¿Hay margen para seguir bajando impuestos durante este año? Opinan los economistas
Con la meta innegociable para el Gobierno de lograr un superávit primario de 1,5% del PBI, economistas analizan si habrá o no espacio para continuar recortando tributos; cuánto debería crecer la economía para reducir gravámenes distorsivos
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Mientras el Gobierno busca aprobar ahora en Diputados el proyecto de Modernización laboral en el Congreso –luego de la media sanción en el Senado, y sin el capítulo impositivo-, el sector empresarial en su conjunto reclama que el Estado, en sus tres niveles, nacional, provincial y municipal, ponga al tope de la agenda una nueva ronda de baja de impuestos.
Según la visión de los empresarios, sería una condición necesaria, aunque no suficiente, para mejorar la competitividad, que impulsaría un despegue de la actividad económica, dando lugar a un renovado incentivo a la inversión y a partir de allí la generación de empleo. Es un círculo virtuoso, en el que la reducción de la presión tributaria es un eslabón clave.
El Gobierno sostiene que en la medida en que la economía crezca – según el Presupuesto 2026, el PBI se expandirá 5%, pero proyecciones privadas lo ubican en torno al 3%- podrá seguir bajando impuestos, tal como ya ocurrió el último año.
El punto es que bajar impuestos supone un costo fiscal o la necesidad de compensar la reducción con más ingresos vía recaudación o un recorte adicional de gastos. Y allí ya la situación se torna más compleja.

El fuerte recorte de la obra pública nacional en los dos primeros años del gobierno de Javier Milei deja al descubierto que será difícil seguir achicando las partidas por ese lado. Y en el caso de las jubilaciones y la Asignación Universal por Hijo (AUH), las fórmulas de actualización obligan a destinar cada vez más recursos.
Además, según el Presupuesto 2026 habrá un aumento en los recursos para atender la emergencia en discapacidad y el financiamiento universitario. Se estima que ambas se llevarán un 0,5% del PBI.
Para el Gobierno el equilibrio fiscal es una línea roja y un punto innegociable. En este contexto, la pregunta que subyace es, si tras dos años consecutivos de superávit fiscal primario y financiero (luego del pago de servicios de la deuda pública) en la primera mitad de la administración Milei, hay margen para continuar con la baja de impuestos en 2026.

La primera batalla
El 2025 finalizó con superávit fiscal primario de 1,4% del PBI, mientras que el superávit financiero quedó en 0,2% del Producto. El Presupuesto 2026, en tanto, prevé un superávit primario de 1,5% y un financiero de 0,3% del PBI, es decir, aún más exigente que el último año.
Los analistas sostienen que el ajuste en el sector público aún no terminó y que va a ser necesario un esfuerzo adicional este año para mantener el equilibrio de las cuentas públicas, de modo de alcanzar la meta de 1,5% de superávit fiscal primario que fija el Presupuesto nacional.
“El superávit fiscal primario de 1,4% en 2025 es un muy buen número, hay que mantenerlo a futuro o incrementarlo”, sostiene Marcelo Capello, vicepresidente del IERAL de la Fundación Mediterránea y economista jefe del Área Fiscal de la entidad. Pero explica que eso “va a insumir un esfuerzo adicional”, por lo que considera que “no terminó el ajuste del sector público”.
Capello agrega que durante algunos años más el Gobierno va a continuar reduciendo el gasto y reformando el Estado. Sin embargo, dice, será necesario un pacto fiscal con las provincias para que el esfuerzo sea compartido.
“El superávit fiscal sin dudas está consolidado, en el razonamiento del Gobierno el superávit fiscal es un punto de partida y no de llegada”, asegura María Castiglioni, directora de C&T Asesores Económicos. Pero considera que “para bajar impuestos hay que esperar, porque no se puede poner en riesgo el equilibrio fiscal”.
La economista apunta que entre jubilaciones y AUH representan el 60% de la asignación del gasto primario. “Yo no esperaría demasiada modificación impositiva en el corto plazo”, remarca.
¿Margen para bajar?
“La filosofía del Gobierno es bajar impuestos sin poner en riesgo el resultado fiscal. En el Presupuesto 2026 no está prevista una baja de impuestos”, señala Nadín Argañaraz, presidente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).

