Inflación, actividad y empleo: qué proyectan los economistas para este año
Ocho especialistas consultados por LA NACION vislumbran un año de consolidación macro, con crecimiento de entre 3,5% y 5% y un alza de precios superior a lo que proyecta el Gobierno; la creación de puestos de trabajo, un tema que estará en el foco
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El año que recién comienza, para los economistas, se perfila más como de consolidación del ordenamiento macro que como de despegue. Coinciden en destacar que estará marcado por un contexto político más estable tras las elecciones legislativas de octubre y el triunfo del oficialismo, lo que entienden que abre posibilidades para que se aprueben y se pongan en marcha algunas de las reformas estructurales que necesita la Argentina.
Entre los economistas consultados por LA NACION, las expectativas de crecimiento se mueven entre 3,5% y 5% anual, nuevamente con heterogeneidad entre sectores. Respecto de la inflación, la proyección supera la pauta presupuestaria del 10% y ronda entre 22% y 25%. La modificación del esquema de bandas cambiarias (indexación por inflación pasada) que rige desde este año -aunque es considerado un régimen de transición- juega un rol crucial en estas estimaciones inflacionarias.
Los especialistas consideran que el foco de este año estará sobre el empleo, con la mirada puesta en que se logren crear puestos de calidad. Las fuentes no esperan una mejora importante del consumo, aunque creen que podría registrar un alza respecto al 2025.

Participaron del relevamiento Daniel Artana, economista jefe de FIEL; Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de EcoGo; Ricardo Delgado, presidente de Analytica; Fernando Marengo, economista jefe de BlackTORO; Martín Rapetti, director ejecutivo de Equilibra; Gustavo Reyes, economista jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea; Dante Sica, socio fundador de ABECEB; y Fausto Spotorno, director de la consultora OJ Ferreres y del Instituto de Economía de UADE. Consensuaron que quedan desafíos importantes a superar, más allá del camino de ordenamiento macroeconómico que ya comenzó.
“Hay un antes y un después del 26 de octubre -dice Dal Poggetto refiriéndose a las elecciones legislativas-. El resultado amplió el horizonte de planeamiento y se fortaleció la posibilidad de aprobar reformas estructurales. La constitución del Congreso permite avanzar, aunque no de manera lineal, con las reformas necesarias para mejorar la productividad sistémica, sobre todo en una apertura económica con un tipo de cambio que no es alto”. Estos cambios se reflejan en los mercados, ya que “se produjo una descompresión de los activos financieros y mayores chances de acceder al crédito internacional. El anuncio de una recalibración del régimen cambiario y monetario fue decirle al mercado lo que quería escuchar”.
Dal Poggetto advierte que el programa financiero “sigue en veremos. Veremos si el Gobierno logra comprar dólares en el medio de las nuevas bandas o si necesita recalibrarlas si la divisa se pega a la línea superior”. En ese contexto, señala que las alternativas están vinculadas a si se logra acceder al mercado internacional para dejar de pagar la deuda al contado.
“Para la inflación, hasta ahora, el ancla era cambiaria -analiza Dal Poggetto-. Ahora conviven dos objetivos, el tipo de cambio y la acumulación de reservas. Habrá un tira y afloje y la inflación dependerá de cómo se maneje esta dinámica”.

Reyes coincide en que el resultado electoral y el swap de Estados Unidos consolidaron la estabilidad fiscal: “El superávit fiscal quedó blindado y la probabilidad de shocks abruptos es muy baja, lo que genera un marco de certidumbre para empresas y familias. No vemos ‘bombas’ a las que estamos acostumbrados los argentinos, como aceleración de la inflación o una disparada tipo de cambio. Cambió el horizonte. No es probabilidad cero, pero es bajísima. Aun sin refinanciación de la deuda, el swap alcanza para pagar los vencimientos del año y, si refinancian los organismos internacionales, cubre los vencimientos de bonos del sector privado de este 2026 y de 2027”.

Sobre la política cambiaria, el economista del Ieral advierte que el actual esquema de bandas atado a la inflación pasada sí genera más incertidumbre para la inflación. Apunta que si bien los actuales niveles son más bajos que los que registraba el país, “siguen altos y complicados. Si no se elimina o alcanza números muy bajos, el peligro está latente y hay que esperar el efecto de no tener ancla cambiaria”.
Para Sica, en la Argentina “se están alineando política y economía”. Prevé que esa coordinación generará “dos o tres años de crecimiento sostenido” aunque reconoce que la velocidad y profundidad de las reformas será determinante, especialmente. Estima que el piso de crecimiento de este año es de alrededor del 4%. Los sectores orientados a la exportación serán el principal motor, mientras que los más dependientes del mercado interno tendrán una evolución más moderada, señala.
Aunque reconoce un escenario más ordenado que el año pasado, Delgado plantea que “no será sencillo repetir tasas altas de crecimiento”. Sus proyecciones son las más cautas entre los consultados: entre 1,5% y 2%, considerando que el arrastre estadístico será bajo y la “recuperación deberá ser genuina”.

