Vidas paralelas: las claves para combinar dos vocaciones

Los casos de los que se las arreglaron para poder conjugar el desarrollo profesional sin dejar atrás sus gustos y pasiones
Andrés Hatum
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26 de julio de 2017  

A las 18 años llega el momento de definir la vocación
A las 18 años llega el momento de definir la vocación Crédito: Shutterstock

Seguramente muchos recordarán la pregunta de sus padres en diferentes momentos de su infancia y adolescencia: ¿qué querés ser cuando seas grande?

Respuesta a los 5 años: policía, bombero, bailarina, actriz o actor famoso, superhéroe.

Respuesta a los 15 años: muchas cosas, algo que me guste, no sé, músico, cantante, modelo, famoso...

Respuesta a los 18 años: contador, abogado, médico, ingeniero.

¿A qué edad te piden que digas cuál es tu vocación? Al terminar la secundaria. Sin embargo, hay gente que a los 18 años no tiene una respuesta clara a esa pregunta. Lo más probable es que a esa edad uno tenga varios intereses, pero no una vocación definida. Entonces, ¿qué sucede con la gente que tiene diferentes intereses? El sistema educativo y laboral en la Argentina está armado para elegir una carrera que puede o no estar alineada a la vocación de la persona. Muchos jóvenes a la hora de decidir su carrera dejan de lado la vocación o pasión, si es que la tienen, por la convicción familiar o personal de que otra carrera puede ser más sustentable en el futuro (léase, no morirse de hambre). Sin embargo, existen profesionales que conjugan las pasiones que tienen a partir de haberse dedicado no a una carrera sino a dos.

La tensión entre las dos vocaciones: Luis Federico (65 años) es actor y arquitecto. Empieza a los 17 años a tomar cursos de arte dramático, al mismo tiempo que asistía al secundario técnico industrial. "Intento fortalecer los estudios y la actividad actoral, logro pertenecer al elenco en obras de teatro primero para niños y luego para adultos. Sin embargo, empiezo a visualizar que el camino iba a estar plagado de inestabilidad económica. Finalmente localizo mi atención en la creatividad, diseño, formas, colores, emociones y sensaciones como cuando se arma un personaje, y aparece la carrera de arquitectura." La tensión en la elección de las carreras se observa en el caso de Luis en la dedicación: "Hay una tensión clara en cuanto al tiempo que le dedicás. El perfeccionamiento necesario y continuo aplicado a una profesión en desmedro de la otra por falta de tiempo. El deseo de quedarse proyectando en el caso de arquitectura y quitarle tiempo de ensayo al personaje."

Compatibilizar las carreras acorde al momento personal: Samantha Manasse (45 años), estudió medicina veterinaria en la UBA Hace un año Samantha se recibió de psicóloga, su segunda pasión. "Mi segunda carrera apareció cuando hice el impasse con veterinaria, estaba enojada y desencantada con el entorno. También nació mi tercera hija y quería estar más tiempo en casa. La psicología era una posibilidad. Me encontré con un mundo increíble, me abrió la cabeza y descubrí que había otras cosas que también me gustaban mucho."

Cuando una de las vocaciones queda en "hobbie": Germán Beltramo tiene 24 años y es estudiante de medicina Universidad Católica de Córdoba. Previamente había ido al conservatorio y allí encontró su verdadera vocación: "Empecé (el conservatorio) por curiosidad. Algo me llamo la atención y simplemente aparecí ahí. Y resultó ser el amor de mi vida: el piano y la música clásica. Obviamente mis padres priorizaron el colegio secundario por lo que tuve que abandonar el conservatorio. Pero, no me limite a la frustración y seguí con una formación de autodidacta, explorando todos los períodos de la música."

Pero Germán optó poner foco en la medicina: "Cuando debí de tomar la decisión de qué estudiar, música, en mi familia no era una opción tentadora. Estaba vista como una carrera con un pobre futuro económico. Sumale a eso mi poca capacidad de razonamiento en esa época, no la pude imponer como opción. Así que seguí medicina. Hoy no tengo tensiones con la medicina y la música porque la medicina no me apasiona, me gusta, pero nada comparado con la música. No creo que algo o alguien se me pueda llegar a imponer al piano."

Tener dos trabajos diferentes: Una vez resueltas las tensiones propias de las vocaciones dobles, viene el momento de compatibilizar ambas en el trabajo. ¿Cómo se hace? Para Luis Federico una de las carreras financia la otra: "Como el trabajo en arquitectura tuvo que ser el constante para poder vivir, pude compatibilizar las dos profesiones, aunque reconociendo que a mi carrera de actor le dedico menos tiempo y me quedo con sabor a poco."

"Cuando tuve los dos títulos pensé que no iba a poder trabajar de las dos cosas" remarca Samantha Manasse. "Pensé que iba a tener que elegir. Que si era buena en una no iba a poder con la otra y si me iban a tomar con seriedad. Me cuestionaba cómo me podían gustar dos cosas tan diferentes. Hoy me dedico a las dos actividades: trabajo en una veterinaria con horarios reducidos haciendo ecografías y cirugías y atiendo en mi consultorio como psicóloga."

Recomendaciones: para Luis Federico, es claro que no podría dejar ninguna de las dos vocaciones: "Por eso mi recomendación es continuar con las dos, y si no se puede darle el mismo tiempo, priorizar temporariamente según la necesidad personal tratando de que la elección no duela y sabiendo reanudarla en el menor tiempo posible". Para Manasse, animarse es la clave: "Siempre es mejor hacer que no hacer. En mi caso surgió en un momento especial, tal vez de otra forma nunca la hubiese descubierto". Beltramo, con un dejo de frustración, también considera que a las pasiones hay que seguirlas: "Si alguien tiene dos pasiones, que haga ambas como pueda. Si alguien tiene una pasión y debe hacer otra cosa, que se plantee si es por necesidad o por miedo a seguir su vocación. Por eso estoy acá, por miedo se murió mi sueño de ser pianista".

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