El economista agrega que el superávit primario de este año supone un desafío importante porque “si la economía crece 4%, la recaudación podría crecer también 4%, entonces el gasto debería crecer menos del 3% para tener un superávit primario de 1,5%”, mayor al del año anterior.
“En este contexto, habría que ver si en algún momento el Gobierno ve margen para bajar impuestos”, advierte Argañaraz. El año pasado el oficialismo avanzó en la baja de algunos impuestos, lo que terminó por reducir en 1,1% del PBI la carga impositiva total respecto del año anterior, de acuerdo a un relevamiento del Iaraf. La entidad calculó que en 2025 la presión tributaria efectiva nacional llegó a 21,4% del PBI, el nivel más bajo de los últimos 10 años.
Para ello, el Gobierno eliminó desde enero de 2025 el Impuesto PAIS -alícuota del 30% para acceder a divisas por turismo emisivo, atesoramiento y servicios de streaming-, a lo que sumó a lo largo del año la baja de alícuotas de Impuestos Internos para sectores específicos, y la reducción de derechos de exportación para productos agroindustriales. La pregunta que subyace es si este año podrá continuar la baja de impuestos o no.

Los técnicos del Iaraf calculan que en lo que va de la gestión de Javier Milei la caída de la presión tributaria efectiva nacional -sin contar provincias y municipios- llegó a 0,9% del PBI, unos US$ 5000 millones en los dos años, según Argañaraz. Gran parte de ese monto, indica, “perjudicó” a las provincias por menos impuestos coparticipados.
Actividad en la mira
Para Milagros Gismondi, economista jefe de Invecq Consultores, “la proyección fiscal de este año se va a mantener en línea con cómo cerró el 2025, alcanzar el 1,5% de superávit fiscal primario es posible”. Sin embargo, aclara que “si se logra esto, lo más probable es que no se logre una nueva ronda de baja de impuestos o no haya que esperar un aumento en la obra pública”.
En esa lógica, Gismondi deja en claro que el panorama hacia adelante es complejo. “Lo que tiene que suceder para que el superávit primario se mantenga o crezca es que los ingresos se recuperen, porque el gasto ya se ajustó mucho”, opina y explica que por cada punto de crecimiento de la economía la recaudación crece 0,15% del PBI.
En la óptica de Ricardo Delgado, presidente de la consultora Analytica, “va a ser difícil que la actividad crezca a una velocidad tal que permita bajar impuestos, no veo que hoy esté esto sobre la mesa”. El economista explica que bajar impuestos es una condición necesaria, pero no suficiente para mejorar la actividad y agrega que “si no tenés demanda suficiente, el empleo no se va a recuperar”.
En este sentido, es clave saber cómo sostener el superávit primario y alcanzar el 1,5% del PBI, en un escenario en el que la recaudación lleva ya seis meses consecutivos en caída. “La recaudación core (IVA, Ganancias) viene mal, con caídas reales significativas”, poniendo un límite a la posibilidad de bajar impuestos, considera Delgado.
“Los drivers de la demanda están fríos, no veo espacio, más allá de cuestiones marginales para bajar impuestos de manera importante. Creo que en este caso no funciona la curva de gastos, donde menos impuestos es más actividad”, completa.
Impuestos distorsivos
Entre los expertos, hay un amplio consenso de que el mayor escollo para la actividad económica son los llamados impuestos distorsivos, aquellos que “encarecen” artificialmente el proceso de producción.
“Los cinco impuestos más distorsivos recaudan el 8% del PBI”, resalta Argañaraz. Se trata de los derechos de exportación (retenciones) y el Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios (impuesto al cheque), ambos de alcance nacional; Ingresos Brutos y Sellos, de origen provincial; y la Tasa de Seguridad e Higiene que cobran los municipios.
Pero, justamente, por el impacto que tendrían en la recaudación total, es una maraña difícil de desenredar. “Si la Argentina creciera 5% por año, en un escenario optimista, la recaudación creciera 5%, pero el gasto sólo 1,2% por año (esto sería por crecimiento poblacional), necesitás nueve años para eliminar la carga tributaria de esos cinco impuestos”, calcula el presidente del Iaraf.
En esta lógica se requiere una gran prudencia fiscal por casi una década para lograrlo. “Hoy no veo margen para que las provincias y los municipios puedan bajar impuestos”, dice.
