El papelito que se convirtió en culebrón de especulaciones
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Un miembro de la mesa fundadora del Pro le hizo ayer por la tarde un chiste a Luis Caputo . "Si no te conociera -le dijo-, pensaría que sos un genio". El ministro de Finanzas, que se había preparado durante varias semanas para exponer en el Congreso, venía de terminar ese examen del modo menos pensado: sonriente. Hacía tiempo que el macrismo estaba inquieto por la manera en que se defendería quien se ha convertido, a fuerza de urgencias de financiamiento, en uno de los funcionarios más relevantes del Gobierno. Caputo es algo así como el garante de un gradualismo sólo solventable mediante deuda a tasas razonables. Por eso ayer, luego de cuatro horas de sesión, y apenas le dijo al senador José Mayans (FPV), conductor del debate, "Vamos porque igual ya estoy muerto", en la Casa Rosada festejaron el empate como victoria. "Siete a cero", exageró un diputado ante este diario.

Tanto optimismo residía más bien en el día después. Si bien la mayoría valoraba la forma en que el ministro acababa de contestar todas las preguntas de la oposición, más celebraron al advertir que el escándalo desencadenado por el mensaje que había exaltado a Gabriela Cerruti pasaría a ser, de ahí en más, el verdadero tema de conversación de un país poco propenso a profundizar en sus discusiones políticas.
"¿Qué se cree, que soy una minita con la que está tomando una cerveza en un tercer tiempo?", gritó en el recinto la diputada, que después repitió el argumento y la metáfora ante las cámaras de C5N.
Fueron ese enojo y el posterior levantamiento del debate lo que, exactamente a la inversa, ofuscó al mismo tiempo a algunos legisladores del Frente para la Victoria. "Y encima la tengo que defender", protestó uno por lo bajo ante la consulta de LA NACION.
Es cierto que varios de ellos se habían quedado con las ganas de intervenir. Por ejemplo el camporista Luis Rodolfo Tailhade, abogado, ex miembro de la Inspección General de Justicia (IGJ), que había preparado cuadros estadísticos y preguntas que el ministro venía esquivando o contestando con generalidades. El principal cuestionamiento de Tailhade tenía cifras: era un detalle de las ganancias que la sociedad Axis, manejada por Caputo hasta que asumió como funcionario, había tenido en el lapso comprendido entre el 22 de noviembre de 2015, día del ballottage en que Macri derrotó a Scioli, y el 4 de diciembre en que el futuro ministro renunció a ese vínculo.
En Cambiemos lo niegan, pero es imposible que el "papelito" de Caputo no haya tenido cierta meditación previa. Primero, porque sabía que Cerruti seguía en el orden de la lista de oradores a quien estaba exponiendo en ese momento, Fernando Solanas. Y después porque el mensaje contestaba a una acusación que la diputada no había llegado a plantear esa mañana sino varios días antes, en el programa Intratables, por el canal América, cuando dijo que una de las firmas off shore había quedado a nombre de la hija del ministro. "Mis hijas tienen 11 y 13 años, no seas tan mala", le escribió Caputo sonriente, en una actitud que sonó a desprecio de trader de mercados financieros globales y por la que después pidió disculpas públicas.
Por la noche, desde Olivos, un macrista le restó importancia al episodio. "Yo sé que todo parece ideado por Durán Barba, pero él está en Washington: no somos tan genios", dijo.
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