Hugo Sigman: "La confianza en los empresarios está rota"

Silvia Gold y Hugo Sigman, en la entrevista con LA NACION, en Córdoba
Silvia Gold y Hugo Sigman, en la entrevista con LA NACION, en Córdoba Crédito: Siglo 21
El dueño de Insud reclamó un nuevo pacto social y desmintió su vinculación política con el kirchnerismo
Gabriela Origlia
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31 de diciembre de 2018  

CÓRDOBA.- "En la primera presidencia de Néstor Kirchner los empresarios hacían cola para sentarse en primera fila; se peleaban para que los vieran. Cuando dicen 'empresario kirchnerista' significa que tuviste negocios, y yo nunca recibí nada. Hicimos una inversión en un esquema de cooperación". Hugo Sigman-titular, con su esposa, Silvia Gold, del grupo Insud- reacciona así frente a las versiones que lo vinculan con financiar al kirchnerismo y estar enfrentado con Cambiemos.

Insud es un conglomerado que abarca industrias como la farmacéutica, la agroforestal y la cultural (con la firma Capital Intelectual y la productora de cine K&S Films); está presente en unos 40 países y sus principales activos se encuentran en Argentina, España, Italia, Estados Unidos y China. Sigman y Gold estuvieron en Córdoba para recibir el premio Empresario Líder, que cada año otorga la Universidad Siglo 21 a "capaces, innovadores, irreverentes; verdaderos agentes de cambio".

Sigman destaca que le "duele" que en la Argentina "algunos traten de descalificar" por la inversión en Sinergium Biotech, un laboratorio que hoy produce tres vacunas y que Insud realizó en sociedad con Novartis en 2010 (hace un año lo ampliaron con US$50 millones).

"Era la crisis de la gripe A y no había vacunas suficientes en el mundo; nos llamaron del Gobierno para ver qué se podía hacer -explica el empresario-. Después de varias reuniones planteamos una salida 'a la brasileña': que el Estado se comprometiera a comprar vacunas por 10 años. Es una cooperación público-privada por la que se logró autonomía tecnológica y sanitaria, pero que algunos leen como 'pingües' negocios".

En diálogo con LA NACION, aseguran que la Argentina tiene una "enorme oportunidad" en la biotecnología; es competitiva, porque cuenta con un "patrimonio humano muy extendido y capacitado". Sigman referencia que de los 15 medicamentos más vendidos en el mundo 11 son biológicos; el primero (con ventas por US$18.500 millones anuales) es para la artritis reumatoidea. Equivalen al 5% de las unidades mundiales, pero en valor son el 22%; su precio promedio es mucho más alto que el de los tradicionales.

Hay en desarrollo unos 300 nuevos productos; Sigman describe que están pasando -y se profundizarán- dos tendencias: la crisis del sistema de financiamiento de los medicamentos en el mundo y la limitación a la accesibilidad (muy pocos podrán comprar).

"Hay una oportunidad interesante para la Argentina: trabajar -una vez vencidas las patentes- en los genéricos de estos productos. En el mundo hay muchas compañías haciéndolo; nosotros lo estamos haciendo. Ahí existe una gran posibilidad".

Entre los otros rasgos argentinos positivos en el sector, apunta que hay al menos cinco "pequeñas multinacionales" farmacéuticas con presencia en el mundo y que, como mínimo, son compañías de tercera generación, no son fondos de inversión. "Significa un compromiso".

Para Sigman y Gold el Estado "debería hacer cosas" para impulsar el sector. Por ejemplo, invertir en ciencia y tecnología; entienden que el 0,5% del PBI no solo no es comparable con casos como Corea del Sur, Israel o Japón, sino que es cuatro veces menor que el de Australia.

La promoción de las ciencias es otro punto que marcan: en el país hay 1100 científicos por millón de habitantes, contra 4000 en Australia y 8000 en Corea del Sur e Israel. "Hablar de competitividad es estimular la investigación y el desarrollo; todos lo hacen -sigue-. Boston, en Estados Unidos, tenía escasa presencia en el sector, pero hace una década los tres niveles del Estado decidieron poner US$1000 millones anuales; hoy es referente mundial".

También incluyen la "estimulación" de radicaciones a través de subsidios y financiamiento. Como ejemplo, ponen el caso de la planta que Insud tiene en el parque industrial de Azuqueca de Henares (Guadalajara, España), que construyeron hace 15 años con una subvención del 30% y un crédito blando equivalente al 20%. "Empleamos a 800 personas y ya pagamos impuestos por mucho más que eso", señalan los empresarios.

Mala prensa

Admiten que en la Argentina está "desprestigiado" el concepto de subsidio porque muchos empresarios "defraudaron al Estado, hicieron mal uso". Insisten en que el país debe tener un proyecto de desarrollo e identificar los sectores a los que impulsar: "No existe nación donde no se seleccionan áreas que se ayudan y se promocionan".

Sostienen que los empresarios tienen "mala prensa" y que a ellos los enorgullece "emprender, crear trabajo, tomar riesgo, capacitar. Nuestra mirada no es financiera, hacer plata con plata, sino crear valor". Destacan que tal vez su formación científica -Gold es bioquímica y Sigman, psiquiatra- los empujó a generar negocios y oportunidades mientras buscaban la "excelencia".

Ambos reconocen que la "confianza" de la gente en los empresarios -entre otros actores sociales- está "rota". Para Gold, se reconstruye "con vocación de mirar hacia adelante; con un pacto entre sectores que no se tome como una señal de debilidad". Y sintetiza Sigman: "Son tan grandes los problemas de la Argentina que se necesita de una agenda común; la grieta -que existe desde hace años- nos destruyó".

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