El “momento Covid llegó a Italia” para la IA: cuando las fichas empiezan a caer en forma masiva
Lejos de ser un pronóstico o una especulación, la disrupción provocada por la IA ya está ocurriendo; ¿puede reemplazar a todas las tareas?
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El punto de inflexión psicológico a nivel global con la última pandemia se dio en febrero de 2020. Hasta ese momento, los medios y las sociedades de Occidente veían al Covid como una enfermedad exótica de un lugar culturalmente lejano (Wuhan en China). Las familias seguían con sus rutinas habituales, yendo a colegios, oficinas y planificando viajes.
La bisagra, en términos de conciencia o “caída de ficha”, llegó con la entrada furibunda del virus a Italia. A principios de marzo ya había cientos de muertes por día en una demografía muy vulnerable (Italia es uno de los países más envejecidos del mundo) y los hospitales colapsados –en un país europeo con un sistema de salud supuestamente sofisticado- eran mostrados en tiempo real por cámaras de los principales medios globales.
El “momento Covid llegó a Italia” se usa cada vez más como metáfora para contar que la disrupción provocada por la IA, lejos de ser un pronóstico o especulación, ya está ocurriendo. En términos financieros, la “caída de la ficha” se vio claramente este verano con el derrumbe del valor de las empresas de tecnología, y sobre todo de las compañías de software en particular, ante la perspectiva de que los agentes de IA destruyan su modelo de negocio basado en fees y licencias de uso. Las caídas de capitalización llegan al 80%.
La metáfora del Covid fue usada en un posteo-ensayo que se viralizó semanas atrás, titulado “Algo grande está pasando” (“Someting big is happening”), firmado por Matt Shumer, el fundador y CEO de HyperWrite. El texto tuvo 40 millones de lecturas en dos días y pinta un futuro del trabajo apocalíptico: luego de los programadores, las empresas de IA van por el resto de las profesiones. Haber empezado por el mundo del software, argumentaba Shumer, tiene la lógica de que era la forma más rápida para los LLMs de seguir iterando y mejorándose a mayor velocidad.
Muchos lectores se quedaron con ese estado de alarma, pero pocos siguieron los pormenores que vinieron después: el ensayo fue hecho con IA y estaba lleno de errores. Shumer además tuvo en el pasado varias acusaciones de fraude con sus productos. Las empresas de IA y otras de tecnología siguen anunciando que van a contratar programadores en 2026 y todavía no está del todo claro que el trabajo en este sector sea como “los canarios en las minas de carbón” (más sensibles a la falta de oxígeno), una metáfora que viene usando mucho el académico de Stanford y experto en economía del cambio Erik Brynjolffson.
La potencia del texto se sostenía en un relato convincente, con buenos giros, hecho por un “insider que decidía contar la verdad”, y donde la premisa (la disrupción enorme en el campo de la programación) es cierta. El problema está con la generalización inmediata a otras profesiones.
Tomás Castagino, economista jefe de Accenture, usa otra metáfora para contrarrestar la idea de Shumer: “Alrededor del 27% del universo es materia oscura (aproximadamente el 85% de toda la materia). La materia que podemos observar es apenas alrededor del 5% del universo. La fuerza gravitatoria de aquello que no podemos observar es en gran medida lo que lo mantiene unido y moldea su estructura y evolución. Del mismo modo, lo que mantiene unido el trabajo y la creación de valor suelen ser factores implícitos, difíciles de rutinizar, no codificados, impredecibles e inobservables para las máquinas, que ocurren entre personas.”
“Por eso creo que debemos ser cuidadosos con las extrapolaciones basadas únicamente en lo observable y codificable, que en realidad representa solo una pequeña porción de todo lo que sucede en el universo del trabajo”, agrega Castagnino.
El físico, futurista y experto en IA ruso Andrei Vazhnov explica que “una sutileza que me parece que el artículo (‘Algo grande…’) no considera es que programación tiene un aspecto muy especial. No es que las empresas de AI decidieron aplicarse a la programación solo porque es lo que les permite construir más AI. La implicancia es que con cualquier trabajo podrían haber hecho lo mismo igual de fácil. Pero no es así. Las razones de esta prioritización fueron que: (a) existen miles de millones de líneas de código open source que se puede usar de forma directa para entrenar modelos AI y (b) porque puede testear si logró el objetivo o no corriendo el código”.
Para Vazhnov, “pocos dominios tienen (a) y (b) en forma tan directa y completa. No quiere decir que va a ser imposible el reemplazo, pero va a llevar más tiempo. Así que en la métrica cuando va a reemplazar 50% de trabajos de entrada al mundo laboral, yo diría más cerca de cinco años que de un año. Lo que no quita que de cualquier forma estemos hablando de un cambio inmenso”.
Vazhnov nació en Omsk, una ciudad mediana de Siberia, y vivió en su adolescencia la caída de la antigua Unión Soviética. Fue un alumno prodigio, becado en Física para estudiar en Moscú, y luego trabajó como programador en Silicon Valley y como ‘quant’ (genio matemático) en Wall Street. En 2017 escribimos juntos “Modo Esponja” (Sudamericana). En la actualidad vive en Barcelona y desde allí es el VP de inteligencia artificial de la firma estadounidense de operaciones inmobiliarias de mayor crecimiento en los últimos años.
Siempre fue algo escéptico con los pronósticos más exagerados sobre la transformación que trae la IA, pero su opinión cambió en el último año, porque está viviendo un fenómeno nunca visto en carne propia y en la primera trinchera de lo que está ocurriendo. “Siento que estoy en una bisagra, es algo muy excitante”, comenta.
“Desde la experiencia de gestionar un equipo de programadores, para mí este momento clave fue alrededor de junio o julio pasado. De repente, las herramientas AI empezaron a ser útiles para escribir la mayoría del código, por lo menos en el primer borrador-sigue Vazhnov-. Y sí, dos veces de cada diez manda cualquier cosa así que la persona que lo usa necesita entender lo suficiente de su dominio para reconocer si el código por IA está bien o no para el objetivo, pero con tal que la persona posea esta calificación puede avanzar mucho más rápido”.
La gran diferencia se dio a mitad de 2025, dice el físico ruso, cuando la IA en programación pasó de poder trabajar uno o dos minutos en forma autónoma a poder hacerlo durante 15-20 minutos.
Para saber quién tiene razón en este debate, el test ácido se dará pronto: ver si los verticales donde las firmas de IA pusieron “la mira” a principios de 2026 (salud, derecho, consultoría y otros) experimentan un fenómeno de “extinción masiva” como el que ya ocurrió en otros rubros. Si realmente un adolescente encerrado en su cuarto puede hacer con Seedance una película candidata al Oscar. Si el “software-gedón” se convierte finalmente en “otras profesiones-gedón” u “otros sectores-gedón”. Como se ve, la metáfora el Covid en Italia quedó “amable” o suave para describir lo que está pasando en algunos rubros, y hay que recurrir a cataclismo y desastres naturales del pasado remoto.
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