
El negocio de la TV, sinónimo de monopolio
El poder de las empresas obliga a los gobiernos a tomar cartas en el asunto
1 minuto de lectura'
LONDRES- "Me opongo fuertemente a la reglamentación", gruñó John McCain, el republicano que preside la Comisión de Comercio del senado de Estados Unidos, al debatirse la semana pasada un proyecto de ley para alentar la competencia en la televisión por cable. "Pero me opongo menos a la reglamentación que al monopolio descontrolado." Estados Unidos y Europa actualmente enfrentan el mismo problema con distintas formas: mientras el señor McCain batalla porque haya un poco de competencia real en el cable, al avanzar Estados Unidos hacia la era de la TV digital, la Unión Europea está pensando en bloquear la acción de un poderoso broadcaster satelital que amenaza con dominar el mercado de la tv digital en Gran Bretaña. Los principios que hay que aplicar son los mismos pero las respuestas que deben emerger son diferentes.
El poder de las empresas de cable preocupa al gobierno de Estados Unidos desde hace años y el marco regulatorio que se aplica se ha endurecido y ablandado alternativamente, de acuerdo con el clima político imperante. Desde el decreto de desregulación de las telecomunicaciones de 1996, el régimen ha sido menos coercitivo; el resultado es que las tarifas del cable se fueron por las nubes. Ahora el ente regulador, la Federal Communications Commission, amenaza con volver a imponer controles estrictos y les ha impedido a las empresas de cable comprar bandas, evitando que se metieran en las telecomunicaciones inalámbricas en sus mercados locales.
En Gran Bretaña, el cuco es el satélite y Rupert Murdoch, el conocido mandamás de los medios, es el mayor accionista de BSkyB, que domina la televisión paga. La compañía controla tanto las fuentes principales de programación como el más importante canal de distribución. Las empresas de cable se han quedado muy atrás. Ahora BskyB quiere lanzar canales satelitales digitales a través de la British Interactive Broadcasting (BIB), una joint venture con BT, el gigante de las telecomunicaciones británico, el Midland Bank y Matsushita, la principal compañía de articulos de consumo electrónicos de Japón. Aunque Oftel, el ente regulador británico, aceptó este acuerdo, la UE decidió estudiar el tema y considera la posibilidad de bloquearlo.
El último recurso La ventaja del cable en Estados Unidos y del satélite en Gran Bretaña surge de lo que los reglamentadores llaman "ventaja del que mueve primero": llegaron primero. Por cierto que ambos dominan sus respectivos mercados. Pero imponer controles de precios o impedirles a empresas entrar a un mercado, deben ser medidas de reglamentación de último recurso. En este momento, en Estados Unidos la competencia no basta. La gran esperanza era que viniera de la televisión digital distribuida por satélite. Pero no ha sido así, en gran medida porque a los norteamericanos les gusta la programación local; por motivos técnicos y legales los satélites no pueden redifundir señales locales. Esos problemas pueden llegar a resolverse: las compañías de satélite pueden superar las vallas técnicas y el proyecto de ley del señor McCain tiene por objeto eliminar las trabas legales. Pero si estas medidas no logran promover la competencia, probablemente haya que volver a reglamentar el cable.
En Gran Bretaña la cuestión es más inmediata. El dominio de BSkyB no es sólo resultado de que llegó primero. La competencia también estaba fragmentada y era incompetente. Ahora la empresa está empezando a perder ventaja. Se han reducido las ganancias, el valor de sus acciones se ha desmoronado y el cable está conquistando más suscriptores nuevos que el satélite. Por eso BSkyB quiere embarcarse en la televisión digital antes que nadie; y esto también explica por qué está tan interesada en un joint venture, en el que sus socios pongan el dinero para subsidiar las cajas que irán arriba del receptor para decodificar las señales digitales. Una vez que sus cajas estén en cada hogar, BSkyB espera tener una nueva ventaja por ser el que movió primero. Eso es exactamente lo que preocupa a la comisión. Así que la cuestión es: ¿la BIB tendrá competencia real?
La respuesta, probablemente, sea sí. La ley ya requiere de la BIB que le dé a los programadores satelitales que quieran competir con BSkyB acceso a las cajas que van sobre el televisor en términos "justos, razonables y no discriminatorios". A Oftel le corresponde decidir lo que eso signifca. Y no hay nada que impida a las firmas de cable vender sus propias cajas subsidiadas, con sus propios paquetes de canales. Además el cable, en el que los mensajes pueden ir y venir, es mucho más adecuado que el satélite para la era interactiva.
Sin embargo, si bien los reglamentadores no deben ahogar a BIB, sí deben mirar con desconfianza. No hay que dudar de que, si a BSkyB le dan media oportunidad, va a monopolizar el mercado de la TV digital del mismo modo en que el cable monopoliza la TV paga en Estados Unidos. La tarea de los reglamentadores es aplicar la vigilancia extra que sea necesaria para impedirle hacerlo. Eso significa considerarlo dominante, de lo que fluye un conjunto especial de restricciones para sus actividades. Pero, por el momento, no merece un régimen tan estricto como las empresas de cable de Estados Unidos.