El presidente de Analytica sostiene que habrá un “impulso importante de las exportaciones; un buen año agropecuario por la buena cosecha, y la inversión creciendo en minería y energía. En el caso del consumo, que es gran parte del PBI, el gasto público en términos reales se mantendrá como en 2025, mientras que el privado depende de los ingresos y del crédito a las familias”.
Combos para la actividad
Respecto del financiamiento, Delgado sostiene que, “lo más natural”, es que el país salga a colocar deuda. “si no lo hace, será necesario más esfuerzo. Lo funcional al crecimiento sería tomar financiamiento”, indica.
Sobre la inflación, considera que si el Indec -como está previsto- cambia la metodología de medición, podría ser “un poco más alta” que en 2025 porque la canasta general será más elevada. “En el primer semestre podría estar en torno al 2% o algo más y bajar en la segunda parte del año, para cerrar en alrededor de 25%”, sintetiza.

“Tenemos un tipo de cambio levemente retrasado pero aceptable; una política fiscal ordenada y un Banco Central (BCRA) con herramientas para remonetizar la economía -analiza por su parte Spotorno-. Sin embargo, los desafíos estructurales siguen presentes. El Gobierno debe remonetizar la economía y, al mismo tiempo, debe haber ajuste de precios relativos. Eso puede llevar a mantener la inflación en el 2% mensual”.
Al poner la lupa sobre la inflación, indica que aunque el planteo oficial de abastecer pesos a medida que se demanden parece “sencillo”, esa demanda “se conoce expost. Nadie revela cuánto quiere tener, se sabe cuando se emite”. A eso se le suma el aumento de tarifas, con lo que se “ralentizará la desinflación”. Spotorno calcula un 20% anual con un segundo semestre en el que el indicador se acercará al 1% mensual.
En cuanto al crecimiento, señala que rondará el 3% y “seguirá siendo heterogéneo, pueden terminar empujando todos los sectores, pero con niveles distintos”. En ese escenario prevé un repunte del consumo.
Ya sobre los dólares necesarios para cumplir con los vencimientos de deuda, Spotorno evalúa que habría más inversión y algún ingreso por la ley de Inocencia Fiscal, pero no estarán los aportados por el Fondo Monetario Internacional (FMI). “La clave es cuánto demanda el mercado minorista -añade-. No será el volumen del 2025, será menos. También la balanza comercial será mejor, con aumento de exportaciones e importaciones y más pago de intereses y dividendos al exterior, ya que quedan liberados los de 2025. La clave es cómo funcionará todo eso”. Se suma a los que descuentan que Economía saldrá a buscar financiamiento internacional.
Artana comparte que el escenario general se modificó después de las elecciones: “Subimos perspectiva de crecimiento, la tenemos entre 3% y 4%. Hay una muy buena perspectiva de cosecha, energía y petróleo seguirán traccionando, pero permanecerá la diferencia de ritmos entre sectores y regiones. En una economía más abierta, hay algunos que ganan más que otros. Los servicios locales, el comercio y la construcción deberán adaptarse, se irán destrabando oportunidades”.
El economista jefe de FIEL abona el concepto de que la baja de la inflación será “más lenta de lo que preveía; el esquema de bandas puede influir en eso. Alimentos y energía seguirán presionando los precios, mientras que otros rubros se estabilizan gradualmente”.
Respecto del nuevo régimen de bandas cambiarias, Rapetti considera que, “con el objetivo de no perder competitividad y robustecer la acumulación de reservas” será “más difícil bajar” la inflación. Con el actual contexto, espera una continuidad de alrededor del 25% anual mientras que si el Gobierno decide avanzar “a una fase superior del régimen cambiario, sin bandas, podría moverse en torno al 30%”.
Esa nueva etapa podría darse en el segundo semestre, cuando hay más ingresos de divisas del campo, lo que debería estar acompañado por menos demanda interna de dólares y más inversión. Respecto del nivel de actividad, calcula un “crecimiento moderado”. Y aclara: “No hay que subestimarlo porque serían dos años seguidos de mejora”.
Para Marengo, la actividad a largo plazo depende de inversión y el impulso para este año lo dará el campo, con una muy buena producción y “recuperación de precios del girasol y la soja”. En sus cálculos, el sector agrícola aportaría unos US$7000 millones más que en 2025. El segundo empuje vendría del BCRA, por el bajo nivel de monetización. “Si hay confianza aumenta la demanda de dinero y, si el tipo de cambio se mantiene estable, ayuda a bajar tasas. Así debería reaparecer el crédito”, indica.
