
Hasta Rambo tiene su lugar en un polvorín de Palermo
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Algunos dicen que se trata del polvorín de la ganadera. Otros comentan que, en realidad, los espacios bélicos del predio están en otros lados, como en el pozo de la discordia que enfrenta a las autoridades de la SRA con algunos legisladores porteños. También, en el nuevo frente de batalla que se les presentó a los directivos de la centenaria entidad frente a los defensores de la ciudad y sus "aliados", los Amigos del Lago, por la supuesta venta ilegal del predio por parte del gobierno de Menem a la Sociedad Rural.
En los dos últimos casos, la contienda es política o jurídica, pero en realidad los que hablan del polvorín se refieren a un stand comercial que se convirtió en una de las grandes atracciones de la muestra y en el que se pueden adquirir trajes de combate, armas blancas, fusiles y granadas.
"Es lógico -comentó un visitante-, con los tiempos que se viven tenemos que comprar munición pesada para defendernos de la ola de inseguridad."
Precios irrisorios
El hombre bromeaba frente al local que, ubicado en el pabellón azul, lindante con el sector gaucho, lucía un camuflaje como si se tratara de una trinchera de la Primera Guerra Mundial.
Unos de los letreros dice: "Rezagos militares" y, junto a la leyenda, Roberto Calaio, un vendedor que ofrece con certeza diversas nociones de la historia militar y hasta parecería saber más que nadie los consejos prácticos de seguridad personal, atiende a la gente con más conocimientos de supervivencia que el mismísimo John Rambo.
Los precios son irrisorios en una época en que el negocio de las armas es uno de los más fuertes del mundo, lo que sucede es que aquí ya nadie combatiría con bayonetas, cascos de la segunda gran guerra ni granadas y bombas, por fortuna totalmente inertes.
La gente compra y mucho. Por ejemplo, los gorros de piel marrones, que pertenecieron a la caballería blindada de la Unión Soviética, en $ 18.
Llaman la atención las bayonetas que sirvieron en la Campaña del Desierto ($ 75). O aún más, las plateadas petacas metálicas de las tropas de asalto de la URSS -Spetznaz- en tan solo $ 20, aunque nadie pretenda esperar que todavía en su interior se mantenga la vieja vodka que supo templar a aquellos guerreros en la nieve.
Un casco del ejército inglés, igual a los que se utilizaron en el film en donde el comandante que interpretaba Kirk Douglas mandó a fusilar a su propio hijo por falta de valor, cuesta $ 25.
Existen cartuchos de munición de casi 20 centímetros para coleccionar ($ 3) y dos tipos de granadas de fragmentación norteamericanas de los años 1927 y 1937, en 15 y 20 pesos, respectivamente. Inofensivas, pero reales, las granadas serán ideales para la cartera de las damas ante una amenaza inesperada. Para los sin rumbo, las brújulas utilizadas en Vietnam y que todavía se encuentran en poder de los ejércitos norteamericano y argentino se hallan en perfecto funcionamiento y por ellas habrá que pagar 45 pesos.
Un puñal de bota alemán, de la primera gran guerra, se vende por 45 pesos; las bolsas portaequipos de la Armada Argentina, por 10; los ponchos de agua encerados y de color verde por 35.
Como si fuera una boutique, existen más atuendos; también, otras cosas que ya son de colección y, esos artículos algo impropios para lucirlos fuera de casa, sobre todo en estos tiempos un poco beligerantes.





