Escepticismo en los mercados por un acuerdo que ya se daba por descontado
Los analistas celebran la postergación de pagos, pero ponen en duda el grado de cumplimiento oficial del entendimiento, sobre todo en 2023
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No hubo sorpresa en Wall Street. Analistas coinciden en que se daba por descontado el cierre de un acuerdo entre el FMI y el Gobierno. Si bien la falta de entendimiento era el peor escenario –es bueno haber concretado un plan de pagos a más largo plazo– las expectativas son bajas con relación al cumplimiento. Por ahora, la crisis en las filas del Frente de Todos y la falta de voluntad política para corregir el rumbo macroeconómico pesan más que el memorándum en sí con el organismo en la evaluación de los expertos financieros.
“Los mercados normalmente se adelantan a las noticias. Lo que se percibe es escepticismo, porque el FMI nos puede prestar dinero, pero no confianza. La tenemos que construir nosotros. Por el momento se lo ve como un programa que puede servir para comprar algo de tiempo, pero la utilidad del programa dependerá de lo que hagamos con ese tiempo”, alertó Héctor Torres, ex representante argentino ante el FMI.
El foco a partir de la entrada en vigencia –que todavía resta por aprobarse en el Congreso–, estará puesto en los objetivos y revisión trimestrales, un punto de conflicto entre el kirchnerismo y Martín Guzmán. La sanción en las cámaras legislativas no se percibe como un peligro. “No va a valer la pena para ninguno de los dos lados boicotear”, indicó el economista colombiano Alberto Bernal.
“El acuerdo se ve como algo minimalista. Fue lo mínimo aceptable para el directorio del Fondo y para que pueda pasar por el Congreso. No es un buen acuerdo para el FMI ni para la Argentina, pero hay fuertes limitaciones políticas que lo han llevado por este camino. Creo que no va a tener una vida larga de cumplimiento. Dos o tres meses. Se van a salir de los compromisos asumidos y se necesitarán waivers”, explicó Jorge Piedrahita, CEO de Gear Capital Partners y ex Head Sovereign Trading en Citibank.
Los quiebres internos del oficialismo generan pesimismo en los mercados y cobran aún mas relevancia en esta nueva etapa. La renuncia de Máximo Kirchner hizo ruido respecto a la posibilidad de que el acuerdo se cumpla, particularmente en los próximos dos años. Además, hay escepticismo respecto a que se alcancen las metas en 2023, año electoral.

“No hay voluntad política, ni liderazgo. ¿Por qué cambiarían las cosas? Como mucho, se va a tratar de cumplir a regañadientes con el Fondo, y seguro se van a incumplir algunas metas, que se irán renegociando con excusas. Este programa ayuda a las dos partes para salir de un problema político grande. Nadie quería el default, este es un compromiso para evitarlo”, opinó Diego Ferro, de M2M Capital.
Ante las posibilidades de una mejora en la condición de la Argentina frente al mundo, se espera que la reacción de Wall Street sea cauta y paulatina, a medida que se compruebe una mejora en las variables que el FMI y Economía trazaron. “Hay que ver para creer. La respuesta del mercado va a ser incremental, cuando haya delivery de lo que se promete”, dijo Bernal.
“El próximo año, netamente electoral, y ante una hipótesis en donde el Gobierno buscaría tener una buena performance en las elecciones, significará tirar por la ventana y olvidarse del acuerdo con el Fondo. Va a haber más de un trimestre donde haga falta un waiver”, agregó Piedrahita.

El acuerdo se interpreta como una “curita” por dos motivos. Por un lado, porque “patea la pelota al próximo, como en 2014″, según Piedrahita. Por otro lado, porque no resuelve los problemas de fondo y tampoco se espera que el Gobierno presente un plan económico de largo plazo, como anunció en varias oportunidades.
“El plan compromete al Gobierno a muy poco, sin metas de fondo que permitan abordar la raíz de los problemas, y deja la política monetaria en un limbo conveniente para algunos y efectivo para nadie, con muy poca responsabilidad fiscal. Pareciera que el Fondo se cansó de apretar y terminó cediendo en esto para salvarle la cara a las dos partes”, dijo Ricardo Alday, Political Risk Analysis expert para Latinoamérica.
Aunque tranquiliza momentáneamente y genera algo de certidumbre, no se espera que la calma dure mucho tiempo. “El acuerdo exacerba el riesgo de hacer negocios con y en la Argentina, y polariza aún más las divisiones internas entre partidos y al interior de ellos, sobre todo en el bloque gobernante. En el mediano plazo, la falta de metas micro y macroeconómicas sólidas, podría provocar que el alivio momentáneo se transforme rápidamente en deterioro en el poder adquisitivo y la calidad de vida de la mayoría de los argentinos. Una bomba de tiempo”, agregó el analista.
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