Entre abril y octubre últimos, amplía Marengo, la demanda privada de dólares escaló a US$30.000 millones. “No fueron a consumo, sino debajo del colchón. Con un escenario de más confianza -que ya comenzó a surgir en noviembre- en vez de a dólares, esos pesos irán a otras compras”. Reyes comparte ese diagnóstico, “menos compra privada de dólares, más reactivación. En ese camino inverso también está la tasa de interés”. El Ieral estima un crecimiento de entre 4% y 5%, mientras que para Marengo se mueve entre 4% y 4,5%.
“La monetización es muy baja y necesita remonetizarse -sintetiza Marengo- El Central compra dólares, emite pesos y no los esteriliza. Si hay demanda de pesos hay que satisfacerla (lo que es inflacionario es una emisión superior a la demanda). Antes comprará dólares, no dejará que el tipo de cambio se aprecie dentro de las bandas de manera inútil y eso fortalece su balance. Con una depreciación del 15%, la inflación podría estar en 20% o algo por encima”.
El riesgo que marca es que “si hay un shock negativo, cae la demanda de dinero y se va al dólar, el tipo de cambio irá al techo de la banda, con lo que la inflación futura es más alta. El ancla que era el techo de la banda ahora varía y, en una economía como la argentina, generaría incentivos a dolarizar portafolios”. A ese escenario Marengo le adjudica “pocas posibilidades”, porque la base monetaria es “muy baja” y juega a favor la caída de la volatilidad que se dio por las condiciones previas a las elecciones.
Lupa en el empleo
Con un crecimiento económico que mantendrá la fuerte heterogeneidad, según coinciden los consultados por LA NACION, el comportamiento de la generación de empleo también será dispar. Energía, minería y agro seguirán siendo los motores argentinos, pero son sectores que tienen bajo impacto en la creación de puestos de trabajo. Un aspecto crucial pasa porque haya más trabajo de calidad en un país donde 40% es informalidad.
Rapetti y Dal Poggetto resaltan que como los sectores impulsores de la actividad no generan empleo masivo, la recuperación laboral global será limitada. “Viene mejor la economía en zonas no urbanas en un país que es predominante urbano. El mayor desafío es la calidad”, apunta Rapetti.
Spotorno tampoco augura una reacción rápida, aunque sí “un repunte si hay más inversiones. Hay una alta informalidad y baja capacitación, con presiones salariales focalizadas en los rubros en los que se pelea por el recurso humano. Habrá alguna suba en los ingresos, pero no demasiado fuerte”.
Artana enfatiza que la transición hacia una mayor productividad (la de Argentina es la misma que hace 50 años mientras que en la región y el mundo avanzó) “no siempre genera empleo inmediato, especialmente en sectores intensivos en capital y tecnología”. Con reglas de juego estables, descuenta que habrá inversiones para recuperar productividad.
Aunque es obvio que la creación de empleo requiere de más actividad, insiste en que sin modernización laboral -aun con estabilización- los problemas seguirán. También en este punto remarca que los cambios no tendrán efectos inmediatos, pero valora que la dirección que tomen será “crucial” para definir el futuro.
Sobre los ingresos, reconoce que “parte de la fuerza laboral con potencial productivo no logra incorporarse a la formalidad, limitando la presión salarial general”. Para Delgado, los salarios podrían seguir la tasa de inflación, pero no ve una recuperación vigorosa. Respecto de la creación de empleo, entiende que estará más ligada a sectores intensivos en capital y tecnología, porque no proyecta un alza fuerte de la inversión en obra pública y “la privada seguirá limitada por costos y financiamiento”.
Los economistas sostienen que las diferencias regionales influirán en la recuperación del empleo. “Algunas provincias crecerán más rápido, mientras otras permanecerán rezagadas”, dice Reyes, mientras que Dal Poggetto acompaña con que la mejora de ingresos también “dependerá de la distribución sectorial del crecimiento, y de la capacidad del crédito de llegar a las familias”.
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