
Acoso laboral, una pesadilla
Jorge B. Mosqueira
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Los resultados recientes de un estudio que abarcó 109 trabajos durante 21 años indican que el acoso laboral es peor que el sexual. La tarea de investigación estuvo a cargo de Sandy Hershcovis, de la Universidad de Manitoba, en Canadá.
La conclusión es razonable. El acoso sexual tiene antecedentes que se remontan a la época en la que vivíamos en cavernas. Es más evidente y predecible, a la vez que cuenta con el apoyo de figuras legales que condenan esas situaciones.
El acoso laboral, conocido también como "mobbing" o "bullying", es bastante más sutil. No se trata sólo de insultos, comentarios negativos, difusión de rumores falsos o respuestas despectivas. Basta utilizar un arma más letal: la ausencia de respuesta; es decir, el silencio. La víctima sufre un desconcierto y deterioro que no puede probar fácilmente, ya sea que el acoso provenga de sus jefes o de compañeros de trabajo. Además, no hay figuras legales claras que le permitan defenderse de aquellas actitudes, ni en Canadá ni en la Argentina.
Ultimamente se han producido en nuestro país una serie de sentencias tendientes a reconocer el hostigamiento como despido. A la vez hay una ley que cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados donde aparecen las figuras de acoso laboral. En la actualidad, se encuentra en manos de los senadores, que deberían aprobarla.
Como se suele decir, estamos a punto de ingresar en un nuevo escenario laboral. Hasta ahora la mayor capacitación sobre estos casos la hemos recibido a través de las películas y series norteamericanas. Aparecen con frecuencia escenas donde un jefe reprime un comentario negativo ante su empleado por temor a ser acusado de acoso laboral y llevado al banquillo. Todo parece indicar que la industria del juicio, en Estados Unidos, goza de buena salud.
En nuestro país habrá que hacer un esfuerzo serio para acomodarse a esta nueva realidad, porque nuestros antecedentes no son favorables. Aún resuena, a modo de broma, aquello de que "a estos negros hay que hablarles así porque si no no entienden". Pertenece a una tradición latina, probablemente hispánica, donde la relación patrón-empleado, jefe-supervisado conserva matices medievales.
Las leyes suelen acotar los desbordes, para eso están, pero a veces dan origen a otros. No habría que asustarse por una posible catarata de juicios laborales. Lo que queda claro es que la relación del empleador con los recursos humanos demandará una calidad de gestión pocas veces conocida en toda nuestra historia del trabajo.
jmosqueira@ar.inter.net
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