postrimerías de su dictadura.
Habrá nuevo management, mayores controles, pero subsiste el riesgo de que la renta siga sirviendo intereses cortoplacistas, quede sujeta a los vaivenes de los precios del petróleo, y, a través de nuevas "cajas negras" en las finanzas públicas, se frustren las posibilidades del desarrollo institucional, económico y social.
Los esquemas de producción compartida, además, se prestan a mecanismos poco transparentes de reparto de la renta. Los contratos atraen inversiones, pero no protegen al pueblo iraquí de una mala gestión en el uso de los recursos petroleros. El venezolano Juan Pablo Pérez Alfonso llamó al petróleo "el excremento del diablo".
Otra alternativa sería la concesión de los yacimientos iraquíes dando amplia participación a las empresas multinacionales. Por la concesión se obtendrían fondos frescos y luego el Estado iraquí participaría de la renta a través de los impuestos y regalías a las que quede sujeta la explotación. El problema es el destino de los fondos frescos, cuya gestión también puede ser capturada por intereses restringidos de la corporación política dominante.
Un sistema transparente
El sistema más transparente para los intereses del pueblo iraquí sería la venta de las reservas (venta anticipada de la renta futura) y la constitución con esos recursos de un fondo fiduciario intergeneracional del cual devendrían cuotapartistas todos los iraquíes mayores de 18 años.
El fondo debería ser gerenciado sin interferencias políticas (¿intervención de la ONU?), y hacer inversiones de bajo riesgo en Irak y en el exterior para evitar la apreciación artificial del tipo de cambio y permitir el desarrollo de nuevas actividades productivas.
La renta segura del fondo, una perpetuidad no expuesta a los riesgos del paradigma petrolero, debería aplicarse a gastos sociales que promuevan la equidad distributiva y la cohesión de la sociedad.
Existen antecedentes de estos fondos en Noruega y en el Estado de Alaska. La propuesta exige audacia porque va a ser resistida por derecha y por izquierda. Tanto los nacionalistas del petróleo como los planificadores de su explotación y desarrollo quieren asegurarse un rol en la intermediación de la apropiación de la renta.
Tampoco la OPEP apoyaría semejante propuesta porque el crudo iraquí dejaría de corresponder el sistema de cuotas.
Pero los iraquíes serían los verdaderos dueños de la renta del recurso y su riqueza petrolera estaría al servicio de una estrategia de desarrollo económico y social.






