
El sensible mundo de las revistas internas
En el aeropuerto de Barajas, España, levantó vuelo un conflicto que no debió producirse. Justifica esta vulgar metáfora un hecho generado por la empresa aeronáutica Iberia, a través de su órgano de difusión interna, Iberiavión.
La historia se inicia con un episodio sufrido por Raquel Miguélez Cartón, quien llegaba a su trabajo el 13 de septiembre último. Mientras ingresaba al acceso de estacionamiento del personal, otro auto embistió al suyo por detrás.
Cuando Raquel salió de su vehículo para intercambiar los datos del seguro creyendo que se trataba de un accidente, uno de los individuos del otro automóvil le arrebató las llaves. En el forcejeo, la mujer trató de evitar el robo, sujetándose a la ventanilla del conductor. Una maniobra de quien conducía hizo que cayera delante del vehículo y fuera arrollada por éste. Los delincuentes huyeron, la mujer quedó malherida y murió antes de que pudiera ser socorrida.
El crimen motivó una sentida carta, redactada por la Sección Sindical, afiliada a una de las centrales obreras de España, la CCOO, para ser publicada en la revista interna de la empresa. Dicha carta fue difundida a través de aquel medio, pero agregando un comentario dirigido a los lectores, aclarando que "no suele publicar notas de este tipo porque somos muchos y desgraciadamente muchos han sufrido accidentes o problemas graves". Acto siguiente, el sindicato envió a todos los trabajadores una nota de protesta por el trato recibido por la empleada fallecida en la revista, instando a que "no consintamos a que nos impongan una deshumanización en la que seamos meros números de nómina".
La situación planteada pone en foco la importancia, el impacto y las características particulares que tienen las publicaciones internas de empresa, a menudo tratadas como una formalidad. Cualquier medio masivo puede equivocarse en la difusión de noticias y comentarios, pero el efecto se diluye en mucha mayor medida que cuando se trata de una publicación focalizada en un círculo más estrecho. Las revistas internas (o house organ) se dirigen a un segmento de público muy cercano y, en la práctica, casi personalizado.
Se suma, además, la dificultad de atravesar distintos estamentos de lectores, desde los más sofisticados hasta los de menor hábito de lectura, por lo que cada palabra u oración requieren ser claras y atrayentes para todos. Como si fuera poco, se trata de la palabra oficial de la empresa donde se trabaja, apuntando a una realidad inmediata y cotidiana.
Por eso la redacción de una revista interna exige, por lo menos, dos condiciones: un conocimiento profundo de los temas sensibles a esa microsociedad y una redacción adecuada a los distintos modos de lectura, lo que impone un margen muy estrecho de elección de temas y su desarrollo.
Uno de los desvíos más frecuentes es considerar la revista interna como una pieza publicitaria, donde siempre aparecen los resultados positivos y exitosos, excluyendo todo aquello que exponga los defectos o las desgracias que, por definición, encontraremos en toda organización humana. Es así como se convierte en un simple papel impreso poco creíble y esto mismo puede suceder en las versiones electrónicas.
El ejemplo expuesto es paradigmático. Se declara abiertamente que las desgracias no tienen cabida en ese espacio concedido por la empresa.ß





