Arbusters: de la vulnerabilidad social al empleo tecnológico
El otro balance
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Mirar. "Hay dos sectores que no se miran: las empresas y los jóvenes de barrios populares". Lograr esa mirada y que de ella se derive la creación de puestos de trabajo, en particular en el sector de la tecnología, es la intención que se plantearon en su momento los fundadores de la empresa Arbusta. "No se conocen, no se piensan, no se buscan, no se consideran y, entonces, no se reconocen": así describen ese desencuentro de dos segmentos de la compleja realidad social los autores del libro La potencia del talento no mirado, de Carlos March, director de Inteligencia Colaborativa de la Fundación Avina y la periodista Andrea Vulcano.
Valiéndose de los testimonios de quienes tuvieron la iniciativa y también de trabajadores y de referentes de empresas clientes y del sector del software, los autores cuentan en un relato intenso la experiencia de Arbusta, nacida en 2013 al amparo de la desarrolladora de emprendimientos Njambre, con el objetivo de capacitar y dar empleo a jóvenes de entre 18 y 28 años que no tienen conocimientos previos de las tareas a desarrollar y que viven en situación vulnerable, ya sea por habitar barrios marginales o por otras razones del contexto.
Escuchar (y hacer escuchar). Ser una voz que interpela con hechos concretos a las voces que expresan determinadas creencias es lo que se propuso esta iniciativa, según relatan sus fundadores y directores, Paula Cardenau, Emiliano Fazio y Federico Seineldin. "¿Contratar a alguien que vive en un asentamiento? Mejor no; probablemente consuma o me robe" y "estos pibes no tienen cultura del trabajo", son dos de las frases, según mencionan, que expresan pensamientos que se hacen barreras.
Actuar. Para poner otra voz sobre el escenario y permitir que otras frases empiecen a surgir desde las propias experiencias, el esquema de negocios de Arbusta está basado en contratar a jóvenes para hacer trabajos en el mundo del software, que suele tener una demanda insatisfecha de trabajadores. Se ofrecen servicios a otras compañías, vinculados con las interacciones digitales de los negocios. Actualmente hay operaciones en Buenos Aires y Rosario, en la Argentina, y también en Medellín, Colombia, y en Montevideo, Uruguay. La empresa tiene 294 empleados, según cuenta a la nacionCardenau; 70% full time y 30% part time. En el 57% de los casos se trata de mujeres. Y hay, además, 180 jóvenes que pasaron por Arbusta y que ahora se desempeñan en otros lugares, mayoritariamente en firmas de tecnología que los convocaron "sin mirar adonde viven".
En la empresa se niegan a verse como un espacio de "personas que pueden, ayudando a otras que no pueden", o de "salvadores y salvados". Hablan, en cambio, de un concepto de reciprocidad. Y explican que "se combina el negocio con la intención genuina de transformación social, y la rentabilidad empresarial con la generación de riqueza colectiva".
Adaptarse. Editado en plena pandemia de coronavirus, el libro hace referencia a algunas cuestiones vinculadas a estos tiempos. Una es la adaptación que se logró para mantener las operaciones en forma remota, algo a lo que en un primer momento pensaron que no llegarían. Según Cardenau, ayudó el hecho de tener un programa de inteligencia emocional, con el que se proponen aprender, entre todos, cómo no quedar atrapados por las emociones, sin tampoco reprimirlas. Otra cuestión mencionada es que "en los barrios populares latinoamericanos, donde el hambre sigue siendo mucho más urgente que el virus", la economía se frenó con especial fuerza. Eso pasó, en parte, por los déficits de acceso a la tecnología, pero, sobre todo, porque en enorme medida la economía es, en esas zonas, autónoma e informal, lo cual la hace muy inestable. Es una razón potente, según plantean los fundadores de Arbusta, para que existan iniciativas de negocios de impacto que apunten a conectar mundos por lo general muy distanciados.
Aprender. "El conocimiento, como el amor, solo tiene valor cuando se comparte con otros", sostienen los autores de La potencia del talento no mirado. Cuentan que María Vallejos, cuando a sus 18 años y con dos hijas entró a la empresa, no sabía la diferencia entre software y hardware, "pero sabía que tenía que saber". María, con el tiempo, emigró a otro trabajo. Aun así, sigue siendo una "arbuster", como le llaman a quienes pasaron por esta iniciativa.
¿Y por qué Arbusta? "Quisimos representar, en una versión femenina del arbusto -una planta leñosa-, algo que, desde una semilla, tiene el potencial de ser raíz que luego se hace tronco, y de desplegarse rápidamente en ramas", explican los directores. El nombre en femenino tiene que ver con la intención de dar mayor impulso al empleo de ellas, que son quienes sufren con mayor intensidad los problemas del mundo laboral: las tasas más elevadas de desocupación y de informalidad se dan entre las mujeres jóvenes. Cuando a esas dos características se suma la de ser pobre, toma mucha mayor dimensión el desafío de lograr que haya miradas que se encuentren, para abrir caminos de oportunidades.
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