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Algo no salió bien

El novedoso negocio "de película" que terminó borrado de la escena

Carlos Manzoni
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29 de junio de 2020  • 00:41

David Cook empezó a preocuparse a principios de los ochenta, cuando el sector petrolero para el que él trabajaba entró en crisis, pero fue justo en ese momento en el que, a instancias de su esposa, inició un emprendimiento llamado Blockbuster, que se convertiría en la mayor empresa de alquiler de películas en el mundo, que se erigiría como símbolo de una época y que, finalmente, acorralado por una serie de circunstancias adversas se derrumbaría y terminaría liquidado en 2011.

En efecto, la semilla de Blockbuster se sembró en Dallas, Texas, y germinó por primera vez el 19 de octubre de 1985, cuando abrió sus puertas el primer local de lo que luego sería una cadena. Su creador, el mencionado Cook, era responsable de una empresa de software para compañías petroleras que se quedó sin trabajo cuando el sector entró en crisis en los ochenta.

Aconsejado por su esposa Sandy, decidió aplicar sus conocimientos sobre bases de datos para crear una franquicia de alquiler de cine doméstico. Para distinguirse de la competencia, su establecimiento se adaptó a la demanda con un catálogo más amplio, de hasta 6000 videos; alquileres más largos para que el cliente pudiera llevarse varias cintas, y un sistema automatizado con el que detectaba las preferencias de los consumidores.

"El alquiler de videos en Blockbuster duraba 3 noches, y en sus tiendas podían acceder incluso los niños, ya que no ofrecían al mercado películas para adultos y además que atendían todos los días de la semana hasta altas horas de la noche", se describe en Tiempos de Negocios, una revista regional digital que aborda diferentes temáticas de interés sobre desarrollo e inversión.

La clásica fachada de las tiendas de Blockbuster
La clásica fachada de las tiendas de Blockbuster

En menos de dos años, Blockbuster ya contaba con 15 tiendas propias y 20 franquiciadas. En 1987, Cook vendió una participación mayoritaria a un grupo inversor liderado por Wayne Huizenga, por US$18 millones y un porcentaje sobre los beneficios. Se mantuvo la idea original, pero se agregaron ciertos condimentos: se adoptó un nuevo sistema de distribución y se firmaron numerosos acuerdos con productoras de cine directo para video.

Además, se puso énfasis en absorber cadenas de videoclubes, para anular así a su competencia. Gracias a su mayor catálogo: mientras un videoclub tradicional contaba con 500 títulos, Blockbuster exponía más de 5000 en cada local. Podía hacerlo, porque los acuerdos directos con las productoras le permitían pagar mucho menos por cada cinta.

En 1989 salió a conquistar el mundo y llegó a estar presente en 15 países, de Europa y América Latina, desde Inglaterra hasta Perú, pasando, por supuesto, por la Argentina. El negocio era tan apetitoso que en 1994 lo compró Viacom por más de 7700 millones de dólares.

Tal como se relató en el diario El Tiempo, de Bogotá, Colombia, en un momento la compañía pasó a llamarse Blockbuster Entertainment Group, ya transformada en una empresa global de entretenimiento, con intereses de negocios en videos (Blockbuster Video); música (Blockbuster Music), y zonas cubiertas de entretenimiento para niños (Discovery Zone). "En el tiempo que transcurrió desde que Huizenga asumió el control y se fusionó con Viacom, su capitalización de mercado aumentó más del 22.000% y los ingresos se incrementaron, de US$7 millones en 1987 a US$4000 millones en 1994", detalla esa publicación.

A mediados de los noventa el gigante se consolidó como rey indiscutible del alquiler de películas, primero de VHS y después, de DVD. En 1998, controlaba 25% del negocio mundial, contaba con 9000 locales y había efectuado una oferta pública de venta por la que recaudó más de 465 millones de dólares.

Aquel videoclub solitario que había nacido por la necesidad económica de un hombre, se había convertido ahora en un monstruo del alquiler de películas, era sinónimo del cine en casa y facturaba millones de dólares en el mundo entero. Estaba en su mejor momento. Pero. siempre hay un "pincelazo" que lo arruina todo.

A principios de la década de los 2000 aparecieron nuevas formas de consumo, como el alquiler por correo; se desató la guerra de precios de los DVD, que dejó sus valores por el piso, y explotó la piratería, que permitió tener cualquier película por centavos.

Días finales de Blockbuster
Días finales de Blockbuster

Todo eso, pegó en la mandíbula del Blockbuster, pero lo que le dio el golpe de gracia fue la irrupción de las plataformas de streaming, con Netflix a la cabeza (Blockbuster había tenido la oportunidad de comprar Netflix por un precio que hoy parece irrisorio, pero decidió no hacerlo porque entendió que era mejor que la gente siguiera yendo a sus tiendas).

Al ver el surgimiento de estas páginas que alquilaban películas en línea, Blockbuster intentó hacer lo mismo para seguir atrayendo clientes y lanzó Blockbuster Online en el año 2004. "Sin embargo, esto no dio frutos pues las películas que se alquilaban podían ser compradas en un periodo de tiempo más tarde y resultaba aún más barato que el alquiler continuo", se relata en Tiempos de Negocios.

Así dadas las cosas, el monstruo trastabilló hasta 2010, año en que declaró su bancarrota con una deuda superior a los US$1000 millones, no pudo reestructurar ese monto y fue liquidado en 2011. Uno a uno, sus locales cerraron las puertas. Se terminó así la historia de la empresa de alquiler de películas más grande del mundo, que fue todo un símbolo de su época.

* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (martes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.

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