La cadena industrial de electrónicos enAsia, un escollo en el camino de Trump

Componente laboral
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Juro Osawa
Kathy Chu
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17 de noviembre de 2016  • 02:04

HONG KONG—La sofisticada cadena de suministro de productos electrónicos de Asia y la masiva concentración de mano de obra en la región son dos obstáculos que se interponen en el camino de la promesa del presidente electo Donald Trump de hacer que las empresas estadounidenses repatrien los empleos manufactureros.

Cuando Jabil Circuit Inc., el tercer mayor fabricante por contrato del mundo en términos de ingresos, necesitó acelerar rá-pidamente la producción de sus componentes electrónicos hace unos años, la compañía logró sumar 35.000 trabajadores en China en menos de seis semanas.

“En ningún otro país se puede ampliar la escala tan rápidamente”, dice John Dulchinos, vicepresidente de fabricación digital de Jabil, un proveedor de compañías como Apple Inc. y Electrolux SA, con sede en San Petersburgo, Florida. “Uno tiene la capacidad de moverse rápidamente y hay una cadena de suministro de electrónica muy fuerte en Asia centrada en torno a China”.

La experiencia de Jabil subraya los roles protagónicos que juegan los ejércitos de trabajadores migrantes chinos y la cadena de suministro desarrollada en Asia durante décadas en la producción global de electrónicos. Es un tema que Trump necesitará abordar si pretende devolver la producción a gran escala a una economía estadounidense que, según estimaciones del Instituto de Política Económica, de Washington, DC, ha perdido más de 5,4 millones de empleos manufactureros y 82.000 fábricas entre 1997 y 2013.

“Voy a hacer que Apple comience a hacer sus computadoras y sus iPhones en nuestro país, no en China”, dijo Trump en marzo, haciéndose eco de un tema que repitió durante toda su campaña. “¿Cómo nos ayuda [Apple] cuando los fabrican en China?”.

El presidente electo ha amenazado con imponer un arancel de 45% sobre las importaciones chinas a EE.UU. La medida podría perjudicar a las compañías estadounidenses que fabrican en China, como Apple, Dell Technologies y HP Inc., y haría caer el PIB de China en 4,8% y las exportaciones chinas a EE.UU. en 87% en tres años, calcula Kevin Lai, de Daiwa Capital Markets.

Sin duda, hay incertidumbre sobre si Trump atenuará su retórica de campaña como presidente. El magnate inmobiliario ya ha mostrado potencial para alcanzar soluciones intermedias en otros asuntos desde su elección la semana pasada.

Un arancel alto sobre las importaciones chinas podría acelerar la migración de las fábricas de electrónica de China a países asiáticos de menores costos, como Vietnam, en lugar de impulsar la producción estadounidense de productos electrónicos, advirtieron algunos analistas.

Apple dijo en un comunicado que ha creado más de dos millones de empleos en EE.UU. para ingenieros, empleados de centros de atención telefónica y conductores de camiones de entrega. La compañía indicó que trabaja con más de 8.000 proveedores en EE.UU. y que invierte “fuertemente en empleos e innovación” en el país.

HP se negó a comentar al respecto. Un portavoz indicó que la compañía espera trabajar estrechamente con el nuevo gobierno en “temas prioritarios de tecnologías de la infromación como seguridad, comercio y computación en la nube”.

Aunque las compañías electrónicas estadounidenses fabrican en su país productos de alta gama y de menor volumen como la computadora Mac Pro de Apple, el presidente Barack Obama y el senador demócrata Bernie Sanders han cuestionado si los productos electrónicos de fabricación masiva —y específicamente el siempre popular iPhone— se pueden hacer de manera rentable en EE.UU.

La respuesta, dicen los expertos, es que si bien el montaje del iPhone en EE.UU. es teóricamente posible, es altamente improbable debido a la dificultad de reubicar el ensamblaje y otras partes de la extensa cadena electrónica desde Asia a Occidente.

Si bien los iPhones son diseñados en California, Apple obtiene chips de memoria y pantallas —los componentes más caros del iPhone— de proveedores japoneses y luego usa compañías taiwanesas como Hon Hai Precision Industry Co. y Pegatron Corp. para montar los iPhones en China continental. Apple también usa proveedores estadounidenses para fabricar componentes como cristal y partes de radiofrecuencia en el país.

Trump “no podría terminar (de hacer esa mudanza) durante su presidencia”, dice Alberto Moel, analista de Sanford C. Bernstein.

Otra barrera para regresar las manufacturas a EE.UU. es que las compañías electrónicas estadounidenses a menudo externalizan la producción, por lo que no siempre tienen el control absoluto sobre dónde se fabrican sus productos.

En opinión de Steve Chuang, presidente del Consejo de la Industria Electrónica de Hong Kong, que representa a los fabricantes de China continental, es lógico que las empresas estadounidenses y sus ensambladores mantengan sus bases de fabricación en Asia, que hoy constituye el mayor mercado consumidor de teléfonos inteligentes y otros dispositivos.

Los economistas advierten que algunos trabajos manufactureros realizados en China con mano de obra humana podrían ser reemplazados por máquinas si la producción regresa a EE.UU.

El pasado mes de diciembre, el presidente ejecutivo de Apple, Tim Cook, dijo en el programa de televisión de la cadena CBS 60 Minutes que la compañía fabrica sus productos en China, en parte porque los trabajadores chinos poseen “destrezas de tipo vocacional” que son cada vez más difíciles de encontrar en EE.UU.

Incluso si Apple encuentra la cantidad suficiente de empleados para ensamblar sus productos en EE.UU., el costo de un iPhone 7 podría aumentar entre US$30 y US$40, según estima Jason Dedrick, profesor de la Escuela de Estudios de la Información de la Universidad de Syracuse. Puesto que la mano de obra representa sólo una fracción del costo total de un aparato electrónico, la mayor parte del alza de costos provendría del envío de partes a EE.UU.

Si los componentes de un iPhone también fueran producidos en EE.UU., el costo de uno de estos modelos podría subir US$90, según la investigación de Dedrick junto a Greg Linden, de la Universidad de California en Berkeley, y Ken Kraemer, de la Universidad de California en Irvine.

Eso quiere decir que si Apple opta por traspasar todos esos costos a los consumidores, el precio de un iPhone podría aumentar en cerca de 14%.

—Eva Dou, Amjie Zheng y Robert McMillan contribuyeron a este artículo.

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