
Hacia una nueva definición de lo que se considera trabajo
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Si no hay empleo para todos, pero todos deben tener derecho al trabajo y todos pueden hacer algo, basta con ampliar el campo de lo que se considera como trabajo De Dominique Medá. El trabajo. Un valor en peligro de extinción , Gedisa, 1998, Pág. 237
El trabajo ha adquirido varios siginificados.
Primer escenario: el crear, transformar, modificar la realidad, se realiza mediante algún esfuerzo, ya sea físico o intelectual. Es el medio de trascender, saltar más allá del corto tiempo que disponemos y autorrealizarse en vida. Para eso es necesario contar con un ámbito y una tarea. En suma, una posibilidad. Si ésta no existe, también desaparece el sentido de muchas acciones humanas, el porqué y el para qué vivir. La carencia cala hondo. No es un asunto superfluo ni siquiera para aquellos que tienen un empleo.
Segundo escenario: el trabajo considerado como el vínculo social por excelencia, el que conforma la trama de convivencia y el aporte al bien común. No en vano, al conocer a alguien por primera vez, la segunda pregunta -explícita o no- es: "¿A qué te dedicás?" En este punto se cruzan las coordenadas que ubican al individuo en una posición determinada, define qué lugar ocupa en el mundo, cuánto y cómo contribuye. El carecer de una actividad lo diluye, lo despoja de identidad frente a los otros, incluyendo su familia. No es necesario abundar en detalles sobre estas situaciones. Hemos experimentado -y lo seguimos haciendo- situaciones desgarradoras. Propias, de parientes o vecinos. Pero no confundamos. La necesidad de trabajar no tiene por qué ser producto de un apetito por esforzarse, sino por integrarse a la sociedad.
Tercer escenario: para vivir hay que comer. Los alimentos se adquieren mediante dinero. El dinero se obtiene legalmente a través de un trabajo remunerado, por rentas, jubilación o por caridad. Las otras opciones -prostitución, robo, etcétera- están penalizadas. Por lo tanto, quien no contara con ninguna de las alternativas legales debería morirse, evitando delinquir.
Los distintos escenarios pertenecen a una configuración cultural de poco más de doscientos años. Si colocamos en medio de todos ellos a un individuo carente de empleo obtendremos una situación trágica. Si los protagonistas fueran multitud, estamos frente a la posibilidad de genocidio. Aquí intervienen los planes sociales, como parches que permitan llegar, con menor grado de horror, hasta una nueva definición de trabajo.
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