La Argentina está cada vez más lejos de ser normal

Miguel Angel Broda
Andrea Broda
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17 de agosto de 2014  

Los países exitosos de la región han entendido la importancia de los equilibrios macroeconómicos. En la Argentina, en cambio, el camino de aquí al fin de 2015 se presentaba sinuoso ya antes del default por la profundización de los desequilibrios macroeconómicos. Y, ahora, en default, podría aumentar el riesgo de ir derrapando para llegar a destino.

Países como Chile, Perú y Colombia han logrado amplios consensos sobre el valor de la estabilidad macro, cimentada en cuatro pilares: (1) estabilidad de precios, instrumentada por un Banco Central independiente con metas de inflación; (2) reglas fiscales de equilibrio estructural que promueven la disciplina fiscal; (3) sistemas financieros bien regulados y capitalizados, y (4) tipos de cambio flexibles, con apertura comercial y financiera, que permiten amortiguar los efectos de los shocks externos.

En la Argentina, no hay predisposición del Gobierno para implementar sanas políticas como las de nuestros vecinos. Y hoy los problemas macro condicionan el devenir de la economía. Aquí no hay ni metas fiscales ni presupuesto público creíble. Aquí no hay disciplina, sino descontrol fiscal y abuso de la maquinita de emitir por un gasto público imparable (¡que en junio trepó 56,5% anual!). Recientemente, el Gobierno modificó discrecionalmente el presupuesto agregando vía decreto de necesidad y urgencia (DNU) ¡$ 152.481 millones! de gasto primario a la autorización votada en el Congreso. Todo indica que el Gobierno apunta a más expansionismo fiscal para morigerar la recesión y el impacto del default. Se viene un aluvión de pesos: si el BCRA iba camino a emitir $ 140.000 millones en 2014 para financiar al Tesoro, post-DNU (y postdefault) apunta a $ 160.000 millones (¡algo más de $ 120.000 millones de agosto a diciembre!). Aunque esta previsión puede ser más alta porque el Gobierno sigue anunciando medidas progasto: mayor ajuste previsional en septiembre; ampliación del Repro; del Plan de Viviendas, etcétera. En resumen, los países serios justifican cómo financiar un mayor gasto, en cambio, el gobierno argentino actúa como si no hubiera restricción presupuestaria. Aquí todo aumento del gasto implica más emisión, menos independencia del BCRA y más riesgo de mayores tensiones inflacionarias y/o cambiarias.

Con el BCRA "esclavo" de la política fiscal, no hay límites a la expansión de moneda (la base monetaria, que crecía a principios de año al 16% anual, apunta a 35% a fin de año y con un aumento mínimo de la velocidad de circulación del 10%, vamos a añorar las tasas de inflación de poco más de 2% de julio/agosto). Cada vez que el Tesoro carece de financiamiento, se recurre a modificar la Carta Orgánica del BCRA para aumentar el financiamiento del Central al fisco. El primer gran atropello sobre el BCRA fue en enero de 2010 con el fin de que el Gobierno pudiera hacerse de reservas mediante letras intransferibles para pagar la deuda pública en dólares sin tener que comprar dichas reservas con pesos del superávit fiscal (que se había esfumado, al igual que el superávit externo). Luego, cuando resultó insuficiente el monto permitido de emisión vía adelantos y utilidades (ahora aumentadas contablemente por las letras intransferibles), el Gobierno aumentó el financiamiento en pesos del BCRA al fisco, modificando la Carta Orgánica en marzo de 2012: hasta entonces el BCRA podía emitir pesos vía adelantos para asistir al Tesoro hasta 12% de la base monetaria más 10% de los recursos del gobierno nacional, luego amplió esa emisión a 12% de la base más 20% de los recursos (creando una "nueva línea" extraordinaria por 18 meses por otro 10% de los recursos). Cuando en enero de 2014 los adelantos convencionales más los extraordinarios no alcanzaban, el BCRA decidió renovar "de facto" el uso de esta línea extraordinaria de adelantos. Y, ahora, sabiendo que no le van a alcanzar las utilidades infladas ni los adelantos extraordinarios para asistir al Tesoro (sólo le quedan $ 13.000 millones de adelantos y $ 43.000 millones de utilidades contra necesidades de emitir para el fisco de $ 120.000 millones), va por otro cambio que viola el espíritu de la Carta Orgánica del BCRA: con el reciente DNU, el Tesoro se prepara para emitir deuda (más "papelitos") por hasta $ 104.000 millones que podrían usarse para cancelar adelantos transitorios con el BCRA, liberar esta línea de crédito y ampliar la posibilidad de emitir moneda para el Tesoro. Encima, con política fiscal y monetaria muy expansiva, el único instrumento que queda para morigerar la inflación es el tipo de cambio, pero aumentando el atraso cambiario.

En resumen, el país no tiene metas de inflación ni programa monetario ni presupuesto y tampoco puede devaluar más para morigerar las eventuales consecuencias del default, lo que mantiene alta la incertidumbre del sector privado. La política fiscal ultraexpansiva y la aceleración de la expansión de dinero con tasas de interés declinantes configuran hoy la peor política económica posible. Podemos estar gestando una crisis macro en 2015, tan al cohete como el actual default.

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