La crisis cobra víctimas en la indumentaria
Golpeados: Legacy, Osh Kosh, Club Ken, This Week y Conindar -productora de jeans- son algunas de las que se presentaron en convocatoria recientemente.
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"Desde que comenzó la crisis, las Pyme somos cada vez más atacadas por los bancos. Las diez principales entidades sólo les prestan dinero a las automotrices y a las grandes empresas. En los últimos meses, las tasas de interés llegaron a tocar el 36 por ciento", afirmó Marcelo Azqueta, titular de San Isidro Textil, firma dueña de la marca Legacy, que ayer se presentó en convocatoria de acreedores.
La caída del 20% en las ventas, la falta de financiación y los bajos márgenes de rentabilidad golpean a la industria de la indumentaria.
El total del pasivo de Legacy es de $ 18 millones, en uno de sus mejores años en ventas, que cerrará una facturación de $ 40 millones, 20 por ciento más que en 1997. Sus principales acreedores son Algodonera San Nicolás y Ritex.
Legacy es una de las marcas de ropa informal para hombres mejor posicionada. Cuenta con 26 locales propios y franquicias en Uruguay, Paraguay, Chile y Brasil. San Isidro Textil SA emplea a 450 personas.
"La compañía sigue funcionando normalmente gracias al apoyo de los proveedores", puntualiza Azqueta.
La presentación en convocatoria de acreedores del primer jugador grande del sector en septiembre, Conindar San Luis, licenciatario de las marcas de jeans Guess, Wrangler y Calvin Klein, produjo un efecto dominó en los bancos, dicen los empresarios de la ropa. A partir de allí, se replantearon las condiciones de las líneas de crédito, fundamentales para una industria que necesita efectivo por adelantado para comprar los insumos a fin de preparar la colección de la próxima temporada.
Bancos muy duros
"La dureza de los bancos y la caída del 20% de las ventas en el lapso marzo-noviembre fueron los principales factores de esta situación", respondió Alejandro Salvador, gerente general de la Cámara de la Indumentaria. Para Jesús Fabeiro, consultor del sector, "muchas empresas creyeron que una vez alcanzado el éxito ya estaba todo hecho. Hay que seguir innovando, más aún los que no aceptaron la inyección financiera de fondos del exterior".
Otro golpe que acusan por lo bajo los empresarios textiles es la caída de los bancos Patricios y Mayo -con fuerte presencia de clientes de la colectividad judía que pisan fuerte en el rubro- y que prestaban más atención a las Pyme.
"Debido a la concentración en los shoppings, el costo del metro cuadrado en los locales se mantiene en valores difíciles de sobrellevar. La presión impositiva es muy alta", puntualizó Claudio Drescher, creador de la marca Vitamina.
Julio Taola, gerente general de Coniglio, ahora en manos de The Exxel Group, afirmó que "la rentabilidad de este negocio es baja, entre 7 y 9%, y el mercado es muy chico. Si uno no se regionaliza, se complica. A esto hay que sumarles los gastos de las tarjetas de crédito. A veces el volumen de ventas no alcanza para resolver esta problemática".
La nómina de marcas que pidieron concurso preventivo se completa con La Pianola -licenciataria de la marca Osh Kosh-, los rosarinos de This Week y Club Ken.
La falta de crédito fue la clave
Razones: las firmas textiles afectadas culpan a los bancos por una fuerte suba en las tasas y cambios forzados en los plazos de las financiaciones.
El abrupto cambio en las condiciones de financiamiento que los bancos aplicaron a las pequeñas y medianas empresas (Pyme) como producto de la crisis global selló la suerte numerosas firmas que, hasta entonces, se mostraban saludables.
El acceso al financiamiento, que antes del default ruso era en promedio del 13% anual, pasó en el peor momento al 36%, y retrocedió ahora al 26%, encareciéndose en un 100 por ciento. Para peor, se vieron desplazadas por la reaparición en la demanda de préstamos de las grandes empresas, que en los últimos años acostumbraban a fondearse en el exterior.
La abrupta suba de tasas se produjo además porque en medio del vendaval los bancos se lanzaron a recalificar su cartera de clientes crediticios. Al impacto que implicaba el aumento en el costo del dinero se sumó entonces el sobrecosto resultante de una calificación que, en la mayor parte de los casos, resultó mucho menos favorable que antes.
Los bancos anticiparon así las consecuencias que el deterioro en la actividad económica general podría tener en la salud financiera de estas compañías. Pero en algunos casos se manejaron con políticas de shock que redujeron a cero la capacidad de respuesta de las Pyme.
El caso de Textil San Isidro es representativo. En agosto mantenía un pasivo con los bancos Bansud, Quilmes, BBV-Francés, Sudameris y Nación de $ 14 millones. Pero el 30 de noviembre último, la firma debió cancelar $ 5 millones en un pago. "Sólo en el Nación fueron más contemplativos", dicen en la empresa, que 10 días después entró en convocatoria.
El dueño de la textil, Marcelo Azqueta, está convencido de que ése fue el golpe de gracia. "Se caen las líneas de crédito y los bancos no las renuevan", se quejó ante La Nación .
Un repaso por las listas de concursos preventivos pedidos en las últimas semanas parece darle la razón: la mayor parte de las empresas afectadas es Pyme. Y si se consulta a los afectados, aluden a las mismas razones: se sienten discriminados por los bancos, abandonados a su suerte en el peor momento.
En el rubro textil ese sentimiento está mucho más extendido. Por el tipo de actividad que realizan, necesitan asegurarse un tipo de financiamiento razonable. De allí que la restricción crediticia operó en muchos de esos casos como un escollo imposible de superar.





