
La contribución de Keynes
Por Roberto Frenkel Para LA NACION
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Muchos grandes descubrimientos científicos se han incorporado tan profundamente al acervo de conocimientos que son parte de nuestra forma natural de ver el mundo. Los adquirimos en una etapa temprana de la educación o los absorbemos después, en la exposición cotidiana a la interacción social y los medios. No es frecuente saber que ese conocimiento es resultado del trabajo original y pertinaz de un científico. O, si en algún momento lo supimos, lo olvidamos porque carece de importancia en nuestra vida.
Sabemos, por ejemplo, que la sangre circula en nuestros cuerpos a través de arterias y venas impulsada por los latidos del corazón. Pero es menos difundido que debemos ese saber a la obra del médico inglés William Harvey. Sabemos que habitamos un astro que es parte de un sistema planetario que gira alrededor del sol. Pero raramente mencionamos que es un conocimiento heredado del trabajo del astrónomo polaco Nicolás Copérnico.
Así ha ocurrido con la obra científica del economista inglés John Maynard Keynes. Sus descubrimientos se han plasmado profundamente en nuestra visión del funcionamiento de la economía de mercado. Son parte de un saber tan común que se olvida que nos fueron legados por su investigación y sus lecciones. En esta nota destacamos algunas de esas contribuciones.
En primer lugar, Keynes descubrió que en una economía sumida en la recesión y el desempleo, las fuerzas del mercado no operan automáticamente para restablecer la plena utilización de los recursos materiales y humanos. La economía puede encontrarse en equilibrio con desempleo. Hay múltiples equilibrios posibles y sólo uno de ellos es de pleno empleo.
A partir de ese hallazgo y en busca de una mejor comprensión de las leyes de movimiento que determinan las expansiones y contracciones, Keynes desarrolló un esquema conceptual para analizar la evolución del nivel de actividad y empleo. Con este desarrollo teórico, Keynes fundó la macroeconomía como disciplina especializada dentro de la ciencia económica. En su teoría clasificó las variables exógenas y endógenas involucradas en la dinámica macroeconómica y subrayó la importancia crucial de las expectativas de largo plazo de los inversores y de las tasas de interés resultantes del funcionamiento de los mercados financieros.
Armado con su nueva teoría, Keynes se envolvió activamente en la polémica sobre las políticas públicas posibles e indicadas para sacar las economías hoy desarrolladas de la depresión en que se encontraban a principios de los años treinta. Keynes mostró, como se explicará adelante, la relativa ineficacia de la política monetaria para ese propósito y abogó por la instrumentación del gasto público como la política más eficiente y de efectos más rápidos para salir de la recesión. Esto no era en sí mismo una novedad. Muchos promovían lo mismo antes y el programa de Roosevelt estaba en marcha antes de que Keynes publicara sus descubrimientos. Seguramente no habría pasado a la historia si ésa hubiera sido su principal contribución. Lo que Keynes hizo es colocar el problema en el marco de una teoría general y proveer los fundamentos científicos de las políticas públicas macroeconómicas.
La macroeconomía, como nueva disciplina, destaca tres instrumentos principales de políticas públicas, la política cambiaria, la fiscal -de gasto y tributación- y la monetaria. Esta manera de concebir la gestión de los estados se cristalizó en adelante en la forma habitual en que los gobiernos piensan, organizan y ejecutan sus acciones, primero en las economías desarrolladas y después en el resto del mundo.
El establecimiento de instituciones especializadas en la recolección de la información necesaria y en la ejecución de las políticas macroeconómicas se convirtió en un elemento constitutivo de los estados modernos. Por ejemplo, cuando Ben Bernanke (el heredero de Alan Greenspan en la Reserva Federal de los Estados Unidos) decide elevar un cuarto de punto la tasa de descuento para regular la demanda, ejecuta una acción pública originada en el legado de Keynes.
La preferencia de Keynes por la política fiscal en desmedro de la política monetaria en los años treinta derivaba de sus importantes descubrimientos acerca del funcionamiento de los mercados financieros. Estos constituyen una pieza esencial de su teoría, como mencionamos arriba.
Descubrió que esos mercados son intrínsicamente ineficientes para determinar tasas de interés que induzcan el volumen de inversión (y ahorros) necesario para que la sociedad alcance el empleo pleno. Esta falla es la que explica en su teoría la persistencia de las situaciones de desempleo. Los mercados financieros se equilibran con tasas de interés inadecuadas porque están regidos por las expectativas de los inversores financieros, sujetas a convenciones que pueden ser volátiles, a corrientes de opinión que pueden pasar rápidamente del optimismo al pesimismo y viceversa. La visión de Keynes se aplica en los mercados bancarios, de bonos y de acciones, pero también en otros mercados de activos, como los de tierras e inmuebles y, singularmente, en los mercados cambiarios.
A partir del descubrimiento de Keynes -y de las duras experiencias de la crisis de los años 30- junto al control público de ciertas tasas de interés, los países desarrollaron instituciones públicas de regulación y supervisión de los sistemas financieros, orientadas a reducir la volatilidad y evitar la propagación de shocks. La experiencia reciente de volatilidad y contagio en los mercados financieros internacionales, no sujetos a similares regulaciones, fue un vivo recordatorio de las lecciones de Keynes.
La última contribución
El último trabajo de Keynes fue su contribución al establecimiento del orden monetario y financiero internacional que rigió después de la 2a. Guerra. No todas sus ideas se concretaron, pero lo que resultó -el llamado sistema de Bretton Woods- tuvo su impronta. La conjunción de ese ordenamiento internacional y la persecución del objetivo de pleno empleo por parte de las políticas macroeconómicas nacionales dio lugar, en los países hoy desarrollados, a la reconstrucción de las economías devastadas por la guerra y al más extenso período - tres décadas - de estabilidad, alto empleo, crecimiento y expansión del comercio internacional vivido por el capitalismo.
En resumen, el legado científico de Keynes está plasmado en las instituciones de los estados modernos, en la estructura que adquirió el estudio y la práctica de la ciencia económica y en el saber común acerca del funcionamiento de la economía de mercado. Tan hondamente que a veces, como el monsieur Jordan de Molière, quienes hablan de temas económicos frasean sin saberlo alguna lección del gran maestro.
- El próximo domingo: el columnista invitado será Miguel Angel Broda.




