
El peligro de los monopolios legales
Advertencia: según el ex-presidente de la Nación, los sistemas de patentamiento impiden el acceso de los medicamentos a todos los sectores de la sociedad.
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En su edición de ayer, La Nación da cuenta de una entrevista realizada al secretario de Comercio de los Estados Unidos, William Daley, en la que afirmó que la Argentina "no va a conseguir inversiones... si las empresas sienten que sus derechos van a ser robados".
El matutino informa que, según cálculos de la industria farmacéutica norteamericana, los laboratorios de ese origen sufrirían pérdidas del orden de los quinientos millones de dólares anuales, como consecuencia de una inadecuada protección de sus derechos de propiedad intelectual.
Empecemos por reconocer que los sistemas de patentamiento constituyen un importante instrumento para el desarrollo económico y social de la humanidad, porque los nuevos productos no son el fruto de un proceso gratuito o que se produzca por azar, por lo que debe aceptarse la existencia de sistemas especiales de reconocimiento y de incentivación de las diversas actividades de innovación.
Modalidades abusivas
Pero lo dicho no significa que hay que aceptar ni convalidar las modalidades abusivas de los sistemas de patentamiento pensados y orientados para los países más desarrollados, donde, digámoslo de paso, ya sufren fuertes cuestionamientos, en virtud de que se advierte que, paradójicamente, crean limitaciones al proceso innovador, porque funcionan sobre la base de crear una escasez artificial en la producción y comercialización de las innovaciones, al asegurar el monopolio de la respectiva producción.
En otras palabras, el sistema se basa en la restricción, en el encarecimiento, en la inaccesibilidad del producto para sectores importantes de la población.
Nadie quiere dejar de pagar y respetar los derechos a la propiedad intelectual. De lo que se trata, y nada menos que en materia de medicamentos, es que los mismos sean accesibles a todos los sectores de la sociedad.
No a los monopolios
Lo que se quiere, entonces, es que exista la posibilidad de producir y vender las innovaciones medicinales, pagando los royalties que correspondan, pero sin admitir que se creen monopolios legales que pueden llegar a impedir su utilización.
No se trata en consecuencia de robar, ni de piratería, sino de una forma de comercialización que atienda como corresponde las ganancias de los investigadores, sin olvidarse de los enfermos.
En tiempos en que tanto se habla de globalización, resulta una verdadera incongruencia insistir en definiciones como las del señor secretario de Comercio de los Estados Unidos, que no significan otra cosa que impedir humanitarias transferencias del conocimiento desde el desarrollo, hacia el Sur, cada vez más sometido y humillado.




