
¿Es el consumo la base de la fortuna?
Por Roberto H. Cachanosky Para LA NACION
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Pasadas las elecciones, varios sectores políticos vienen demandando un cambio de modelo económico, el que, por cierto, no queda muy claro hacia dónde apunta.
¿Qué significa cambiar el modelo? ¿Cerrar la economía para dejar a los consumidores cautivos de algunas empresas, ampliando la brecha en la distribución del ingreso? ¿Significa devaluar el peso generando un destrozo económico de proporciones inimaginables? ¿Implica dejar de pagar los intereses de la deuda pensando que el Estado va a poder gastar los US$ 12.000 millones anuales que hoy destina a ese fin, sin advertir que la caída en el nivel de actividad produciría una pérdida de recaudación superior a los intereses que quieren dejar de pagar?
En realidad, el pedido de cambio de modelo refleja la preocupación de una parte de la dirigencia política por tratar de evitar algo que no inventamos los economistas, pero que es una realidad como la ley de gravedad: quieren eliminar la escasez. Como el Estado agotó todos los mecanismos de financiamiento del gasto, la escasez de recursos es cada vez mayor y, lo que es peor, de no producirse un importante cambio en las expectativas de los agentes económicos, la escasez de recursos será cada vez mayor con el tiempo.
¿Por qué? Porque el sector privado sigue perdiendo stock de riqueza e ingresos. Por el lado del stock de riqueza, los inmuebles, los autos y las empresas tienden a tener un valor cero. Esta es riqueza del sector privado que se ha evaporado.
Cuando uno mira la evolución de los índices de precios se encuentra con una larga deflación que refleja lo expuesto anteriormente. Al mismo tiempo, basta observar el comportamiento de los índices de la construcción, producción industrial, ventas en centros comerciales y en supermercados para ver las caídas mensuales.
De lo anterior se desprende una ecuación matemática muy elemental. La cantidad de bienes y servicios que transa el sector privado es cada vez menor, y los precios a los cuales se comercializan son cada vez más bajos. Como resultado, la recaudación impositiva tiene que desplomarse necesariamente, presentando un horizonte de creciente escasez para el sector público.
¿Cómo se rompe este círculo vicioso? Básicamente hay dos posturas. Están quienes piensan que volver a Keynes es la solución. ¿En qué consiste esta idea? En dar vuelta la ecuación del viejo dicho popular que sostenía que el ahorro es la base de la fortuna. Traduciéndolo al castellano básico, Keynes dijo: el consumo es la base de la fortuna. Su tesis era que, en momentos de depresión económica, había que aumentar el gasto público para que se reactivara la economía y el Estado pudiera recaudar más impuestos.
Cambio de modelo
En el mientras tanto había que emitir moneda para financiar ese aumento del gasto, lo que permitiría bajar el salario real de los trabajadores generando una reducción de la tasa de desocupación. En rigor, esto es lo que quieren los que piden el cambio de modelo. Rompamos la convertibilidad para financiar el gasto público (sueñan con que después de haber destruido cuatro signos monetarios en 20 años igual estamos en condiciones de hacer sintonía fina con la política monetaria).
Bajo estas condiciones, el cambio de modelo implica crear una falsa ilusión de crecimiento. Así como en la década del 90 creamos una falsa ilusión de prosperidad emitiendo deuda, ahora se pretende crear una falsa ilusión de bienestar volviendo a emitir moneda. Algunos apoyan esta postura sosteniendo que los patacones generaron un mínimo de reactivación en la provincia de Buenos Aires, y se entusiasman con ese resultado hasta el punto de proponer un sistema trimonetario: pesos, dólares y bonos. ¿Qué es esto? El intento por volver a la emisión monetaria en forma de bonos, creyendo que se puede crear riqueza a partir de la simple emisión de papeles.
Frente a la ficción de pretender eliminar la escasez con creación de moneda (rompiendo la convertibilidad o emitiendo bonos) se presenta otro modelo de crecimiento que implica implementar la reforma del Estado, hacer un nuevo sistema impositivo, afianzar los derechos de propiedad, respetar el funcionamiento de las instituciones..., para generar un cambio de expectativas en los agentes económicos para que vuelvan a invertir y a consumir.
Hoy hay dos modelos en pugna. Están los que sostienen que el consumo es la base de la fortuna y para eso no hay que reformar el Estado, sino que hay que emitir. Por otro lado están los que siguen creyendo que el ahorro es la base de la fortuna y la eficiencia la base de la prosperidad.





