El mundo gris de online

Tras el cierre de Megaupload, las miradas se posan sobre Taringa! y Cuevana
Luján Scarpinelli
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12 de febrero de 2012  

El cierre del sitio Megaupload por parte del FBI agitó el avispero. El debate sobre la propiedad intelectual en Internet volvió a aflorar dentro y fuera del medio. Más allá del plano moral en que se inscribe la disputa entre autores, productores y editores que reclaman por la utilización de obras, y quienes pugnan por la libertad para compartir contenidos, el conflicto pone millones de dólares en juego. Son ejemplos los caudales de Megaupload, y las pérdidas estimadas en industrias atacadas por hackers, como el colectivo Anonymus que, entre otras acciones, desnudó ante el público parte del catálogo de discos y películas de Sony.

En medio del escándalo, varios sitios atrajeron las miradas, por encontrarse en zonas grises respecto de leyes no del todo adaptadas a las demandas de la Web. En la Argentina, los cuestionamientos volvieron sobre Taringa! y Cuevana, ambos objetos de presentaciones judiciales. El primero, que negó lazos comerciales con Megaupload, fue destacado en el informe del FBI por derivar 72.000 archivos en poco más de un año a la página clausurada.

Se juzgue positiva o no, hay diferencias entre las dos páginas argentinas y ese sitio. Una de ellas es que ni Taringa! ni Cuevana alojan el contenido en su propio sitio, sino que redireccionan a los usuarios a través de links a reservorios de información online .

También difiere el modelo de negocios. Los ingresos de Megaupload venían de los micropagos de usuarios para acceder a descargas veloces. Según el FBI, el portal tuvo ingresos "ilegales" por US$ 150 millones y causó pérdidas por más de US$ 500 millones a distintas industrias.

En la Argentina, donde sólo en 2011 empezaron a multiplicarse las alternativas pagas como Netflix y otros como OnVideo de Telefónica (películas), y iTunes (música), no hay estimaciones del supuesto daño que Taringa! y Cuevana causarían a los propietarios de derechos. Se desconoce igualmente cuánto ganan estas empresas, aunque en ambas es claro el origen de los ingresos. Taringa! no cobra un solo centavo a quienes depositen un link en su espacio virtual ni a los que navegan entre sus enlaces, así como tampoco Cuevana pide dinero a los que miran películas y series por streaming . ¿Cuál es la fuente de subsistencia entonces? La publicidad.

No es fácil ignorar la masividad de estos sitios. Está a la vista: empresas de primera línea de consumo masivo, servicios como telefónicas o industrias como la automotriz publicitan ante los millones de usuarios de Cuevana y Taringa! Los días posteriores al cierre de Megaupload, Matías Botbol, uno de los dueños de la Web de enlaces, publicó en su cuenta de Twitter el número de las visitas en enero: más de 54,6 millones.

Fuentes de una agencia que distribuye publicidad online señaló a LA NACION que el ticket por pauta en Taringa! suele ir de $ 10.000 a $ 50.000, según la campaña. "Varía si se extiende por 30 o 90 días, o si por menos días transforma la página principal del sitio con sus colores; todo depende del objetivo", explicó el experto, que no ve una reticencia entre los auspiciantes a publicitar en las páginas que algunos acusan de piratería. El bloqueo a Cuevana de tres series por parte de la Comisión Nacional de Comunicaciones y de servidores de Internet, como en el caso de iPlan y Telecentro, son para tener en cuenta, aunque por ahora no afectaron la afluencia del público.

Germán Herebia, director de la red de publicidad contextual Kontextua, detalló: "El formato, la segmentación, la integración o no a los contenidos y la rotación son algunas de las opciones que hacen variar el costo por clic entre 5 y 50 centavos de dólar". Además, los sitios suman ingresos con el sistema de Google AdSense. En cuanto al target, evaluó: "Los auspiciantes encuentran en Cuevana y en Taringa! consumidores de un amplio rango de edades y de diferentes situaciones socioeconómicas".

Leandro Zanoni, director de tercerclic.com , afirmó que "es un mito que los dueños de Taringa! y Cuevana son millonarios". Por el contrario, opinó, "aún están en proceso de empezar a generar negocios en base a sus grandes comunidades".

Las condenas en la Web no son nuevas. En 2001, la justicia estadounidense le cortó el camino a Napster, que permitía intercambiar música entre usuarios. Hasta su cierre reciente se reconvirtió, pero otros como Kazaa, eMule y Audiogalaxy ocuparon su lugar. Tampoco Megaupload dejará un vacío total.

UN DEBATE ENCENDIDO

En la Argentina, sólo el 1% de las descargas de música es legal, según el informe sobre 2010 elaborado por Capif, la entidad que protege los derechos de los autores y compositores. En pocos días se difundirán los datos correspondientes a 2011.

Por otra parte, la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic) agregó que lo recaudado por la utilización digital está subiendo (pasó del 0,5 al 0,7% de 2010 a 2011) pero sigue siendo muy pequeña.

"Mientras que el debate se siga planteando como una oposición entre la protección a propiedad intelectual y el derecho a la libertad de expresión, será difícl encontrar una solución", dijo a La Nacion Guillermo Ocampo, director general de Sadaic. Y sugirió una propuesta para resolver el problema: "Se trataría de establecer una remuneración compensatoria a las entidades, a cargo de los proveedores del servicio de Internet. ¿Para qué quiere un usuario 30 megas de banda ancha? Esas empresas permiten acciones ilícitas, se benefician con tarifas más caras y están indemnes", disparó.

Uno de los que defiende la circulación irrestricta de contenidos es la Fundación Vía Libre. "Las editoriales y productoras deciden qué es lo que la población lee o mira. Eran intermediarias, pero ahora eso ya no hace falta. El intercambio de archivos es positivo y no está claro el derecho de exigir autorización en Internet. Hay que cambiar el derecho de autor, no la red", sentenció Federico Heinz, presidente de la fundación.

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