Embarazos, crimen y educación bajo la lupa de economistas: lo freak que es chic

Javier Finkman
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8 de febrero de 2015  

Quince años atrás, un artículo científico que circulaba como documento de trabajo causó un revuelo enorme. La hipótesis del artículo, respaldada empíricamente, sostenía que la legalización del aborto en los años 70 explicaba más o menos la mitad de la fuerte reducción del delito en los años 90. O, como lo resumió uno de sus autores, Steven Levitt: "Los embarazos no deseados resultan en altas tasas de criminalidad; el aborto lleva a menos embarazos no deseados; el aborto da lugar a menos crimen".

En agosto de 1998, el Chicago Tribune había publicado un resumen del artículo y a los dos años se difundió en uno de las principales revistas de la profesión. El salto a la fama de Levitt fue inevitable. Había nacido ese campo u orientación de la economía que hoy llamamos freakonomics y cuyo principal divulgador local, Sebastián Campanario -habitual autor de esta columna-, denominó "economía de lo insólito".

Levitt, junto con el escritor Stephen Dubner, publicó en 2005 un libro de divulgación, llamado justamente Freakonomics, que lleva vendidos 5,5 millones de copias en 40 idiomas diferentes y que dio lugar a una columna regular en The New York Times, un blog, podcasts, y hasta una película. Le freak c'est chic: Freakonomics se puso de moda prácticamente en todo el mundo occidental.

La popularidad de freakonomics es difícil de explicar y probablemente tenga un buen componente de "el ganador se lleva todo", una dinámica que sirve para explicar las enormes diferencias de ingresos entre Google, Messi, Miley Cyrus y sus respectivos competidores. Otro ingrediente del éxito del libro de Dubner y Levitt son los temas abordados, inusuales y más llamativos, que aquellos que forman parte del repertorio usual del economista típico.

Dejando las crisis de lado, somos pocos los que nos excitamos con temas como la inflación y el desempleo. En cambio, Levitt y Dubner desenmascaran a maestros que hacen trampa y luchadores de sumo; cuentan cómo los agentes inmobiliarios venden más baratas las propiedades ajenas que las propias; se ocupan de la economía de los vendedores de drogas; de los nombres que le ponemos a nuestros hijos, y de tantos otros temas.

Los ensayos de Levitt son siempre una combinación de una hipótesis llamativa con análisis empírico. Además está la retórica, porque Levitt escribe bien y Dubner mejor aun; seguramente ese es otro de los ingredientes clave en la explosión de freakonomics. Aunque el artículo seminal, que relaciona aborto con crimen, de Levitt y John Donohue fue luego revisado y criticado desde diferentes ángulos, hoy es casi sabiduría convencional en la opinión pública, que conoce mucho menos las objeciones de los especialistas. Su audacia es, también, una razón de su éxito. La provocación tiene enorme valor en la generación de interés, como prueba la estrategia de algunas marcas, y claro... ¡De algunos políticos!

Pero, ¿en qué sentido es la economía de lo insólito una novedad? En 1975, James Buchanan y Gordon Tullock publicaron un libro titulado El nuevo mundo de la economía, donde utilizaban el análisis económico también en temas diferentes al portafolio usual de la profesión. En ese entonces, los académicos se ocuparon del sexo, la muerte, la educación, el matrimonio y el divorcio, entre otros, siempre desde la mirada económica. Y, por supuesto, está el caso de Gary Becker, que en 1992 recibió el premio Nobel por pensar, desde la economía, aquellos temas que antes estaban reservados a los sociólogos y psicólogos, como la organización familiar, las adicciones, la discriminación racial, o el crimen.

