Administración por valores
Por Ken Blanchard (Ed. Norma, 147 Págs.)
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Una vida demasiado febril o encaminada solamente hacia la consecución de logros materiales puede alejar a las personas de los verdaderos valores. Un ejecutivo y empresario de éxito se confronta con sus pobres relaciones familiares cuando en una reunión John Naisbitt enumeró las razones por las que las empresas mantienen su liderazgo. Es lo que le ocurrió a Ton Yeomans en el relato de ficción que desarrolla el libro Administración por valores (Editorial Norma).
En la vida hay tres actos que rigen la existencia: realizarse, fijarse metas y querer ser alguien. Muchas veces las personas fijan proyectos y propósitos siguiendo fines y deseos ajenos. Es lo que provoca grandes dosis de frustración y resentimiento. Cabe redefinir el propósito de la vida a partir de valores interiores. Del mismo modo que las empresas más exitosas del mundo hacen descansar su éxito en su eficiencia, también lo logran con una clara visión de sus metas y la comprensión y sumisión de sus miembros hacia sus valores.
Las compañías que triunfan se asientan sobre cuatro principios básicos:
- Calidad del servicio: que los clientes estén orgullosos de la misma y se conviertan en fuerza de venta;
- Dar a los empleados un ambiente motivador para que puedan trabajar sobre las metas de la organización;
- Que los propietarios y accionistas busquen la rentabilidad y se integren en busca del crecimiento;
- Que otros grupos significativos de la comunidad, acreedores, proveedores, contratistas, distribuidores o competidores, se alineen en pos de la responsabilidad compartida y confianza mutua.
La base de la Administración por valores es declarar como prioritarios los tres actos de la vida: realizar, conectar e integrar. Poner en práctica valores compartidos logrando la adherencia de la gente y concentrarse en prácticas y conductas organizacionales para asegurarse que sean compatibles con las intenciones declaradas y las metas de rendimiento.




