En la reforma de Hewlett-Packard, Meg Whitman divide para conquistar

Robin Goldwyn Blumenthal
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19 de septiembre de 2016  

Durante sus primeros cinco años al frente de Hewlett-Packard Co., Meg Whitman ganó elogios por aportar liderazgo y estabilidad a una empresa golpeada por la caída de las ventas de computadoras personales y los escuálidos márgenes en su negocio de impresoras. Whitman fue la tercera persona en asumir la presidencia ejecutiva en un año y Hewlett-Packard había invertido en adquisiciones de dudoso valor y perdía cuota de mercado. La acción se había desplomado 45% durante los 12 meses previos a su arribo.

Whitman, sin embargo, no se ha limitado a conducir el timón con mano firme, sino que desmanteló una empresa grande e ineficiente. Realizó decenas de miles de despidos y, el 1 de noviembre de 2015, dividió Hewlett-Packard en dos: la atribulada división de impresión y PC pasó a ser HP Inc., mientras que el negocio de tecnología de la información orientado a las empresas se convirtió en Hewlett Packard Enterprise (HPE), que ahora encabeza. Casi un año después, los ejecutivos de Silicon Valley bromean que los recortes de la ejecutiva llevarán a la empresa de vuelta a sus orígenes de 1939, cuando la firma de tecnología fundada por David Packard y William Hewlett era gestionada desde el garaje de una casa.

Whitman pretende que HPE trabaje con las empresas para actualizar su infraestructura informática, incluyendo hardware, software, recursos de redes y servicios, para que funcione adecuadamente en un entorno dominado por la nube. En un correo electrónico enviado a Barron’s, indicó que “al lograr nuestra visión de ser el proveedor líder de TI híbrida, crearemos una compañía de crecimiento más veloz, márgenes más altos y un flujo de caja más robusto”. HPE tiene una posición particularmente sólida en la provisión de servidores y la infraestructura sigue siendo un segmento en expansión, aunque no en forma acelerada.

“El mercado se ha demorado mucho en reconocer lo que Meg Whitman está haciendo con esta compañía”, dice Robert Burnstine, presidente de la firma de inversión Fairpointe Capital, que posee acciones de HPE. El estratega estima que, conforme los inversionistas comprendan el potencial de ganancias, la acción podría subir más de 35%, a alrededor de US$30.

Whitman ha estado comprando y desprendiéndose de negocios para formar una empresa más ágil y enfocada. Hace unos meses, anunció la escisión del grupo de consultoría y servicios de HPE, que representaba 37% de la facturación, en una empresa conjunta con Computer Sciences. Los accionistas de HPE tendrán una participación de 50%, recibirán un dividendo único de US$1.500 millones y la operación trasladará a la nueva entidad unos US$2.500 millones en deuda. Whitman ha transformado una deuda neta de US$12.000 millones en US$5.000 millones de efectivo neto (excluyendo la división de financiamiento de los vendedores).

En una obra similar de ingeniería financiera, HPE acordó en las últimas semanas la escisión y fusión de la mayor parte de su negocio de software para empresas con la británica Micro Focus International en una operación de US$8.800 millones. Los accionistas de HPE obtendrán US$6.300 millones de acciones de Micro Focus y más de la mitad de la nueva compañía. También recibirán un pago en efectivo de US$2.500 millones. Se prevé que ambas escisiones tengan lugar en 2017.

Aparte de los pagos en efectivo, los inversionistas deberían beneficiarse del mejor flujo de caja de HPE proveniente de sus divisiones de infraestructura. Anteriormente, parte de esos fondos financió las reestructuraciones del grupo de servicios empresariales. Peter Karazeris, analista sénior de Thrivent, que tiene acciones de la empresa, calcula que el flujo de caja normalizado ascenderá a US$2.900 millones anuales. HPE prevé que el flujo de caja alcance US$1.800 millones este año, lo que se destinará en su totalidad a los accionistas en la forma de dividendos y recompras de acciones. En lo que va de 2016, ha recomprado US$2.700 millones en acciones y su dividendo es de 1%.

La gestión de Whitman, en todo caso, no sólo se ha dedicado a restar. La ejecutiva realizó una compra inteligente en 2015 al quedarse con Aruba Networks, una firma de redes inalámbricas que contribuyó a que los ingresos de HPE por concepto de redes aumentaran 54% interanual en el primer trimestre.

Aún queda un largo camino por delante. Tras las escisiones, HPE será una empresa mucho más reducida, con una facturación anual de cerca de US$28.000 millones, frente a los US$50.000 millones de este año. Se prevé un alza de 4% en las ganancias de 2016, a US$3.300 millones. Las utilidades del próximo año podrían aumentar 7%, a US$3.400 millones, a medida que la empresa comienza a cosechar los frutos de las escisiones y los recortes de costos.

Los inversionistas han empezado a replantearse el precio de la acción, que ha subido 50% desde la división. De todas formas, los títulos se transan a menos de 11 veces las ganancias previstas para 2017, mientras que los de rivales como Cisco Systems se negocian a 13 veces o más. Burnstine cree que su meta de US$30 es alcanzable aunque no realice nuevas compras.

Kulbinder Garcha, de Credit Suisse, estima que HPE tiene un valor de realización inmediata de unos US$31 la acción. El analista valora el negocio principal en US$16,76 por acción y le suma US$6,22 en efectivo neto, US$4 por la participación de HPE en la empresa conjunta con Computer Sciences y US$4,26 por la que tiene en la iniciativa con Micro Focus.

Whitman apuesta a la migración continua pero desigual de los clientes hacia la computación en la nube, que utiliza servidores en internet para guardar, administrar y procesar datos. Crawford Del Prete, director de investigación de IDC, señala que HPE ha tenido éxito en la provisión de servidores a grandes operadores de computación en la nube como Microsoft, al tiempo que ha sabido satisfacer las necesidades de empresas que usan una combinación de servicios tradicionales y en la nube. Al final del segundo trimestre, HPE lideraba el mercado mundial de servidores con una cuota de 25%, según IDC.

“Cuando uno ve lo bien que han ejecutado, en términos comparativos, tomando en cuenta la turbulencia que han atravesado en los últimos 10 años, es muy notable”, comenta Del Prete. Resolver los problemas de infraestructura informática de los clientes corporativos es un negocio creciente y rentable que debería rendirles frutos a HPE, Whitman y sus accionistas.

—Goldwyn Blumenthal es editora sénior del semanario Barron’s

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