
La Argentina refinanciará la deuda de 1997
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MELBOURNE.- Roque Fernández anunció aquí a La Nación que tiene su decisión tomada: la Argentina renegociará todos sus vencimientos de deuda externa de 1997, por un total de casi 6000 millones de dólares.
"Es un buen momento para hacerlo, porque las tasas de interés internacionales están en baja y es un alivio importante para el manejo de las finanzas públicas durante el año 1997", explicó el ministro de Economía durante una entrevista en esta ciudad australiana, antes de partir rumbo a Japón.
En Tokio comenzará hoy, precisamente, la búsqueda de apoyo financiero internacional necesario para refinanciar los vencimientos de 1997 a mayor plazo y mediante la suscripción de nuevos bonos de deuda.
Tras explicar su programa económico -y presentarse, en realidad, personalmente, en esa plaza financiera clave-Fernández lanzará su propuesta de emitir un bono en yens, denominado ya "bono samurai", por un monto de 500 millones de dólares.
Ese será el primer paso para poner en marcha la búsqueda de fondos internacionales que permitan reprogramar la deuda de corto plazo que preocupa particularmente al ministro en un contexto económico en el cual no se ha recuperado todavía el equilibrio fiscal.
-¿No teme volver al círculo vicioso de postergar deuda con más deuda con el costo de incrementar un poco más el monto total del endeudamiento?
-No, porque hay condiciones internacionales muy favorables para cambiar prácticamente la misma deuda pero estirándola a plazos más favorables. El panorama económico general de la Argentina es bueno y permite lanzar este programa en el plano financiero internacional con toda tranquilidad.
-¿Cuál es su previsión exacta sobre el comportamiento de la economía argentina en este momento como para lanzar una emisión de bonos en el exterior?
-Los datos conservadores de este momento indican que la economía argentina crecerá en un 5% en 1997 y quizá algo más si se confirma que al cabo de 1996 podremos estar más cerca de un crecimiento del 4% que del 3% por tenemos previsto por ahora.
-Para alcanzar un crecimiento de casi el 4% en 1996 el aumento de la actividad económica del último trimestre debería ser de casi el 10% respecto del último trimestre de 1995. ¿Se puede alcanzar esta cifra tan alta?
-Estimo que sí, porque estamos revisando día a día los indicadores y nos permiten ver que hay una aceleración favorable. Todos los datos nos dan para arriba. Y también es probable que al confirmar definitivamente los números del segundo y tercer trimestre de este año se produzca una pequeña corrección hacia arriba, lo cual también incidirá como para que el crecimiento global de 1996 esté más cerca del 4% que del 3%. Pero más vale ser cautos y esperar los números definitivos.
-Si los datos económicos confirman ese ritmo de crecimiento, ¿cree que se puede volver al equilibrio?
-Al equilibrio exacto, no. Aunque haya un aumento de recaudación por mayor actividad, creo que lo más probable es que el déficit baje a un punto del PBI, o acaso 0,9 por ciento. Ese sería un resultado bueno para el año.
-Además de la refinanciación de los plazos de deuda, ¿cuál es su principal prioridad económica en la agenda para 1997?
-Mi principal preocupación es el desempleo. Ese es el gran desafío económico. Todo lo que tenemos que hacer en política económica debe apuntar a tratar de reducir la tasa de desempleo.
-Además de concentrarse en el mejoramiento del panorama macroeconómico, ¿sigue de cerca otras cuestiones de política económica, como el debate abierto recientemente sobre el controvertido proyecto de ley de hidrocarburos?
-Sí, por supuesto que también es nuestra tarea. Sobre eso hemos hablado ya con varios senadores que analizan la futura ley.
-¿Cuál es su posición personal sobre ese proyecto que parece reinstalar más regulaciones en la actividad petrolera?
-Yo estoy en contra de volver a las regulaciones. Cualquier cambio de reglas de juego deteriora el clima para la inversión y nuestra máxima preocupación debe ser siempre la de atraer inversiones. Fíjese, por ejemplo, lo que se ha conseguido con la inversión en minería, que es un tema principal de análisis en esta reunión en Australia, gracias a la desregulación y al establecimiento de un plazo de 30 años que garantiza la operación de cualquier inversor, extranjero o nacional.
¿Cuál será la posición del ministerio de Economía frente a un proyecto de ley que puede modificar las reglas de juego existentes?
-Nosotros vamos a explicar nuestra posición y vamos a hablar con el Congreso como corresponde. Es indiscutible que se necesita una buena ley de hidrocarburos. Yo confío en un diálogo positivo con el Congreso para alcanzar un buen acuerdo y no perjudicar el clima para la inversión. Algo similar queremos proponer para alentar la inversión en forestación en todo el país.
-Desde que ocupa el cargo de ministro de Economía, ¿ha recibido presiones políticas para aumentar el gasto?
-Para decir la verdad, no. Lo que sí existe en nuestra situación económica actual son ciertas rigideces que no podemos modificar. Una de ellas es la ley y a veces estamos en retraso porque no se dispone de fondos y no podemos incrementar el déficit.
-¿Cuál fue su reacción ante las críticas de Cavallo respecto de que usted podría ser menos duro en la negativa a pedidos de aumentar el gasto?
-No se a qué se refiere con que yo no se decir que no. Quizá Cavallo ha confundido algunas declaraciones mías sobre la necesidad de refinanciar deuda con una supuesta predisposición mía a aceptar un mayor nivel de gasto. Pero no es así. Mi preocupación es volver al equilibrio fiscal y eso significa no aceptar presiones por mayor gasto.
-¿Lo afectaron de algún modo esas críticas de Cavallo?
-No, para nada.
-¿Notó algún efecto sobre el comportamiento económico a raíz de esas declaraciones?
-No, absolutamente nada. Ni en los mercados locales ni internacionales, ni en comentarios de ningún tipo. Y menos aún en el exterior. Fíjese una cosa: nadie me hizo aquí, ni empresarios ni políticos de cualquier país, ni una pregunta sobre Cavallo.





