
En el Amazonas de Brasil, el desarrollo llega en forma de centros comerciales
Hasta ahora, la llegada de la civilización a la selva amazónica ha seguido un patrón predecible. Los taladores abren paso a las ganaderías que a su vez abren paso a las granjas agrícolas. La siguiente etapa: los centros comerciales.
Hace apenas unas décadas, muchos científicos estaban convencidos de que el Amazonas era prácticamente inhabitable. Ahora, al menos cincos ciudades brasileñas en la región tienen una población de más de 300.000 habitantes, un número de referencia lo suficiente¬mente grande como para despertar el interés de las cadenas minoristas nacionales. Para fines del año que viene, cuatro de las cinco mayores ciudades contarán con grandes centros comerciales al estilo estadounidense, equipados con atrios de vidrio y plazoletas de restaurantes donde McDonald’s es el primero en abrir. Las empresas de construcción están considerando proyectos semejantes en otras ciudades.
Las obras del proyecto más reciente empezaron en marzo en Rio Branco, otrora un remoto enclave en la selva cerca de donde fue asesinado el activista Chico Mendes en 1988. El éxito de un centro comercial en Porto Velho, a casi 550 kilómetros, animó a los constructores. Residentes de Rio Branco no dudaban en hacer el trayecto de casi seis horas en auto para hacer sus compras. Ahora, los urbanizadores incluso están evaluando Macapá, una capital estatal en la zona norte del Amazonas que de momento sigue aislada por tierra del resto de Brasil.
La proliferación de los centros comerciales en la región amazónica resalta un giro económico en lo que podría considerarse como uno de los últimos rincones inexplorados del mundo. La versión de la economía moderna de consumo está sentando sus raíces en una región que en la imaginación de la mayoría de la gente es todavía una selva densa llena de ríos infestados de pirañas, salpicada de pequeños parches deforestados.
El martes, el gobierno de Brasil reportó que las ventas minoristas en el estado amazónico de Rondônia, que alberga el centro comercial de Porto Velho, subieron 31,7% en el año terminado en marzo, el ritmo más rápido en el país y dos veces el promedio nacional. En el estado de Acre, donde se está construyendo el centro de Rio Branco, las ventas dieron un salto de 31,5%, la tercera tasa más rápida del país.
El ascenso del consumidor de la región amazónica subraya la envergadura del auge económico que está experimentando Brasil. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha sido generoso con la región en un esfuerzo por mejorar los estándares de vida de las clases pobres y trabajadoras. Familias de escasos recursos reciben subsidios en efectivo. Pequeñas empresas reciben préstamos subsidiados por el Banco Amazonas. Los proyectos de represas hidroeléctricas generan empleos y atraen inversiones. La población de estas ciudades ha crecido a medida que las personas se trasladan a ellas en busca de trabajos y servicios gubernamentales.
El desarrollo del Amazonas también cambia el juego de los ecologistas. Ahora, los habitantes de las ciudades en la región amazónica tienen más peso para exigir que se construyan carreteras, plantas eléctricas y otros proyectos en la región. Eso ayuda a explicar por qué el radical ministro de Medio Ambiente de Brasil fue sustituido el año pasado por uno más abierto al desarrollo. Debido a que estos centros comerciales están siendo construidos sobre tierras que fueron deforestadas hace décadas, los ambientalistas no se han opuesto a los proyectos. Ecologistas locales aseguran que su objetivo es canalizar el inevitable crecimiento económico hacia actividades que no exijan la tala de más árboles.
"La llegada de los centros comerciales forma parte de una tendencia global", dijo Jorge Viana, un senador y líder ambientalista de Rio Branco. "Nuestro mayor desafío es crear un modelo de desarrollo económico sostenible que incluya a la gente que habita en la selva".
Cabe aclarar que la región amazónica brasileña sigue siendo en su mayor parte pura selva y el peligro de que se convierta en un terreno asfaltado de centros comerciales es mínimo. Desde 1991, la población en la selva amazónica de Brasil creció 48% a 19,7 millones de habitantes, principalmente concentrados en ciudades y pueblos, según Conservation International, una organización sin fines de lucro con sede en Washington. Pero esa es una cantidad todavía extremadamente pequeña teniendo en cuenta que el territorio que ocupan es casi tan grande como Europa occidental.
Aún así, el potencial de consumo en la región es lo suficientemente prometedor como para atraer inversionistas globales. La firma canadiense Ivanhoe Cambridge, una de las constructoras de centros comerciales más grandes del mundo, es socia en el proyecto de Porto Velho. En 2007, BRmall, una urbanizadora brasileña en parte propiedad del magnate inmobiliario de Estados Unidos Sam Zell, compró una participación en el centro comercial más antiguo de la región, el Amazonas Shopping, en el centro urbano de Manaos.
Un nuevo panorama
En Porto Velho, el nuevo centro comercial ha cambiado el paisaje, la economía y los hábitos sociales de esta pequeña ciudad remota. La capital de un estado prácticamente deforestado, que depende en gran parte de la ganadería y el cultivo de soya, empezó a progresar una vez que se construyeron carreteras y empezaron a llegar miles de colonos en la década de los 80. Ahora está experimentando un auténtico auge. Están entrando olas de obreros e ingenieros para construir dos plantas hidroeléctricas que valen varios miles de millones de dólares.
El centro comercial de Porto Velho es una estructura beige cuadrada con un elegante estacionamiento que contrasta fuertemente con el resto de la ciudad que, por lo general, sigue siendo una mezcla caótica de edificaciones destartaladas y aceras agrietadas.
El centro comercial es de lejos la estructura más grande con buen aire acondicionado en cientos de kilómetros a la redonda, convirtiéndolo en un oasis que sirve de resguardo al clima caluroso y húmedo de Porto Velho. Eso es suficiente para que sea uno de los principales destinos de entretenimiento del estado.
"El centro comercial es básicamente el único sitio para hacer algo en todo el estado", dice Aira Queiroz, una estudiante de 18 años que viajó un reciente sábado 200 kilómetros desde Ariquemes, la ciudad ganadera donde vive, para comer helado y hacer unas compras. "No hay absolutamente nada que hacer donde yo vivo".
Los cambios no son sólo sociales. El centro comercial ha generado una enorme presión competitiva sobre los minoristas locales para que mejoren sus servicios y bajen sus precios, alterando su tradicional modelo de negocios.
La idea de construir centros comerciales en la región amazónica no es nueva. El gobierno militar de Brasil de 1964 a 1985 tenía la visión de construir una red de ciudades prósperas a lo largo del cauce del Amazonas. Construyó carre¬teras y concedió subsidios a quienes se ofrecieran a asentarse en la región.
Pero el plan fracasó. Grandes extensiones de selva fueron quemadas, pero la tierra no era tan fértil como esperaban. Ciudades remotas como Porto Velho se estancaron con colonos poco afortunados y se convirtieron en peligrosas tierras de nadie.
Sin embargo, ahora la economía de la Amazonía está cambiando. Gracias a la experimentación con fertilizantes, distintos tipos de cultivos y otras tecnologías, los agricultores de la región han aprendido a sacarle más ganancias a la tierra. Las nuevas carreteras conectan a las ciudades que antes habían estado aisladas y crean pequeños mercados locales. Las vías se extienden incluso a países vecinos como Perú, una nueva oportunidad de comercio.





