El sueño americano no es tener casa, sino alquilarla
PALMDALE, California.- La profesora Shana Richey echa de menos la habitación que decoró con calcomanías para sus hijas. El bombero Jay Fernández añora el green de golf de su jardín.
Pero desde que dejaron de pagar sus hipotecas y abandonaron sus casas, han descubierto que renunciar al sueño americano tiene sus ventajas.
Ahora ambos viven en alquiler en el número 3100 de una lujosa cuadra del Club Rancho Drive en Palmdale. Richey tiene un departamento con piscina para las niñas y Fernández tiene uno con vista a un campo de golf, todo por una ínfima parte de los pagos mensuales anteriores. "Realmente, es una mejor vida", dice Richey. Antes de dejar de pagar su hipoteca, debía unos US$ 230.000 más de lo que valía la casa.
La creciente disposición de la gente a abandonar su propia parcela de Estados Unidos ilustra un cambio paradójico causado por el colapso del mercado de bienes raíces: pese a que empaña el concepto casi sagrado de la propiedad inmobiliaria, también está despejando el camino a una recuperación económica.
Gracias a una inusual confluencia de factores, como hipotecas muy superiores al valor de la vivienda y alquileres a precios de saldo, un número creciente de familias ha concluido que el nuevo sueño americano es alquilar.
Algunos no lo están pensando dos veces para dejar atrás sus casas e hipotecas, y otros simplemente dejan de pagar hasta que el banco los desaloja. Eso está dejando dinero para otras cosas. La familia de cinco de Richey usó parte del dinero extra para comprar entradas para Disneylandia y planea hacer un crucero a México en marzo. Fernández lleva a su novia a cenar fuera con mayor frecuencia.
El índice de propiedad de vivienda de Estados Unidos ha registrado su mayor declive en más de dos décadas, desde 69,2% en 2004 a 67,6% en septiembre de este año.
La firma de evaluación de crédito Experian y la consultora Oliver Wyman predicen que "las cesaciones de pagos estratégicas" por parte de propietarios de vivienda que en realidad sí pueden pagar probablemente superarán un millón en 2009, más de cuatro veces el nivel de 2007.
Si uno de cada cinco hogares entra en cesación de pagos, las pérdidas para bancos e inversionistas podrían superar los US$ 400.000 millones. El lado positivo de esas pérdidas, sin embargo, es una deuda mucho menor que puede ayudar a compensar el aumento del desempleo y poner efectivo en los bolsillos de los consumidores.
Para los 4,8 millones de hogares de EE.UU. que según el proveedor de datos LPS Applied Analytics no han pagado sus hipotecas en al menos tres meses, el efectivo extra disponible podría sumar US$ 5000 millones al mes. Se trata de una inyección que a largo plazo podría valer más que las exenciones fiscales en el paquete de estímulo económico del gobierno de Barack Obama.
"Es un estímulo encubierto", dice Christopher Thornberg de Beacon Economics, una consultora especializada en bienes raíces. "Entre más pronto esta gente de deshaga de sus deudas, más rápido se saneará y volverá a salir adelante la economía".
A medida que disminuye el estigma de abandonar una hipoteca, el gobierno de Obama podría verse en una lucha contra la corriente en su esfuerzo por ayudar a la gente a retener sus hogares al presionar a los bancos para que reduzcan sus pagos hipotecarios. Algunos analistas argumentan que esa no es siempre la mejor estrategia, sobre todo si eso impide a la gente deshacerse de deudas onerosas y empezar de nuevo.
"El efecto de estos programas es con frecuencia que los propietarios de vivienda tomen decisiones que no son las que más les convienen en términos económicos", dice Brent White, un profesor de derecho en la Universidad de Arizona que ha estudiado cesaciones de pagos.




