La hora de los ingenieros

Con el repunte de la economía, la ingeniería aplicada a la industria resulta hoy una de las carreras más promisorias; sus razones
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8 de abril de 2007  

La industria crece. Y en los últimos años, este crecimiento sostenido mostró la escasez de una pieza clave del rompecabezas: los ingenieros.

El sector productivo cada vez requiere más profesionales de esta especialidad, pero la matrícula en las universidades no aumenta al mismo ritmo que las necesidades de la industria. El campo de aplicación de las distintas ingenierías es amplio, pero algunas parecen atraer a los estudiantes más que otras.

Ingeniería Industrial es una de ellas. Según Benito Alvarez Ovide, secretario académico del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), alrededor del 46 por ciento de los alumnos que ingresan elige esta disciplina. Muchos encuentran la clave del éxito de esta carrera en la visión global sobre los procesos industriales que otorga: brinda una importante formación técnica, pero también tiene en cuenta la comercialización. "En los últimos años, las empresas financieras y los bancos están incorporando ingenieros industriales porque, además de su formación económica, manejan modelos matemáticos muy avanzados, muy útiles para controles de auditoría", explica el secretario académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Juan Carlos Fernández.

Además, gracias a una mirada que integra aspectos tecnológicos, económicos, y sociales, un ingeniero industrial puede hacer proyecciones de negocio, optimizar los procesos y mejorar la calidad (entre otras cosas, para obtener certificaciones como las normas ISO).

El sector industrial, por su parte, no siempre coincide con las preferencias de los estudiantes, y "en algunas ingenierías, hay más pedidos en el mercado que egresados", comenta Guillermo Parra, subsecretario académico de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).

Una de las especialidades más requeridas es la Ingeniería Electromecánica.

"En especial en las industrias del interior -agrega Parra-, y en las pequeñas y medianas empresas." Como su nombre lo indica, esta ingeniería combina los campos de acción mecánico y eléctrico, y entre otras cosas, el egresado puede ocuparse de la dirección y el mantenimiento de talleres y fábricas, o de sistemas e instalaciones de generación, transporte y distribución de energía eléctrica, mecánica y térmica.

La recuperación de la industria también incrementó notablemente el pedido de ingenieros mecánicos. En la actualidad, casi todos los procesos de producción incorporan la mecánica y estos profesionales están capacitados para ocuparse de automotores, herramientas, aviones, trenes, puentes, turbinas y otras maquinarias. Como explica Parra: "Pueden trabajan en la línea de montaje de cualquier industria, por ejemplo, la automotriz, que crece con un ritmo sostenido".

Con objeto de facilitar el nexo entre las diversas especialidades, esta carrera en el ITBA ofrece una focalización en mecatrónica, que estudia el control de los elementos mecánicos a través de dispositivos electrónicos. Para Alvarez Ovide, "el desafío es formar profesionales que puedan tener una visión integral, que trabajen en equipo y que, más que los contenidos en sí, sepan utilizar las herramientas".

Según Juan Carlos Fernández, en la UBA una de las ingenierías con baja matrícula y alta demanda es la Electricista: "En tercer año todos nuestros alumnos ya están trabajando". Los egresados pueden desempeñarse en cualquier empresa que maneje maquinarias eléctricas o en la generación y transmisión de energía. Además, están capacitados para diseñar el sistema de iluminación de edificios y contribuir al uso eficiente de los recursos eléctricos. El desarrollo de este tipo de tecnología depende de las condiciones locales, y es muy difícil importarla, por eso estos profesionales son cada vez más buscados.

Algo similar ocurre con la Ingeniería Electrónica, especialmente con la rama de comunicaciones. "Cuando privatizaron las empresas de telefonía trajeron profesionales del exterior; pero ahora, por los costos, están incorporando ingenieros locales", explica Fernández.

Sus posibilidades están en entidades financieras, áreas de energía, laboratorios, fábricas, petroleras, líneas de montaje, sectores de calidad, constructoras, entre otras.

La nueva ingeniería

Además de las tradicionales, hace unos años viene creciendo una nueva carrera: la Ingeniería en Alimentos. Para desarrollarla, en la Universidad de Buenos Aires trabajaron en conjunto las facultades de Agronomía, Ciencias Exactas y Naturales, Ciencias Veterinarias, Farmacia y Bioquímica e Ingeniería.

Los alumnos pueden cursar un primer ciclo en estas facultades y solicitar mediante un formulario y una entrevista el ingreso a esta ingeniería de segundo ciclo. Con un fuerte enfoque interdisciplinario, durante los últimos dos años (de los seis que dura la carrera), los estudiantes tienen que realizar una tesis y una práctica profesional en una industria alimentaria o en laboratorios relacionados con el área.

"Aunque la carrera es bastante nueva, aumentó la inscripción y creemos que esta tendencia va a continuar", cuenta Juan Carlos Fernández. Además, explica que tiene una excelente salida laboral por el boom agropecuario en la Argentina.

Entre otras aplicaciones, estos ingenieros trabajan en establecimientos comerciales o industriales que fabriquen, transformen o envasen productos alimenticios. Se ocupan del diseño de tratamientos técnicos y de conservantes, y controlan materias primas y productos elaborados. En resumen, están involucrados en todos los procesos ligados con la producción de alimentos.

Los lugares son muchos y las actividades, variadas, pero desde hace unos años la consigna es la misma: Ingenieros se buscan .

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