
La falacia de la tercera vía
Hay dos caminos, la planificación centralizada o la del mercado
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Se ha puesto de moda hablar de una "tercera vía" como la panacea para resolver los problemas económicos. Esta tercera vía constituye una verdadera falacia (etimológicamente significa engaño, fraude con que se intenta hacer un daño a otros). Es una válvula de escape a la que recurren los políticos carentes de propuestas y soluciones concretas.
En 1968 me ocupé por primera vez de este tema. Siendo embajador en Washington del Tte. Gral. Onganía, escribí el libro Bases para la acción política futura . En él decía: "Hay solamente dos maneras de alcanzar un determinado orden económico-social. O el mismo es planificado y aplicado compulsivamente por una autoridad central, o es el libre juego de las fuerzas del mercado el que lo fija, dentro naturalmente de un encuadre general y conforme a reglas no discriminatorias establecidas por el Estado".
Los dos principios ordenadores son, por lo tanto, la planificación centralizada y compulsiva de la economía, y la planificación mediante el mercado. No existen otros principios de esa naturaleza. Las llamadas terceras posiciones no son sino fórmulas que mezclan ambos principios, pero no hay ninguna concepción intermedia -ni extrema- que pueda significar una alternativa distinta. La búsqueda de terceras posiciones no se origina tanto en ese conflicto entre ambos principios, sino que responde más bien a una actitud pragmática, que renuncia a elaborar una verdadera teoría.
"Existe una cierta ambigŸedad respecto al alcance de las terceras posiciones. Algunos las definen como posturas intermedias de orden político, económico e incluso moral entre las concepciones totalitarias y libres de la sociedad. Así se oye decir a menudo que la solución se encuentra en algún punto intermedio entre el comunismo y el capitalismo, y que debe extraerse de cada una de esas fórmulas lo mejor para construir un sistema que goce de las ventajas de ambas. Otros, atribúyenle un significado más restringido; quieren aplicarla a la determinación de una fórmula que participe de los dos principios ordenadores alternativos citados, es decir, de la planificación centralizada y compulsiva por una parte y de la planificación vía mercado por la otra".
Como se ve, el problema no es nuevo: las citas se refieren a preocupaciones existentes 30 años atrás. En nuestro país conocimos una tercera posición pregonada por el general Juan Perón, pero ésta se refería más a buscar un punto intermedio entre los Estados Unidos. y la Unión Soviética que a los principios anteriormente citados.
Verdaderos fracasos
Desde entonces ha habido en diversos países del mundo ensayos de terceras posiciones, que siempre han terminado en verdaderos fracasos. A pesar de ésto, la idea surge periódicamente y en estos momentos asistimos a la propuesta de una tercera vía, que ha ganado espacio principalmente en Europa. No es difícil pronosticar su fracaso.
Sin embargo, quisiera referirme a un aspecto del debate que puede aclarar la situación. Las terceras posiciones son inviables en el ámbito económico y social; en cambio, son posibles en el ámbito político en el cual las diversas posiciones pueden aproximarse en procura de soluciones aceptables para las partes. En la Argentina de hoy esa diferenciación tiene crucial importancia.
El movimiento liberal iniciado en el país en 1956 propició durante más de 40 años la implantación de la libertad económica, de la economía de mercado, la apertura al comercio internacional y la estabilidad monetaria. Esa política constituye en esencia lo que la opinión pública denomina "el modelo", impulsado por Carlos Menem en 1989, que permitió al país salir del abismo de la hiperinflación. Ese "modelo" no admite mezclas con otras políticas. En ese campo las terceras vías son inaceptables.




