Gabriel Sánchez: "va a haber un mundo raro en términos de política comercial"

Loris María Bestani
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14 de mayo de 2020  • 08:02

El profesor de Comercio Internacional y Regionalismo en la maestría de políticas públicas de la Universidad Torcuato di Tella, Gabriel Sánchez, traza un panorama también complicado para el comercio global, que no será el mismo en varios aspectos cuando la crisis del coronavirus quede atrás. Advierte que, aunque le gustaría, no puede adelantar cuándo se restablecerá cierto orden, pero sí vislumbra para cuando esto ocurra nuevas oportunidades para la Argentina si sabe tomarlas por modificarse el rol de China como principal proveedor de insumos intermedios, dejando en cierta medida un espacio vacante. "Además, al comercio en Argentina la pandemia le pegará menos que a otros países por tratarse sobre todo de un país exportador de alimentos y minerales y no de bienes durables", afirma más de una vez.

P- ¿Cuál es su análisis de la situación internacional?

R- El escenario del comercio global en el corto plazo es negativo por varios canales. Ya en enero y febrero, China sufrió una retracción importante en su producción, que pegó intensamente en las cadenas globales de suministro de insumos intermedios y que sintieron especialmente los países ligados a ellas en su producción. Organizaciones como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) prevén ahora caídas profundas por varios motivos. En primer lugar, por las restricciones en la oferta (con tanta incertidumbre, la gente se pregunta si vale la pena producir). Luego, por los aumentos que se registran en los costos del comercio. Al haber mayores controles fronterizos, se tarda más en llegar a destino y por consiguiente aumentan los costos de transporte; tampoco están funcionando las bodegas de vuelos de transporte de pasajeros, que habitualmente se usan para ciertos ítems de mucho valor agregado y poco volumen (ya de hecho hay números que indican que el transporte de carga por avión subió el 70 por ciento). Por último, por la caída en la oferta y la demanda de los sectores más afectados por las medidas de mitigación.

P-¿Cómo repercutirá esto en números?

R- Depende de cuánto lleve la recuperación del nivel de actividad global. Muchos bancos de inversión y países del hemisferio norte creen que en tres meses se vuelve a la normalidad y en ese caso el impacto sería menor. Pero otros consideran que tomará de seis meses a un año y ahí la incidencia sería más importante en el consumo de bienes durables y por ende en el comercio.

Según la OMC, si el rebote es una V corta (es decir, rápido), el comercio global caerá un 8 por ciento pero si se trata de una L (un proceso más lento), descenderá un 20 por ciento. Cepal por su lado y mirando a América Latina no ofrece una visión tan dura. Calcula una caída del 5 por ciento en el caso de que la recuperación sea veloz y de un 11 por ciento si es más lenta. La Argentina lógicamente se encuadra en esta previsión.

P-¿De qué manera afectará en el país este reacomodamiento?

R- Aterrizándolo a la Argentina, lo que el país exporta principalmente son bienes primarios -que van desde agro a minerales- y en un cuarto lugar, servicios basados en el conocimiento. No exporta productos durables significativamente más allá de casos puntuales notorios, como por ejemplo algunos ítems de la industria automotriz.

Entonces, si bien en el corto plazo la crisis del coronavirus representa un golpe fuerte para las exportaciones, cuando esto repunte, Asia y China seguirán su proceso de crecimiento y habrá entonces una fuerte recuperación de la demanda de alimentos y minerales. De hecho, lo que más ha caído en el comercio global no han sido los alimentos sino las manufacturas.

Por otro lado, se viene un mundo distinto. Habrá un cambio estructural en el modo de hacer... Se exigirá que cada país invierta más en mecanismos de control para garantizar la seguridad sanitaria. Si bien ya existen normas de control como la ISO alimentaria, van a introducirse cuestiones de trazabilidad, blockchain y una cantidad de protocolos nuevos.

P - En este río revuelto, ¿habrá nuevas oportunidades para Argentina?

R- Muchos países van a diversificar sus fuentes de insumos intermedios porque, si bien hasta el momento su dependencia de China les había funcionado por una cuestión de costos y escala, el esquema mostró su fragilidad cuando este año China cerró repentinamente la producción. La Argentina tendrá entonces que adoptar una política inteligente para tratar de posicionar a distintos sectores locales en esas cadenas de valor como alternativas válidas a los tradicionales proveedores chinos.

P- ¿Qué otras oportunidades se ven?

R- Explotar más el comercio de servicios basados en el conocimiento, que ya venía creciendo y que en un nivel global me parece va a crecer de modo exponencial, ya que prosperará todo lo que pueda hacerse de forma digital. Desde el diseño de software hasta el procesamiento de datos, entre tantos otros servicios, todo esto va a explotar y Argentina aquí ofrece una ventaja comparativa. El país también venía con un potencial exportador importante en fármacos y biotecnología y ahí se plantea otro nicho para desarrollar.

P- ¿Qué políticas se están adoptando a nivel global para atender la crisis?

R-Los países productores y exportadores de productos médicos y farmacéuticos están imponiendo restricciones a las exportaciones -hoy ya suman 54 los que lo hacen- para asegurarse la producción doméstica, lo cual plantea sus bemoles porque por un lado le quitan el acceso a países más pobres que no los producen y los necesitan, y por el otro, dan una señal complicada a los productores locales porque les generan menos incentivos para expandir su producción. Por otra parte, están flexibilizando las barreras a las importaciones de esos mismos productos para complementar lo que necesitan. Además, están extendiendo estas medidas a otros productos esenciales, como los alimentos.

Va a haber un mundo raro en términos de política comercial, sobre todo si se extiende la crisis en el tiempo. Si los países sienten que sus economías tardan en recuperarse y si hay problemas de empleo prolongados, una reacción muy típica, y riesgosa, puede ser la protección de las empresas nacionales..

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