El regreso a los tiempos de la ambigüedad

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26 de octubre de 2019  

La noticia volvió a ser un aviso publicitario. También muy comentado, como lo fue la semana pasada el que Mercado Libre había lanzado durante los cortes del debate presidencial, pero, esta vez, bastante más ambiguo. Lo publicó Flybondi, la pesadilla del sindicalista aeronáutico argentino. "El cielo es de todos", dice, con la palabra "todos" en mayúsculas y la "o" final reemplazada por un avión que apunta en diagonal hacia arriba. Polisemia en plena campaña: ¿fue un guiño al Frente de Todos? ¿Un mensaje a Macri? ¿Un reclamo anticipado para Alberto Fernández, que no solo rechaza cualquier política de cielos abiertos, sino que dijo que Guillermo Dietrich, secretario de Transporte, debería avergonzarse porque Flybondi "amenaza con desguazar Aerolíneas Argentinas y el sistema de vuelos estatales"?

Hay que admitir que la pieza, confeccionada por la agencia Palo, es al menos oportuna. "Cada tanto nos gusta colarnos en la agenda de opinión pública -dijeron en la empresa ante la consulta-. Esto no tiene que ver con la cercanía de las elecciones, sino con los temas que se hablan en ese contexto. Nos pareció que estaba instalado el tema de la conectividad, por eso nos gustó salir con este mensaje ahora". En el Gobierno son bastante menos líricos para la interpretación: a más de un funcionario le molestó. "Quieren quedar bien: hemos jugado mucho a favor de ellos", admitió un ministro a este diario.

La gestión aerocomercial de Macri representa, junto con la recomposición en la oferta de luz, gas y petróleo, uno de los pocos ámbitos en los que la Casa Rosada puede mostrar resultados tangibles. Al cabo de este año, la cantidad de pasajeros transportados habrá aumentado desde 2015 de 22 millones a 32 millones, cifra nunca alcanzada en la historia de la aviación argentina, y equiparará aquí por primera vez en 20 años el volumen de tráfico internacional con el de cabotaje. Pero es también el terreno donde más rápidamente se percibirá el contraste entre las intenciones iniciales del Presidente (el sueño de un país liberal donde primaran las condiciones del mercado) y lo que obtuvo hasta ahora al cabo de dos corridas cambiarias y una recesión asfixiante: una Argentina donde los conflictos no se dirimen según la voluntad de los usuarios, sino entre corporaciones.

Es lo que parece anticipar esta publicidad lanzada en un contexto de extrema sensibilidad política. No son tiempos para susceptibles. La relación de Macri con el mundo empresarial no había sido del todo buena, pero se terminó de tensar en las semanas posteriores al 11 de agosto. Con Del Caño y Espert, a quienes no les llegó invitación, fue uno de los ausentes del ciclo que la cúpula de la Unión Industrial Argentina organizó con candidatos. En su lugar envió a Pichetto, que empezó la reunión con un reproche sobre las nuevas afinidades del establishment con Fernández. El candidato a vicepresidente hurgó en una herida latente: como gran parte de los empresarios decidió respaldar a principios de año a Lavagna y este no terminó recabando las adhesiones esperadas, quedaron ahora expuestos al regreso de quien más temen: Cristina. "Roberto está grande", dijo Pichetto, que era en aquel momento uno de los aspirantes a la presidencia en el proyecto de Alternativa Federal. Era marzo o abril, días de completa indefinición. "Lavagna se demora y no sabe que hay muchos de nosotros esperando que se largue para apoyarlo", dijo entonces a este diario el propietario de un grupo nacional. El final de la historia es conocido: la expresidenta sorprendió ungiendo a Fernández, ganó las primarias y reconfiguró los anhelos industriales, que ahora aspiran a que, en el mejor de los casos, no interfiera en la administración mientras no se vea comprometida por la Justicia. Instinto de supervivencia.

En ese encuentro en la UIA, que se hizo el lunes, los anfitriones empezaron cuestionándole a Pichetto y a quien lo acompañaba, Dante Sica, que el Gobierno no hubiera tomado medidas para el sector. "Pueden discutirme la tasa, pero no decir que no existió una política industrial", se defendió el ministro. Los empresarios se remontaron al principio de la gestión de Macri, cuando, dijeron, percibían hasta una subestimación en el discurso hacia ellos. Pero son disidencias que hacen explícitas ahora, cuando dan por descontado un triunfo de Fernández. Es cierto que Macri nunca les hizo sentir el rigor de sus respectivas posturas. En abril, Julian Cook, fundador de Flybondi, un inglés que dejó su país para invertir aquí, le escribió al Presidente una durísima carta personal que ni la empresa ni el Gobierno dieron a conocer. En su idioma natal, Cook, que hizo el vuelo inaugural de la compañía el 26 de enero de 2018 -3 meses antes de la corrida que terminaría con lo que hasta el momento era una marcha irreversible hacia la reelección-, decía que se sentía defraudado: había apostado por el país, venido a vivir con su familia y supuesto medidas más enérgicas para el sector. Agregaba que estaba seguro de que Macri ganaría las elecciones, pero que eso sería más por demérito de la oposición que por aciertos propios, y que de todos modos lo seguiría apoyando.

La carta le valió una invitación a la Casa Rosada, donde el empresario tuvo la oportunidad de conversar con Macri y con Dietrich. Hay otra Argentina, no necesariamente mejor, desde entonces. Y, mientras no se resuelva quién será el próximo presidente, la estrategia empresarial es la de no mostrarse terminante. "La UIA apoya políticas, no candidatos", se defendió Miguel Acevedo, presidente de la UIA, de las recriminaciones de Pichetto. En política siempre es más sano ser ambiguo. Ideal para que los publicitarios dejen volar su creatividad.

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