
Es un fenómeno similar al de los 90
Aunque en el último tiempo los 90 se hayan convertido en una mala palabra, para encontrar un antecedente respecto del momento de bonanza que hoy vive el mercado de los electrodomésticos hay que retrotraerse a la década pasada y a los primeros años de la convertibilidad.
Por entonces, la economía argentina acababa de atravesar una de las peores crisis de la historia y la combinación de apertura comercial, estabilidad en los precios y reaparición del crédito provocó una verdadera explosión en las ventas de electrodomésticos y artículos para el hogar, que se sustentaba en gran parte en el consumo atrasado que venían arrastrando la mayoría de los argentinos. De esta manera se explica que entre 1992 y 1994 se hayan duplicado las ventas de artefactos tradicionales como los lavarropas o las heladeras y se batió el récord de ventas de televisores con un millón y medio de unidades anuales.
Algo parecido se vivió en los últimos tres años, después del impacto que significó la salida de la convertibilidad y la devaluación del peso. Según los datos del Indec, las ventas del sector se triplicaron entre 2002 y 2004, pasando de 941,6 millones a $ 2802 millones, y todavía no parecen haber encontrado su techo. De hecho, frente a los signos de estancamiento que muestra el consumo en supermercados y shoppings, en el primer trimestre del año esta industria mantuvo una tasa de crecimiento cercana al 50 por ciento.
La gran depuración
En los 90, la fuerte recuperación en las ventas fue acompañada de una importante reconversión a nivel industrial y comercial. Con la apertura económica y el ingreso de productos brasileños y asiáticos, quedaron en el camino varias empresas importantes, como Kenia, Continental y Aurora Grundig. Un proceso similar de depuración se produjo a nivel comercial. El número de locales se concentró en manos de las grandes cadenas del sector (Garbarino, Frávega, Rodó, Marquez, Megatone) y de los hipermercados (Jumbo y Carrefour, a la cabeza)
Uno de los factores que posibilitaron la recuperación del mercado, tanto en los 90 como en la década actual, fue la renovación tecnológica. Así como hace diez años las videocaseteras y los reproductores de CD se convirtieron en las locomotoras que traccionaron a toda la industria, en los últimos años se produjo un efecto similar de la mano de aparatos que rápidamente se popularizaron, como las cámaras fotográficas digitales y los reproductores de DVD.
Tanto en la recuperación actual de la industria como en la ocurrida a principios de los 90, el crédito desempeñó un papel clave, aunque en este punto comienzan a verificarse algunas diferencias entre los dos procesos.
En los tiempos de la convertibilidad, la inflación había dejado de ser un problema, lo que permitió masificar rápidamente los planes de pagos en 12, 24 y hasta 36 cuotas sin interés, mientras que ahora la mayoría de las tarjetas ofrecen compras en seis pagos.
La otra gran diferencia tiene que ver con una cuestión de precios relativos. En los 90, la apertura comercial y el 1 a 1 provocaron un abaratamiento relativo en los precios de los electrodomésticos, cuya baja en término de la canasta general del índice de precios al consumidor (IPC) del Indec rondó el 35% entre 1990 y 1993, según la estimación del Centro de Estudios para la Producción (CEP).
En la actualidad, en cambio, la salida de la convertibilidad y la política de mantener el tipo de cambio alto hicieron que los electrodomésticos volvieran a convertirse en un artículo prácticamente de lujo para los devaluados sueldos de los trabajadores argentinos. Esta brecha entre los precios de los productos y la capacidad de compra no perdona a los equipos fabricados en el país, ya que las plantas de Tierra del Fuego trabajan básicamente con componentes importados.







