La ideología como lujo impagable en una crisis y otros mantras para un economista de culto
Falleció en abril de 2019 a los 54 años y, por la pandemia, los homenajes se postergaron, pero semanas atrás se reunieron en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA amigos y colegas para recordarlo y presentar Exabruptos, un libro con sus principales columnas y textos sobre su trabajo
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De una formación en la heterodoxia y el estructuralismo a ser un reconocido economista de la city financiera; de productor de un documental sobre Isabel Sarli a ser amigo de Javier Milei; de dar clases sobre Epistemología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) a la vanguardia de la economía menos explorada. ¿Puede un rango tan amplio de intereses e ideas concentrase en una sola persona?
Sucedió de hecho con Javier Finkman, quien falleció en abril de 2019 a los 54 años. Por la pandemia los homenajes se postergaron, pero semanas atrás se reunieron en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA amigos y colegas para recordarlo y presentar Exabruptos, un libro con sus principales columnas y textos sobre su trabajo.
Esta versatilidad y amplitud que se describe en el primer párrafo estuvo destacada en todas las presentaciones. “Logró una amalgama extraña y única, de reconocerse como un estructuralista, pero al mismo tiempo respetando los fundamentos básicos; alguien lo definió como un heterodoxo fiscalmente consistente”, lo recordó el economista Gustavo Cañonero. “Ese doble logro de alcanzar un reconocimiento amplio y al mismo tiempo ser un pensador muy permeable genera envidia y resalta el lastre de la discusión anacrónica que frecuentemente se plantea en la macro argentina”, agregó.
Para José Fanelli, economista del Cedes, Finkman podría haber hecho un aporte invalorable en el actual contexto: “El punto central es que gente como Javier Finkman se la pasaba leyendo y pensando en lo que leyó y esa ya es una diferencia enorme, porque la realidad argentina de hoy es tan compleja que la ideología es un lujo que no nos podemos dar”.
El libro Exabruptos (así se llamaba su blog original) tiene unas 300 páginas con escritos compilados por Eduardo Levy Yeyati, con columnas que Finkman escribió en El Economista, Crítica y en La Nación, a lo que se sumaron nueve ensayos en su memoria. Hay de todo: desde un reportaje ficticio a su admirado Julio Olivera (padre del estructuralismo latinoamericano) a economía del comportamiento (cuando nadie, ni los medios de Estados Unidos, estaban enterados de este fenómeno emergente), pasando por finanzas, política comercial o discusiones sobre “shock vs. gradualismo” que no perdieron nada de actualidad y que muestran cómo los debates domésticos se parecen a una ruedita de hámster.

El economista Edmundo Szterenlicht destaca algunas perlas de los escritos de Finkman compilados en Exabruptos:
• Cita a Sylvia Ostry sobre la promoción de sectores estratégicos: “Muchos gobiernos pueden equivocarse al elegir los ganadores correctos; en cambio, los perdedores pueden ser muy hábiles en elegir gobiernos”.
• Cita a Vasili Kliuchevski: “La historia no enseña nada, pero castiga cuando no se aprenden sus lecciones”.
• Y una del propio Finkman: “La fiscalización descentralizada de los precios o las leyes antitrust no tienen antecedentes ni en teoría ni en la práctica antiinflacionaria. Los acuerdos, en la propia experiencia argentina, duran poco. La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno macroeconómico”.
A Szterenlicht se le ocurrió preguntarle a ChatGPT por el economista homenajeado y resulta que la IA generativa destaca a la par sus aportes en Economía y en periodismo, “con su enfoque crítico y su estilo provocador”. Para Levy Yeyati, los textos de Finkman no fueron tantos en relación con su enorme “influencia subliminal”: era una persona de consulta permanente de decenas de periodistas que aprovechaban (aprovechábamos) su curiosidad extrema y su poder de detección de nuevos temas.
“Con el heterónimo Miguel Olivera (elegido en honor a dos economistas que admiraba) encontró la libertad de la imparcialidad para comentar y difundir el trabajo de otros, admirados o no, y para inaugurar la blogósfera económica argentina con el sitio Exabruptos, nombre con el que se convirtió en un referente respetado a ambos lados de la grieta en Twitter”, comentó en la UBA Levy Yeyati, que compartió con Finkman y Karina Galperín el programa de radio “Tasas Chinas” y que organizó el evento de homenaje junto al economista Sebastián Katz, compañero del exjefe de research del HSBC en el Cedes.
“Con esta segunda personalidad fue construyendo un personaje inusual en la profesión: el del polemista informado y objetivo, el estudiante crónico, el economista intelectual en el mejor sentido del término –sigue Levy Yeyati–. Usó el humor, la pregunta retórica y la ironía, pero no para la agresión, sino para mover al otro al mismo plano de permanente interrogación en el que él había decidido ubicarse”.
Como esos expertos en fútbol que van a ver partidos de las divisiones inferiores y comentan “seguilo a tal que pinta para crack”, Finkman hacía lo mismo con economistas a los que señalaba años –o décadas– antes de que saltaran a la fama. Sucedió con Richard Thaler, de Chicago, por ejemplo, el economista del comportamiento que ganó el Nobel en 2017. Muchos de sus académicos favoritos estaban fuera del mainstream: Schelling, McCloskey, Taylor o Días Alejandro.
Tuvo una relación de amistad y respeto con Paul Krugman, en el momento en el que este intelectual era prácticamente una estrella de rock por su popularidad. De hecho, muchos colegas comentaban que Finkman era lo más parecido a un “Krugman argentino”, por alguna afinidad de pensamiento, por su versatilidad, inteligencia y también por la potencia de su voz.
En sus últimos años de producción intelectual, Finkman eligió este espacio de Álter Eco para escribir cada dos o tres meses. Dos semanas antes de fallecer, muy joven, propuso comentar un nuevo libro de Alan Krueger, Rockonomics, sobre la industria discográfica, en una reseña que nunca llegó a completar. Exabruptos tuvo una edición limitada que se repartió en varias bibliotecas. En la de Económicas de la UBA también se pueden consultar los 2000 libros de una formidable colección (la mayoría en inglés) que su esposa Valeria Melamed y sus hijas Malena, Mía y Matilda decidieron donar tras su despedida.
Para Fanelli, uno de los dramas de la macro argentina es que pronto va a encararse un proceso de reformas y muy pocos economistas leyeron la enorme cantidad de material nuevo que apareció en las últimas décadas. “La economía es una de las ciencias que más avanzaron a nivel teórico y práctico; de las ciencias sociales sin duda es la que más lo hizo, y acá ni nos enteramos de novedades que podrían ser muy útiles para lo que viene. Seguimos discutiendo en el prime time de la tele ‘dolarización sí o no’ como si fuera lo único que hay para evaluar”. Leer y pensar en lo leído, sin ataduras ideológicas, tan simple (y tan complejo) como eso.
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