
La ventaja de hablar pashto, farsi o ibo
Traducir e interpretar lenguas prácticamente desconocidas se ha convertido en una salida laboral muy rentable
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NUEVA YORK (The New York Times).- Hoy, los traductores e intérpretes son muy buscados, a menudo con urgencia. Nueva York y otras ciudades con muchas comunidades de inmigrantes les ofrecen oportunidades especialmente lucrativas. Lo mismo ocurre en aquellas agencias gubernamentales donde ciertos idiomas de Medio Oriente y otras partes de Asia adquirieron prioridad después del 11 de septiembre.
A ojos de los expertos en el mercado laboral y otros analistas, tal sería, en suma, el panorama actual de estas dos profesiones que tanto han medrado en Estados Unidos a partir de los ataques terroristas de 2001, aunque no sólo a causa de ellos. Además, personas con distintos tipos de capacitación pueden abrazar estas carreras gracias a la diversidad de las rutas de acceso. Todas exigen dominio del inglés y, como mínimo, de otra lengua, pero no existe una forma única de certificación nacional. Tomemos el caso de Ethel Ugbebor, de 54 años, fundadora y dueña de Universal Language Corporation, en Rego Park, Queens. Su plantel permanente de más de 60 intérpretes y traductores puede verter al inglés 28 lenguas. Algunas de ellas son consideradas periféricas, pero hoy son fundamentales para los intereses norteamericanos: por ejemplo, pashto y dari, los dos idiomas principales de Afganistán; el farsi, que se habla en Irán, y el urdu, una de las lenguas paquistaníes. Su clientela incluye el Departamento de Defensa, el de Seguridad Interior y la Dirección de Control de Drogas (DEA).
Cuando Ugbebor llegó a Nueva York, en 1988, no tenía en la mira semejante carrera. Había trabajado diez años en la agencia de control de alimentos y drogas de su país, Nigeria, y deseaba obtener una maestría en Química en el City College. Mientras cursaba la carrera trabajó de recepcionista, con horario parcial, en el Consulado de Nigeria, en Manhattan. Un día de 1990 atendió una llamada del Juzgado Federal de Primera Instancia de Brooklyn. Buscaban un intérprete para un nigeriano, acusado de traficar drogas, que sólo comprendía el ibo, una de las lenguas principales de Nigeria. Así comenzó su trayectoria de intérprete ocasional en juzgados, por 250 dólares diarios, a directora de una compañía que en 2005 ingresó un millón de dólares. Por lo común llamamos traductor a cualquier persona que pueda verter un idioma a otro. En el gremio, ese término se reserva para quienes expresan por escrito en una lengua lo que está escrito o se ha dicho en otra. Quienes expresan verbalmente en un idioma lo dicho en otro son intérpretes .
Según la Oficina de Estadísticas Laborales, en 2004 había 31.000 puestos de traductor o intérprete en todo el país, un 40% más que en 2000. Para 2014 habría 37.000, o sea, un 20% más. (Este organismo federal advierte que su número es probablemente mucho mayor porque no pocos de ellos trabajan en horario parcial.)
En 2004, quienes cumplían un horario completo ganaban, en promedio, 38.000 dólares anuales; aquellos empleados por agencias federales sobrepasaban los 70.000 dólares anuales. Ese mismo año, unos 2000 puestos quedaban en el estado de Nueva York y otros 500 en Nueva Jersey y Connecticut. Kevin Hendzel, vocero de la Asociación Norteamericana de Traductores, que representa a unos 8000 traductores e intérpretes, predijo un crecimiento aún mayor basado en la demanda actual . Aparte de la grave escasez de conocedores del árabe, farsi, pashto, dari y otras lenguas pertinentes a la seguridad nacional , aquí entran en juego la globalización y la necesidad de intérpretes en juzgados y hospitales. Una norma de 2000 agudizó el problema de estos últimos, al exigir que aquellos que reciban ayuda federal presten servicios más eficientes a las personas que no hablen inglés. Pero volvamos a Ethel Ugbebor.
En 1993 se graduó en Química, pero nunca ejerció la profesión. En vista de su trabajo con acusados que hablaban ibo y yoruba (otra de las principales lenguas nigerianas), su supervisor en el juzgado la recomendó al FBI y la DEA. Previa averiguación de antecedentes, pasó a traducir grabaciones secretas de conversaciones en casos de narcotráfico que implicaban a nigerianos. "En 1993 -dijo- esos tres trabajos me redituaron 100.000 dólares."
Más recientemente, la expansión de su compañía se vio favorecida por el asesoramiento de la Dirección de Pequeñas Empresas, otro organismo federal, por Comprehensive Technologies International (otra empresa de mayor magnitud que también presta servicios de traducción), y de la que hoy Universal Language Corporation es subcontratista. "Al principio temía que la carrera de traductora e intérprete fuera menos segura, a largo plazo, que la de química -concluye Ugbebor-. Pero me arriesgué y salí ganando."
Traducción de Zoraida J. Valcárcel