“Para obtener un superávit primario de 1,5% en 2026 el gasto no automático debería caer cerca del 9% en términos reales”, señala por su parte Capello. Y agrega que ese gasto del ajuste discrecional “debería salir de subsidios a la energía, al transporte, transferencias de empresas públicas y gastos en personal”.
De cara a una posible reforma impositiva, Capello piensa en tres componentes: 1) seguir bajando el gasto consolidado, a partir de un pacto fiscal entre Nación y provincias, y que los gastos suban menos que la inflación; 2) “sustituir impuestos malos por otros menos distorsivos”. En este punto, reemplazar Ingresos Brutos por un IVA nacional, pero con más alícuota coparticipable o por un IVA a las ventas finales como en Estados Unidos; 3) bajar retenciones e impuesto al cheque, aunque eso “lo veo más para 2027”.
Consultada sobre si la obra pública puede poner algo más de presión sobre el gasto, habida cuenta que, tras el fuerte corte en la inversión de la Nación en este rubro desde 2024 ya se habla del deterioro de la infraestructura, Castiglioni indica que el Gobierno apuesta por un esquema de licitaciones para atraer recursos privados, pero aclara que “probablemente este año veamos algo de aumento en inversión de capital, pero no va a ser significativo”.
El otro punto a considerar son las retenciones. Desde enero rige una nueva baja de alícuotas de los principales granos y subproductos, y entre los analistas hay consenso en que “es muy difícil que este año haya una nueva baja”.
Desde la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estiman que la actual campaña de cereales y oleaginosas alcanzará los 147,8 millones de toneladas, con US$ 13.400 millones de contribución a las arcas fiscales, donde las retenciones treparían a US$ 5100 millones, 16% más que el año previo.
En una simulación para la campaña 2034/35 y suponiendo la eliminación de retenciones estiman que las exportaciones actuales de US$ 35.500 millones “podrían alcanzar US$ 39.000 millones en un escenario conservador, o US$ 44.000 millones si se consideran además los beneficios en productividad que tendrían aparejados los mejores precios para los productores, que se verían incentivados a aplicar mejores tecnologías de insumos y de procesos”.
Ganancias, clave para atraer inversiones
Retomando la discusión sobre una reforma tributaria, los analistas suelen decir que, en contraposición a los “impuestos malos” o distorsivos, como derechos de exportación e impuesto al cheque, que están en cabeza de la Nación; los provinciales Ingresos Brutos y Sellos; y la Tasa de Seguridad e Higiene de alcance municipal, los “buenos” tributos, aunque por cierto mejorables, son el IVA y el Impuesto a las Ganancias.
Este último, fundamentalmente, es considerado el más progresivo al gravar el patrimonio y la capacidad contributiva y no la operatoria comercial. Hay diferencias de percepción, sin embargo, cuando se trata de gravar el incremento del patrimonio de las personas o las utilidades de las empresas, siendo virtuoso el primero y un obstáculo o un lastre para el desarrollo de las compañías el segundo, clave en la actividad económica y la generación de empleo.
El dato relevante es que mientras la Argentina mantiene hace muchos años el mismo rango de alícuotas de 25 a 35% los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) e incluso otros países de la región tienen alícuotas más bajas.
“En los países de la OCDE la alícuota promedio de Ganancias sobre empresas es de 23,7%, mientras que en la Argentina va del 25 al 35%”, sostiene Capello. Sobre la tendencia a la baja en el tributo, explica que “eso ha ocurrido en otros países a lo largo de las últimas dos décadas para atraer inversiones y para que no se vayan las inversiones locales”.
En la región, la Argentina tiene una alícuota máxima idéntica a Colombia (35%) y en el mismo rango que Brasil (34%), aunque por encima de México (30%), Perú (29,5%), Chile (27%) Estados Unidos (27%) y mucho más que Paraguay (10%).
En un escenario de mayor competencia global por las inversiones la baja del Impuesto a las Ganancias que incluía el proyecto de reforma laboral parecía ir en el sentido correcto, pero al ser un impuesto coparticipado, la pulseada se trasladó a las provincias, que negociaron eliminar ese artículo para no perder recursos vía la baja de Ganancias.
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