Hubo un cambio de modelo

Carlos Balter
(0)
17 de marzo de 2012  

Analizando las decisiones y opiniones de la autoridad económica durante estos últimos meses, debemos concluir que en el área del sector externo tenemos un nuevo modelo. La nueva estrategia es intervenir para restringir al máximo la demanda de dólares. Dificultar importaciones y todo tipo de adquisición de divisas es una política explicitada y que se está aplicando con total severidad.

Nos preguntamos qué relación tiene esta estrategia con la política cambiaria de Gelbard del año 1973, en la que se fijó el tipo de cambio, salarios y todos los precios de la economía, o con la convertibilidad durante la presidencia de Carlos Menem, o con la política de tipo de cambio administrado a partir de 2002 hasta 2009.

La aventura de tipo de cambio fijo del ministro Gelbard terminó cuando finalmente la olla a presión explotó en junio de 1975 bajo la presidencia de Isabel Perón desatando un desastre inflacionario. La convertibilidad explotó a fines de 2001 bajo la presidencia de Fernando De la Rúa y generó un gigantesco proceso recesivo.

La política iniciada por Roberto Lavagna y por el presidente Néstor Kirchner no explotó, sino que fue reemplazada a partir de 2010 por otra estrategia diametralmente opuesta. El modelo del ex presidente establecía que el Banco Central acumulara reservas a fin de lograr que el tipo real de cambio fuera mayor que el determinado por la oferta y demanda de dólares en el mercado. Se podría decir que era una estrategia de devaluación permanente, en el sentido de que no permitía la revaluación del peso que exigía el mercado (lo contrario de nuestros vecinos).

Se la llamó una política de "tipo de cambio real alto". El nuevo modelo, iniciado en 2010, opera al revés. El Gobierno interviene para restringir la demanda de dólares de diversas maneras determinando un tipo real de cambio peor del que hubiera resultado sin la acción gubernamental. Podríamos llamarla una política de "tipo de cambio real bajo". Y en este aspecto no podemos dejar de asimilarla a las políticas justicialistas de cambio fijo, de atraso cambiario, del ministro Gelbard y de Menem. Tipo de cambio fijo hasta que reviente. ¿Se equivocó Kirchner y ahora el Partido Justicialista vuelve en el tiempo para inspirarse en su pasado cambiario?

La intervención en el Banco Central hasta 2009 para sostener el llamado tipo de cambio alto beneficiaba a la exportación y simultáneamente a la industria sustituta de importaciones. En el nuevo modelo de 2010 se decide proteger sólo a ciertas industrias sustitutas elegidas vía diversas barreras aduaneras directas o indirectas. Con este mecanismo el nuevo modelo frena la demanda de dólares, impidiendo la devaluación que hubiera ocurrido sin esta intervención estatal. O sea, el nuevo modelo, con su accionar anti devaluatorio, daña a la industria exportadora, que recibe menos pesos por cada dólar exportado.

La era Kirchner será recordada como el despegue de una industria exportadora argentina, no tradicional, que crecía mes a mes hacia un destino exageradamente prometedor. El mejor ejemplo es la industria exportadora vitivinícola. Hasta el año 2001 prácticamente no existía. En el período 2003-2009 la exportación de vinos embotellados se incrementó en un 323%, exportándose en 2009 235 millones de botellas. En 2011 el desenvolvimiento fue negativo en un 3 por ciento. Esta caída sólo se explica porque el tipo real de cambio atrasado -medido por el salario en dólares- exigió aumentar los precios de venta en dólares. Los salarios del sector vitivinícola en dólares crecieron en 2011 un 40% respecto de 2009. Y el auge exportador vitivinícola se detuvo.

También se destruye la producción local que compite con importaciones y no tuvo la suerte de conseguir licencias no automáticas de importación. Finalmente si alguien duda de que el cambio esta descolocado, puede buscar a alguien llegado de Nueva York, por razones de trabajo o paseo, y constatar que allá comer sale lo mismo y vestirse más barato que acá. El justicialismo está abandonando un modelo exitoso. Cuando Kirchner eligió este modelo los entendidos supusieron que adoptábamos la exitosa estrategia asiática exportadora de tipo de cambio alto, vía la acumulación de reservas. Imaginaron una estrategia de desarrollo exportador considerada mundialmente ganadora. ¿Por qué se la abandona? Una primera respuesta que se nos ocurre es una vuelta a la creencia teórica de los años cincuenta según la cual fomentar la industria sustituta de importaciones genera una mayor demanda de obra que finalmente incrementa el nivel del salario real. Pero esta conclusión teórica no es siempre válida. Cuando el país tiene un sector industrial exportador es posible demostrar teóricamente que cerrar la economía no mejora el salario real sino lo contrario (ver Carlos Rodríguez, "Política Comercial y Salario Reales").

Otra posible respuesta es que se le tiene mucho miedo inflacionario a la devaluación. Los incrementos salariales cercanos al 30% anual son imparables y, como no se quiere usar una política monetaria restrictiva, el modo elegido para apaciguar el impulso inflacionario es fijar el tipo de cambio. Y esperar la explosión.

¿Volveremos a junio de 1975 o a fines de 2001? Conclusión: sería sumamente tranquilizador que quienes han decidido sustituir el modelo que hizo crecer extraordinariamente a los países asiáticos, explicaran por qué quieren destruir a la naciente industria exportadora argentina.

El autor fue vicepresidentede la Cámara de Diputados de la Nación y presidente del Partido Demócrata de Mendoza.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.