
Homenaje al que mejoró Economía en La Plata
Diéguez prestigió la carrera en esa universidad bonaerense, dice quien lo acompañó en la tarea, Núñez Miñana
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Mañana, las universidades Torcuato Di Tella (UTDT) y Nacional de La Plata (UNLP) recordarán al economista argentino Héctor Luis Diéguez, al cumplirse 20 años de su fallecimiento (nació en 1928, y fue el primer licenciado en Economía de la Universidad de Buenos Aires, UBA).
A Astor Piazzolla se lo recuerda tocando Adiós Nonino ; a Miguel Najdorf, reproduciendo sus mejores partidas.
A un pedagogo e investigador como Diéguez, reflexionando sobre su obra (lo harán sus colegas Ezequiel Gallo y Alberto Petrecolla) y sus enseñanzas (a cargo de sus ex alumnos Jorge Remes Lenicov y Ricardo Hipólito López Murphy).
Para saber más sobre esto entrevisté al argentino Horacio Núñez Miñana (1936-1985), quien, junto con Héctor, mejoró sustancialmente la enseñanza de la economía en la UNLP.
En 2005, organizado por la Asociación Argentina de Economía Política, Núñez Miñana también recibió un merecido homenaje.
Fuera del quehacer universitario, dejó valiosa obra dedicada principalmente a finanzas públicas (coparticipación de impuestos, tarifas públicas, etcétera).
-¿Exagero si asocio a Diéguez con el merecido prestigio que tiene la enseñanza de la economía en la UNLP?
-Su aporte fue fundamental, como el de Julio Hipólito Guillermo Olivera en la UBA, el de Francisco Valsecchi en la UCA, el de Benjamín Cornejo y Aldo Antonio Arnaudo en la UN [universidad nacional] de Córdoba, el de Adolfo César Díz, Víctor Jorge Elías y Manuel Cordomí en la UN de Tucumán, y el de Antonio Cahan Besil en la UN del Nordeste.
-En el caso de la UNLP parte del mérito también es tuyo.
-Nos complementamos. Tanto en el departamento como en el instituto de investigaciones y en Económica (durante décadas, "la" revista técnica en la Argentina), Héctor se concentró en los contenidos, mientras que yo me ocupé de los aspectos organizativos. Eramos conscientes de que no se trataba simplemente de cambiar los planes de estudio e incorporar a algunos profesores, sino de crear algo permanente. Lo cual implicaba ocuparse de los aspectos institucionales.
-Doble felicitación, porque hicieron la tarea en poco tiempo y todavía perdura.
-Efectivamente. Tanto Héctor como yo ocupamos puestos directivos entre 1967 (cuando regresamos al país; él, desde Harvard, y yo, desde Berkeley) y 1973. El siguió siendo profesor hasta que lo echaron en 1975, y repuesto en su cargo, lo volvieron a echar poco tiempo después. Yo continué dictando clases, superando varios obstáculos. Podemos decir, con orgullo, que pusimos en funcionamiento una mística que, gracias a Dios y a las personas que nos sucedieron, todavía continúa. Como ocurre en tu querido Vélez Sarsfield. José Amalfitani falleció en 1969, pero tanto los procedimientos como los resultados siguen como entonces.
-¿Cómo era Diéguez como profesor?
-Riguroso, meticuloso, erudito, muy claro. Insistía en poner todo en contexto histórico ("no saber historia es como entrar al teatro en la segunda mitad del tercer acto, no entendés nada", solía decir). Para él la educación tenía fuerte componente artesanal. A uno de sus asistentes le hizo preparar las clases prácticas, y que se las dictara a él? ¡como si Diéguez fuera un alumno! ¿Te imaginás explicarle economía a Héctor, quien te escuchaba mientras fumaba en pipa, sin darte pistas acerca de si lo estabas haciendo bien? Problemas de microeconomía , el libro de ejercicios que en 1972 publicó con Alberto Porto, es un modelo en su género. Justificadamente, tanto en la UNLP como en la UTDT hay aulas que llevan su nombre.
-¿Qué podés decir de su obra?
-Diéguez era básicamente un economista aplicado. Sabía mucha teoría, pero no le interesaba en sí misma. Unos 25 de los 37 trabajos técnicos de los cuales es autor se ocuparon de temas empíricos. El 40% de ellos, dedicado a una sola cuestión: la distribución del ingreso y el gasto social, área en la cual terminó formulando recomendaciones específicas, que los gobiernos harían bien en tener en cuenta. Si no hubiera sido tan exigente consigo mismo, hubiera publicado más.
-Horacio, muchas gracias.