Es difícil argumentar que freakonomics es una novedad absoluta, dado que ya había antecedentes de esta inclinación imperialista de los economistas. Empecemos por el parecido. Tanto en Levitt como en sus "antecesores" hay un fuerte énfasis en el rol de los incentivos y en el sistema de precios. Es decir, piensan como economistas. Si se entienden los incentivos, estará buena parte del camino ganado en cuanto a la comprensión del comportamiento. Para un economista, los argentinos ahorramos en dólares no porque tengamos alguna deformación cultural o una enfermedad congénita, sino porque probó ser una buena reserva de valor y porque las alternativas son menos atractivas desde el punto de vista de la rentabilidad (incluyendo costos de transacción y accesibilidad) y riesgo. Por ahí, después de tantos años, la dolarización es efectivamente un rasgo cultural y quién sabe si no hay algo en el agua que nos incline a comprarlos. Pero el método económico no mira en esa dirección, sino en la del costo de oportunidad.

Sin embargo, el parecido llega hasta ahí nomás. A diferencia de sus antecesores, freakonomics nació en la época de las computadoras y de abundancia de bases de datos, lo que permite el uso extensivo de la econometría y el data mining. Todos los artículos de Levitt cuentan con respaldo empírico, algo que no encontramos en sus ancestros, más inclinados a utilizar las "curvas" de oferta y demanda que estamos acostumbrados a ver en los libros de texto. El énfasis en la empiria es parte esencial de los trabajos de Levitt quien suele citar al político norteamericano Moynihan: "Todo el mundo tiene derecho a tener sus propias opiniones, pero no a tener sus propios datos" (aunque, como se sugirió más arriba, los datos que presenta Levitt en el caso de la causalidad entre aborto y delito están fuertemente cuestionados).

Además, Levitt investiga en la época del florecimiento de la economía conductista qué es el cruce de la psicología conductista y la microeconomía. Uno de los grandes exponentes de esta nueva corriente, Richard Thaler enseña en Chicago, como Levitt.

La concepción tradicional nos habla de mercados poblados por personas súper racionales, calculistas fabulosos e impermeables a sus emociones. Un mundo poblado de Doctor Spocks o, en términos más modernos, de Sheldons. O, como lo expresó nuestro Daniel Heymann, el problema con la economía es que "parece describir el comportamiento de gente increíblemente inteligente en situaciones inverosímilmente simples". ¿No deberíamos pensar a gente común en situaciones complejas?

Levitt hace uso, aunque limitado, de la nueva economía conductista. "Muchos de los «defectos» que la gente presenta cuando se desvía del comportamiento racional, pueden ser atribuidos a la complejidad del problema o a buscar una solución a ojo." Aunque, es importante decirlo, Levitt primero mira para el lado de los incentivos y después a los desvíos de la racionalidad. Así que, aunque influenciado por las anomalías detectadas y explicadas por la economía conductista, la búsqueda de datos y temas inusuales sigue siendo lo distintivo de Levitt de sus antecesores.

Lo que hace Levitt, freakonomics, no es en el fondo un nuevo campo en la economía. Ni siquiera una extensión de sus fronteras, que ya se dijo no es una novedad. Es buena práctica profesional: plantearse problemas y buscar y organizar los datos que permitan explicarlos usando las herramientas que la economía ofrece.

Si estás entre los que aún no experimentaron freakonomics, tal vez sea el momento para sumarte.

Una visión de la sociedad

Una relación polémica

Un artículo elaborado por dos economistas estableció años atrás que la legalización del aborto en los años 70 en EE.UU. exlicaba la baja del delito en los 90

Nueva mirada

Aquel estudio dio origen a lo que hoy se llama freakonomics, una manera de estudiar diferentes fenómenos sociales utilizando las herramientas que ofrece la economía

Provocar, atraer

Una de las claves para el protagonismo ganado por estos análisis es que son llamativos, despiertan debates y abarcan temas poco atendidos habitualmente por los economistas

Antecedentes

Entre otros casos, en 1975 dos economistas publicaron algunos análisis que abordaban temas que no habían sido vistos desde la profesión

El autor es economista

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