
La Argentina se acomoda a un mundo con deflación
Para competir en un contexto de precios en baja se deben mejorar los índices de productividad y el riesgo-país Por Alieto Guadagni
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Como consecuencia de la crisis económica, el mundo atraviesa hoy una disminución generalizada de los precios de los productos. La caída promedio llegó, en los últimos dos años, al 6%. Los precios mayoristas -en dólares- cayeron más del 5% en la Unión Europea, el 9% en Japón, el 15% en el sudeste asiático, casi el 5% en el Mercosur y casi el 4% en el bloque del Nafta. Un signo evidente de la profundidad de este proceso es el precio del barril de petróleo crudo, que se ubica actualmente por debajo del nivel previo a la crisis petrolera de 1973. Puede afirmarse, pues, que el mundo está en deflación.
La última deflación se vivió durante la Gran Depresión de los treinta. Por lo tanto, las actuales generaciones no conocen este fenómeno; no están acostumbradas al mismo. Muy por el contrario, si de un problema de precios se trata, el único que enfrentó el mundo a lo largo de las últimas décadas, fue el de la inflación. Las instituciones y las políticas económicas modernas fueron diseñadas para prevenir o combatir la inflación.
Comportamientos
En la cultura de los pueblos, se observan hábitos antiinflacionarios y comportamientos para eludir los efectos nocivos de la suba de los precios. En estas décadas, las crisis más graves desembocaron en fenómenos hiperinflacionarios. En el transcurso de los noventa, la inflación fue, en buena medida, derrotada, dejando de ser uno de los problemas centrales de la economía. Pero nadie preveía que esta década iba a finalizar con deflación.
Nuestro país, aunque parezca increíble -dada su historia inflacionaria-, también atraviesa por un fuerte proceso de caída de los precios que enfrentan los productores. Entre febrero de 1997 y de 1999, los precios mayoristas disminuyeron un 8,4% en mayor medida que la caída promedio en el mundo. En este mismo período, los precios al consumidor apenas se incrementaron un 0,5%, manteniéndose estables en los últimos doce meses .Para tomar dimensión de la magnitud de la caída, debe tenerse en cuenta que, en los primeros dos años de la Gran Depresión (bienio 1929-1930), los precios mayoristas en nuestro país disminuyeron un 7%; es decir, a un ritmo menor que el actual. A lo largo de toda la crisis del ´30, que se extendió hasta 1933, los precios mayoristas cayeron un 13%.
Fuerte caída
Como consecuencia de la deflación mundial, los precios de nuestras exportaciones disminuyeron casi un 13% en el bienio 1997-1998 respecto de los niveles de 1996. La caída fue muy pronunciada, una de las mayores de los últimos 50 años; y, además, se difundió hacia todos los rubros sin excepción, aunque manifestándose con mayor intensidad en los commodities agrícolas y el petróleo.
Para tomar dimensión de la caída, hay que pensar que ocasionó, en estos dos años, una pérdida de divisas de alrededor de 4000 millones de dólares, lo que equivale a dos meses de ventas al exterior. Es decir que, de haberse mantenido los precio vigentes en 1996, hoy estaríamos hablando de 30.000 millones de dólares de exportaciones en lugar de los apenas 26.000 alcanzados, lo que hubiese significado un ritmo de expansión tres veces superior al finalmente registrado (25% y no 8,6%). En lo que va de este año, no se observa, hasta el momento, que los precios se recuperen; más aún, algunos precios que no habían caído en 1998, sí lo están haciendo en 1999 (como es el caso de los aceites y la carne).
Tendencia
La tendencia hacia una mayor diversidad y diferenciación de la oferta exportable ha atenuado los costos de la caída de los precios internacionales. Esto se verifica a pesar de la mayor importancia que adquirieron las ventas de petróleo y minerales metalíferos. Recordemos que hace menos de quince años atrás, los cereales, el complejo oleaginoso, la carne y los combustibles- productos que resultaron más afectados por la crisis de precios- aportaban dos tercios de las exportaciones. Actualmente, estos rubros representan apenas el 45% del total. Si la canasta exportadora se hubiera mantenido con el bajo grado de diversificación del pasado, el costo de la actual caída de los precios hubiera sido mucho más elevado.
En 1997, la economía mundial creció un 4,2% y la economía argentina creció el doble, 8,6%. En 1998, el mundo creció un 2,2% y la Argentina un 4,2%, volviendo a duplicar el aumento del producto mundial. En el período 1991-1998, nuestro país ocupó el sexto lugar en crecimiento del producto. Para poder continuar creciendo en 1999, en un mundo con deflación es primario ser cada vez más competitivos sobre la base de la modernización del equipamiento productivo, la reducción de los costos empresarios, el aumento de la calidad de los productos, la innovación tecnológica y la preservación del riesgo-país.






